Ni Una Menos lanza un “grito de hartazgo” contra los feminicidios y el ajuste en políticas de género de Milei

Ni Una Menos lanza un “grito de hartazgo” contra los feminicidios y el ajuste en políticas de género de Milei

Los restos desmembrados del cuerpo de Agostina Vega, de 14 años, fueron hallados en un descampado. Los primeros informes indican que fue abusada sexualmente y luego ahorcada por un hombre de su entorno. En el caso de Dulce María Beatriz Candia, que tenía 17 años y fue buscada por su familia durante dos semanas, su cuerpo estaba en la cámara séptica de una construcción abandonada, a donde habría sido arrojada por un taxista de 46 años. Noelia Carolina Romero, de 30 años, alcanzó a llamar por teléfono a la policía para pedir ayuda, pero cuando los efectivos llegaron ya había sido apuñalada por su pareja.

Los tres casos, que sucedieron en Argentina en los últimos días, reflejan que la violencia de género, y los feminicidios en particular, siguen siendo un problema urgente a pesar de que las estadísticas oficiales muestren una leve disminución de casos y que el Gobierno de Javier Milei haya decidido desarticular casi por completo las políticas estatales destinadas a prevenirlos. Este miércoles, miles de mujeres de todo el país se volcaron a la calle para repetir el grito que tomó forma hace 11 años y que, desde su epicentro en Buenos Aires, se convirtió en bandera en otros países del mundo: ¡Ni una menos!

“Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”, fue la consigna con que las organizaciones feministas convocaron por la tarde a las inmediaciones del Congreso de la Nación. “Nos movilizamos cargando la tristeza y la rabia de los femicidios, lesbicidios, travesticidios y crímenes de odio más recientes y de todes les que ya no están”, dice el documento que se leyó desde el escenario, cuando la noche invernal comenzaba a cerrarse sobre la plaza porteña. “Hoy frente al Gobierno de Milei, que es negacionista de la violencia patriarcal decimos: ¡Nuestras vidas no son desechables! Las vidas de las pibas valen! Denunciamos la crueldad ejercida sobre nuestros cuerpos-territorios, contra todas las formas de sometimiento, explotación y violencia”, bramaron.

De acuerdo a los números oficiales, una mujer es asesinada en Argentina por razones de género cada 44 horas, en cifras del 2025, lo que representa una caída del 12,3% respecto al año anterior. El Registro Nacional de Femicidios de la justicia argentina contabilizó 200 víctimas de feminicidio directo ―incluidas cuatro mujeres trans― frente a las 228 registradas en 2024 y 19 personas asesinadas por integrar el entorno de una mujer a la que se buscó dañar. En el 83% de los casos existía un vínculo previo entre víctima y agresor.

Estos datos, sin embargo, fueron cuestionados por organizaciones feministas, que sostienen que las estadísticas judiciales responden a un corte metodológico específico y no reflejan una disminución real de la violencia de género. Afirman que fueron hasta 71 víctimas más solo el año pasado.

Natalia Gherardi, del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), advirtió de que una variación anual no sirve para establecer una tendencia consolidada y que el aumento de las tentativas de feminicidio obliga a analizar otros indicadores, más allá de las muertes consumadas. “La violencia no empieza con el feminicidio. Por eso, el Estado tiene que llegar antes”, señaló. La titular de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres, Mariela Labozzetta, apuntó que, aunque los homicidios disminuyen a nivel global, los feminicidios se mantienen y el número de casos reconocidos judicialmente como tales “todavía es muy bajo”.

La organización Ni Una Menos calcula que entre el 3 de junio del 2015 ―día en que el horror del crimen de Chiara Páez, de 14 años, disparó la primera marcha y la fundación del movimiento― y el 24 de mayo del 2026 se registraron al menos 3.205 casos de víctimas letales de violencia de género: 3.144 feminicidios directos y vinculados, 46 transfeminicidios y travesticidios y 15 instigaciones al suicidio.

Del cuello de Isabel Quintero cuelgan una foto y un pañuelo violeta, el símbolo de la lucha feminista. Es el retrato de su hija, Anahí Rizzo Quintana que era “muy feminista y luchadora” y que falleció hace dos años, a los 34. “¿Cómo no voy a estar con ella hoy? ¿Cómo no me va a traer?”, dice. Isabel está a metros del Congreso, rodeada de sus “amigas de toda la vida”, otras cinco mujeres que rondan los 70 años. “Siempre la lucha feminista va cambiando, en un momento la discusión fue si las mujeres tenían que trabajar o no o si (en el auge de la militancia de los 70) tenían que tomar las armas o no. Ahora hay algo especial que tiene que ver con reconocer algo que siempre ha existido pero que no se puede permitir más, que es el asesinato de mujeres a manos de hombres que buscan ejercer el poder de esa manera”, dice Mercedes.

