“Obras como circuitos cerebrales”. Guillermo Kuitca presenta su serie más personal en ArtHaus

“Obras como circuitos cerebrales”. Guillermo Kuitca presenta su serie más personal en ArtHaus


En su casa taller en Buenos Aires, Guillermo Kuitca usó siempre la misma mesa redonda para apoyar sus elementos de pintura, junto a tazas de café y objetos cotidianos. Hasta que un día decidió cubrirla con el lienzo de una obra inacabada, sobre la que comenzó a garabatear su mundo. Entre notas, números de teléfono, pruebas de color y resabios de escritura automática que el gran pintor argentino llama “práctica gráfica” que todos tenemos, construyó un murmullo muy personal que marcaba el paso del tiempo. Una tela reemplazaba a la anterior y el circuito se reiniciaba. Sin proponérselo, Kuitca creó así una de sus series más imperturbables a lo largo de su carrera.

Una gran parte de estos Diarios 2020-2025 se exhiben por primera vez juntos en la Argentina en ArtHaus, en una instalación que incluye la mesa con el último diario sin desmontar. Una sala circular se construyó especialmente para alojar las 45 piezas, ordenadas cronológicamente, que capturan épocas de su vida y su labor en estos años pero construyen además una “mini retrospectiva”, según el propio Kuitca contó a Clarín, el día previo a la inauguración.

Debajo de la vivacidad de sus trazos libres se pueden identificar sus teatros, las cintas transportadoras de equipajes, sus cubismos: los motivos recurrentes de su obra. Aunque una mirada atenta también puede descubrir citas al Informalismo y las grafías de Sarah Grilo junto a personajes como Bugs Bunny y letras de Charly García.

La exposición, que marca el fin de esta serie después de tres décadas, reúne por primera vez en el país una gran parte de sus obras que habían pertenecido a la colección del cofundador de Microsoft Paul G. Allen, fallecido en 2018, y el archivo personal de Kuitca. En su totalidad o en partes, los Diarios debutaron en la Fondation Cartier de París en 2000; luego itineraron por Museo Reina Sofía de Madrid y el Malba, por Santiago de Chile y Bogotá, y estuvieron en la 52a Bienal de Venecia y en el Drawing Center de Nueva York.

“Expuse muy poco en Buenos Aires durante 30 años y ahora es mi segunda muestra en 2 años”, concede el artista, que destaca la experiencia en Malba el año pasado por el acercamiento respetuoso, cariñoso y sensible del público y los colegas. “Te volvés más disponible a los comentarios, algo a lo que siempre le escapé”.

14 diciembre 2006- 17 agosto 2007. Detalle del diario.

La muestra en la planta baja de ArtHaus, está acompañada por Estas cosas llevan tiempo, una videoinstalación especialmente comisionada a Ignacio Masllorens, reciente ganador del Premio Arthaus de Artes Visuales, quien realiza él mismo un diario muy personal. Y además, durante junio, la performer y coreógrafa Diana Szeinblum montará alrededor de Tres noches (1986), una pintura de la serie Siete últimas canciones de Kuitca, que fue adquirida por Andrés Buhar, director de ArtHaus, en la última edición de arteba. En la sala, durante el montaje, el artista dio detalles de esta serie emblemática.

-¿Cuál fue el impulso inicial de los Diarios?

-Fue en el 94. Usaba en el taller esas mesas de jardín con tablas y se me caían todas las cosas por las rendijas, hasta que me pudrí y puse un cartón y lo engrampé. Con un lápiz en la mano empecé a hacer marcas, cuentas, señales que a veces son mensajes a vos mismo, como una agenda. Algunas son ideas, otras son menos que eso. Me pareció que empezaba a quedar algo interesante e instintivamente puse una tela, un cuadro que no había podido resolver. Al tiempo lo cambié y nunca nunca me di cuenta lo que estaba haciendo. Hasta que en el 98, cuando tuve una serie de charlas con Graciela Speranza, le dije: “Me parece que estoy haciendo un diario”. Empezaron muy silenciosamente, muy calladamente y así también terminan.

-¿Qué cuadros podían cubrir la mesa?

-Los que no pude encontrarle una salida. Era darles una segunda vida, por eso son tan variados. Pero no eran un descarte, sino cuadros que necesitaban algo que y no sabía qué. No es un cuadro en el sentido que nada está colgado a la altura cuadro, todavía tienen el eco de la mesa, cuya presencia los hace más objetuales. Me gustó la idea del círculo y pensé que básicamente es un gran reloj. En mis obras, la figura de lo cíclico era más una metáfora. Lo estaba haciendo sin saber que lo estaba haciendo.

-En este sentido, ¿ves que fue evolucionando la serie?

-Para mí fue muy importante mantener el mismo tipo de práctica, de superposición, de no acercamiento formal como en una pintura. Los Diarios están marcados por el tiempo, no por el espacio. En ese sentido, siempre fue la acumulación, el tiempo que se depositaba sobre la mesa, esta idea de que en el taller siempre hay algo que flota y cuando eso decanta, lo hace sobre la mesa, ya sean ideas, imágenes, sonidos.

Una "mini retrospectiva". Los Diarios configuran los diferentes motivos en la obra de Kuitca. (ArtHaus)

En los primeros diarios veíamos la información, esto del diario como el papel para anotar. Con el tiempo, los dispositivos hacen ridículo que uno anote y son más puramente visuales, tienen palabras, quizás números, pero siempre necesito un pincel, un marcador para apoyarme en esa gráfica. Un tipo de dibujo que siempre me interesó no porque valga mucho sino porque es una práctica muy internalizada y quería dejar un testimonio de eso.

