Polémica por la cancelación de un ciclo de cine ruso en el Museo Sarmiento

Polémica por la cancelación de un ciclo de cine ruso en el Museo Sarmiento

No es un sainete ni es ciencia ficción. En la Argentina distópica todo es posible. Tema abierto a debate: el Museo Histórico Sarmiento programó un ciclo de cine ruso con cuatro películas, los domingos a las 14 y a las 16.30. Tras la proyección de las dos primeras, se levantó el ciclo.

La perplejidad se apoderó de los visitantes del museo cuando se informó que las funciones previstas para los domingos 18 y 25 de octubre se cancelaban. No hubo más explicaciones hasta hoy, cuando Clarín comenzó a indagar las razones.

El ciclo tenía cuatro películas: El regreso, de Andrey Zvyagintsev; El arca rusa, de Aleksandr Sokurov; Leviatán, también de Zvyagintsev, y La isla, de Pavel Lungin. Mucho más que cine: son obras de arte.

Pero, las cosas como son: la cultura es diplomacia blanda. Una cosa es que la Embajada de Rusia se aboque a ciclos culturales para dar vuelta su deteriorada imagen en el planeta, y otra, que lo haga un museo histórico nacional de nuestro país.

Sobre todo, cuando no se vincula con una exposición alusiva al país gobernado por Vladimir Putin.

Desde el Museo Sarmiento oficialmente nos dicen: “Al recibir una comunicación formal firmada por el embajador de Ucrania en la República Argentina, Yurii Klymenko, (también concurrente en Paraguay y Uruguay), y considerando el contexto internacional de público conocimiento que atraviesa la relación entre Ucrania y Rusia, la Dirección del Museo resolvió levantar las últimas dos películas del ciclo previsto”.

Preguntamos a tantas fuentes oficiales como pudimos, si podíamos ver la nota, concretamente qué pidió el embajador de Ucrania, y por qué razón se había propuesto un ciclo de cine ruso. El silencio se extendió por algunas horas, hasta que pudimos desentrañar el meollo.

Ni Cancillería ni la Secretaría de Cultura –nos referimos a las cabezas de ambos organismos– pidieron el levantamiento del ciclo. Por la ventanilla del Ministerio de Relaciones Exteriores ingresó la nota del embajador ucraniano. Fue derivada a Cultura, que la reenvió a su vez a la Dirección Nacional de Museos. En otra gambeta excepcional, la pelota terminó en el arco del Museo Sarmiento.

Allí estaba el pedido del embajador ucraniano y «háganse cargo», sería la conclusión, palabras más, palabras menos. Así, el domingo 11 concluyó en forma anticipada el ciclo de la discordia.

Del Sarmiento agregan: “La decisión respondió a un criterio de prudencia institucional, con el propósito de evitar que la actividad pudiera sumar un nuevo elemento de tensión en un contexto particularmente sensible. En ningún caso se trató de una valoración sobre la calidad artística de la propuesta”.

¿Y cómo no se dieron cuenta antes? ¿Cuando programaron cine ruso no pensaron en que cabía aplicar la prudencia institucional, como dice ahora la voz oficial del Sarmiento?

Fiel a la postura de Donald Trump, que ha tejido una alianza con Putin y fustiga sin pausa al presidente ucraniano Vlodomyr Zelensky, el presidente Javier Milei no ha vuelto a pronunciarse sobre la guerra de invasión de Rusia a Ucrania.

¿Se puede interpretar el levantamiento del ciclo ruso como una postura oficial del gobierno argentino en relación con este conflicto bélico?

El cartel del Sarmiento avisando el levantamiento del ciclo concluyó: “Nos reencontramos el domingo 1 de noviembre con un nuevo ciclo”.

La intención era proyectar cuatro películas de Luchino Visconti. Pero el ciclo se estrelló antes de empezar, por una cuestión legal: la protección de los derechos de autor.