Betty, que hace años vive en España y se encuentra en el país de visita, agrega que ellas mismas han ido cambiando y “corrigiendo sus errores”, entendiendo cómo opera en todos el patriarcado. “Aprendemos de ellas”, dice en referencia a las decenas de jóvenes que han ocupado la calle con pañuelos violetas atados al cuerpo y carteles artesanales en los que levantan sus demandas y testimonios. “Florencia Albornoz. Femicida Miguel Ángel Mazo, que la sociedad te juzgue ya que la justicia no lo hizo”, se lee en uno.

El feminicidio reciente de Agostina Vega les dio a muchas mujeres impulso para volcarse a la calle esta tarde, como a Jazmín Viondo, de 18 años, que asegura que aunque haya crecido en una generación más avanzada en las discusiones de género, no está exenta de sufrir lo que tantas mujeres sufrieron antes y sentirse, por ejemplo, insegura al caminar sola o al salir por la noche. “Ser mujer te condiciona desde que te levantás hasta que te vas a dormir”, dice. Su amiga Miranda Yapur, también de 18, señala que los discursos emitidos desde los lugares de poder, no contribuyen a mejorar el escenario entre los más jóvenes. “Los influencers están trayendo un lugar de comodidad para tener opiniones muy feas, de odio en relación con las mujeres o en general”, asegura.

Antifeminismo de Estado

Con la llegada de Javier Milei al Gobierno, los derechos de las mujeres experimentaron un gran retroceso en el país. Las políticas para prevenir y abordar la violencia tuvieron un recorte presupuestario del 89% respecto de 2023, de acuerdo con un informe de ELA, y se desarticularon políticas clave como el programa Acompañar (que pasó de asistir a 102.000 mujeres en 2023 a 0 en 2025) o la línea de atención telefónica 144 (que redujo casi 50% su dotación).

Además, con el cierre de la Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género —a la que había sido reducido previamente el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad—, el Estado argentino se quedó por primera vez en 37 años sin un organismo nacional especializado en la promoción de los derechos de las mujeres.

Todas las partidas destinadas a las mujeres corrieron una suerte parecida. Hubo, por ejemplo, recortes en las compras de métodos anticonceptivos que derivaron en una drástica caída en la cantidad de mujeres protegidas: de más de 1,2 millones en 2024 a apenas 63.000 proyectadas para 2026, lo que se estima que derivará en miles de embarazos no intencionales y abortos que podrían haberse evitado.

El patrón indica que, lejos de proponer alternativas superadoras, el Gobierno libertario optó por desfinanciar y suprimir, evitando contemplar que las iniciativas ahora vaciadas eran el resultado de una larga historia y que surgieron para dar respuesta a un problema estructural que persiste y que exige presencia estatal.

“Este Gobierno ejerce un antifeminismo de Estado que nos ataca mientras fomenta la violencia y la crueldad como único vínculo social”, resume el documento de Ni Una Menos leído en la plaza. Desde el colectivo feminista han criticado el proyecto de ley que busca aumentar las penas para las falsas denuncias, impulsado por una senadora cercana al Ejecutivo y han remarcado que se busca “silenciar a la mujeres”.

Milei ha prohibido la utilización del lenguaje inclusivo en el Estado y criticado incluso la figura legal del feminicidio, que busca eliminar alegando que pondera la vida de las mujeres por sobre la de los hombres. “Llegamos al punto de normalizar que en muchos países supuestamente civilizados si uno mata a la mujer se llama feminicidio, y eso conlleva una pena más grave que si uno mata a un hombre solo por el sexo de la víctima. Legalizando, de hecho, que la vida de una mujer vale más que la de un hombre”, dijo desde el atril del Foro de Davos, en Suiza, en enero de 2025.

El desconocimiento del tema por parte del presidente y su equipo se suma a un ensañamiento contra la agenda de de las mujeres, que está en el corazón de la “batalla cultural” que Milei prometió liderar y en la que puso a disposición todas sus herramientas.