-¿Qué lugar ocupa esta serie en tu obra?

-Esto es casi una mini retrospectiva. Ves los temas de los teatros, de las cintas transportadoras, de los mapas, de los planos, del cubismo. Están entrelazando mi obra. La serie se fue haciendo muy al costado de las muestras y de los años. Y después, como en física que no existen las paralelas, se van uniendo. En un momento esta serie empezó a tomar mucho protagonismo. Lo incluía en todas las muestras y una muy linda sorpresa fue que mis pinturas empezaron a robar prácticas de los diarios, a tener como marcas más arbitrarias, tachamientos. Hoy está todo mezclado.

-¿Qué aprendiste de estos Diarios?

-Me enseñaron a pintar de modos muy diversos. A tratar mi obra de otros modos. Sí, acercamientos que no fueran tan formales. Mis cuadros van para un lado, después para el otro, pero no quiero que esos caminos tengan que ver con haber corregido lo que estaba mal. Es difícil saber lo que está mal en un cuadro, en realidad todo puede estar bien, todo puede estar mal, es otro el camino. Los diarios me enseñaron un poco a aceptar lo que iba saliendo.

-Lo que hablábamos de la circularidad y el reloj, ¿marcan los diarios una forma visual del tiempo? ¿Cómo se puede pintar el tiempo?

-La pregunta de la muestra es exactamente esa. Queda resonando como pregunta, no sé si hay una respuesta. En las artes visuales el tiempo es algo cedido al espectador. La música, el cine, el teatro de algún modo están predeterminadas temporalmente. También la literatura, aún cuando un lector puede manejar sus tiempos. Pero en las artes visuales el espectador tiene una gran libertad de darle dos segundos o media hora a una obra. Y por lo tanto las artes visuales se hacen cargo de algo tan fundamental en la humanidad como es el tiempo. Quise que el tiempo dictara el ritmo de la obra. Por eso yo digo que los diarios se terminan por una cuestión temporal y no especial.

1 julio- 16 octubre 2008.

-¿Cuándo das un diario por terminado?

-Es meramente intuitivo, pero sé que es temporal porque es un día en el que lo termino, no es que se llenó la hoja.

-¿Y por qué ahora das por terminada la serie?

-Sí, eso fue increíble. No estaba pensado pero fue pasando. La mesa siempre estuvo muy cerca del lugar donde yo trabajaba. En la pandemia mudé un par de cosas en mi taller, la mesa pasó a otra planta y dejé de pasar tiempo allí. Hoy la mesa es una de las obras que más actividad tiene encima: se acumularon como 4 años. Los diarios del 94 al 2000 están en el MUDAM, que es el Museo Arte Contemporáneo en Luxemburgo. Estos diarios quedaron en una colección. De ahí en adelante tuvieron varios dueños y cuando empezamos a pensar esta muestra me pareció que el diario había, otra vez, cerrado el círculo. Y ahora me da un poco de vértigo

-¿Traen recuerdos de diferentes momentos de tu vida?

-Sí, sí. Uno fue en mi cumpleaños de 47: estuve solo y me festejé con una triste torta dibujada, muy penoso, y una canción de Charly García, “Cuando ya me empiece a quedar solo”.

-¿Cuál fue la recepción del público las veces que se mostró antes?

-El público es invitado por los Diarios a un acercamiento muy poco formal. Tiene ecos del informalismo también y hay mucho permiso. Invita a reírse de lo que está escrito –ahí dice “Qué noche, Roberto”, “Qué noche Teté –. Han despertado cierta empatía. Y esta idea de “mi hijo puede hacer esto”. Quiero hablar de las vaguedades que todo hacemos con un lápiz o una birome. Mientras que el cuadro pasa por un conocimiento y una técnica que manejamos los artistas, esa práctica gráfica existe en todos, aunque pensamos que ya está obsoleta. Ese es un tipo de energía de la cual estos diarios se hacen eco. Todos podemos hacer un diario visual, así como mucha gente hace un diario discursivo sin ser escritor, sin que eso tenga un valor literario.

-En un análisis más complejo, se habla de tus Diarios como “mapas del terreno de la memoria”.

-Sí, fue Daniel Kehlmann. Me parece que mapean esa especie de temporalidad en la que se ve la superposición, las capas como layers de cartografía. Me gusta la idea de mapear la memoria, porque los imagino como circuitos cerebrales. Uno piensa muchas cosas al mismo tiempo y algunas las reconocemos y otras ni siquiera sabemos que las pensamos. En algún caso para mí representan mi mapa cerebral. Como si fuera un encefalograma.

-¿La reunión de las obras marca también un final?

-Para mí es importante que estas obras vuelvan a la Argentina, que se hayan unido a los otros diarios y que se hayan consolidado en una sola pieza. Porque es una obra de muchas partes, no un cuadro. Un poco como pasó con las camas, que están consolidadas en dos grandes instalaciones, una la Tate y otra en Houston, pero algunas camas se han escapado de ahí. Yo no quería que eso pasara con los diarios, que empezaran a perder el rastro.

Diarios 2000-2025, de Guillermo Kuitca, inaugura el martes 28 de abril a las 19 en ArtHaus (Bartolomé Mitre 434, CABA).