“Nadie está preso, se siguen riendo de nosotros”

“Nadie está preso, se siguen riendo de nosotros”


“Necesito que la Justicia haga algo. Ya pasó un año desde que encontramos los restos de Diego y seguimos sufriendo al mismo calvario. A Diego lo privaron de su libertad y lo asesinaron. Todos somos la voz de Diego”, le dijo Javier Fernández Lima (51) a Clarín en una fecha muy especial, dolorosa y (este año) distinta.

Este domingo 26 de julio se cumplen 42 años del día en el que Diego Fernández Lima –por entonces de 16 años– se despidió de su mamá, le dijo que iba a lo de un amigo y salió de su casa de Villa Urquiza comiéndose una mandarina, prometiendo volver para la cena. Nunca más regresó.

Cada año sin noticias fue un puñal. Y en ese sentido este 2026 será diferente: por primera vez su madre, Pochi, y sus hermanos, Marcela y Javier, saben qué le pasó aunque todavía falta un largo camino para averiguar cómo y por qué fue asesinado.

Los restos de Diego fueron encontrados de casualidad el 20 de mayo de 2025 por obreros que estaban haciendo una medianera en una propiedad, sobre la Avenida Congreso, en Coghlan. El caso estalló porque en el lugar donde cayeron los huesos se había levantado una casona y en ella, entre 2002 y 2003, había vivido Gustavo Cerati.

La figura del líder de Soda Stereo traccionó la atención por el caso que directamente explotó en agosto de 2025 cuando, gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), se logró llegar a identificar el cuerpo como el de Diego Fernández Lima, desaparecido desde 1984. La sorpresa fue absoluta cuando además se determinó que Diego había sido compañero del secundario de Cristian Graf (59), dueño de la casa en cuyo jardín había sido enterrado.

“Tienen que llamar a declarar a todo el clan Graf. Esa familia está como si nada hubiera pasado, viviendo en la misma casa. Se siguen cagando de risa de nosotros”, se lamentó Javier, que apoya un proyecto de ley para que se cambien los plazos de la prescripción de una acusación penal. Hoy son 12 años desde cometido el hecho o 15 en los casos en los que la pena en expectativa es de prisión perpetua.

Acusado en un primer momento de “encubrimiento” (figura por la que fue sobreseído) hoy Graf es el principal investigado por el “homicidio” de Diego, a quien atacaron con al menos un arma blanca por la espalda.

Así lo determino la Sala IV de la Cámara del Crimen en noviembre de 2025 cuando le tocó intervenir en la causa.

En la casa de Graf en Coghlan se encontraron los restos de Diego, desaparecido en 1984.

Uno de sus integrantes, el juez Julio Lucini, sostuvo, por ejemplo: “Que el deceso acaeciera en 1984 verifica un vínculo entre la víctima y el encausado, en tanto resultaban ser, ni más ni menos, que compañeros de colegio; circunstancia suficientemente demostrada mediante informes y testimonios de quienes coincidieron con ambos en aquella época. Por ello, no hay posibilidad de desvincular, a esta altura, al nombrado del homicidio, ya sea como autor, cómplice o cualquier otro grado de participación”.

El fallo de Cámara reactivó la causa penal a cargo del fiscal Martín López Perrando que tiene la difícil misión de investigar algo que ocurrió hace 42 años con el fantasma de la prescripción a la vuelta de la esquina.

Tal vez la última gran novedad de la causa fue la esperanzadora aparición de un testigo, que pidió declarar bajo reserva de identidad. El hombre contó que en una comida en lo del tío de un amigo había escuchado la historia de un hombre que había enterrado en su jardín al compañero de colegio de su hijo, porque lo acosada. Luego del entusiasmo original todo quedó en la nada: ni su amigo ni la viuda del supuesto narrador original de la historia (ya fallecido) confirmaron la versión al declarar en el expediente.

Graf tras declarar en sede judicial. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Ese mismo testigo de identidad reservada sostuvo que al padre de Diego (que falleció en 1991 en un accidente de tránsito) en realidad lo asesinaron cortándole los cables de su bicicleta. Por eso, entre las últimas medidas, se ordenó rastrear el expediente de ese accidente.

El caso

“Hay que investigar todo: a la familia Graf, de arriba a abajo. Hay que estudiar distintas hipótesis, distintas autorías, porque hay una responsabilidad del Estado argentino en brindarle a la familia Fernández Lima un servicio de Justicia en los términos de las convenciones internacionales en materia de Derechos Humanos”, le dijo a Clarín Hugo Wortman Jofré, abogado querellante en representación de Javier Fernández Lima.

Ese planteo quedó claro en noviembre pasado cuando por primera vez –desde que los restos de Diego fueron encontrados en una casa de Coghlan- los Graf, dueños y habitantes de esa propiedad desde 1974, comenzarán a ser investigados por el crimen, ocurrido hace 41 años.

Esa fue la postura de los tres jueces de la Sala IV de la Cámara del Crimen que anularon el llamado a indagatoria de Cristian Graf por el delito de “encubrimiento agravado”. Esto hizo caer su sobreseimiento y también abrió el juego.

Los jueces Ignacio Rodríguez Varela, Hernán López y Julio Lucini dijeron que era absurdo investigar el encubrimiento de un homicidio que no se sabe cómo se produjo ni quién o quienes fueron el autores. Primero hay que averiguar eso y luego ver si se dicta o no la prescripción, siempre para una persona concreta, nunca en abstracto.

El fallo fue un cachetazo para Graf quien venía atravesando su imputación con demasiada comodidad, amparándose en que Diego desapareció –y seguramente fue asesinado– el 26 de julio de 1984, hace cuatro décadas, un plazo que necesariamente pone en juego el planteo de la prescripción.

La Cámara le dio nuevo aire al expediente, que sigue abierto y en el que en 2026 fueron llamados a declarar tres amigos de Graf que iban con él a lo scouts y su ex mujer, madre de sus tres hijos mayores.

Los camaristas destacaron que hay que buscar la verdad porque “la renuncia consciente a la verdad es incompatible con el servicio de Justicia”.

“Lo que sigue es hacer toda la investigación que sugirió la Cámara en el sentido de no abandonar para nada las circunstancias de la muerte. Está absolutamente probado que estas fueron violentas y, a partir de ahí, determinar autorías, participaciones y otros delitos conexos o independientes que se pueden haber consumado a lo largo de estos 41 años”, completó Wortman Jofré al conocerse el fallo.

El panorama no pinta tan relajado, de ahora en más, para Cristian Graf y su familia. Basta leer los votos de los jueces de la Sala IV. Aquí algunos párrafos clave:

-Juez Ignacio Rodríguez Varela. “No se han de atender, pues se exhiben irrelevantes, los argumentos de la Defensa acerca de la eventualidad de que en realidad hubiera sido sepultado en el terreno lindero pues se trata por el momento de una mera conjetura que refuta la prueba en general y, con especial atinencia, la labor de los peritos”.

-Juez Hernán López. “Más allá de las conductas positivas y omisivas que se le endilgaron a Graf, no pueden desconocerse las circunstancias fácticas en que se dio el hallazgo de los restos óseos, dado que residía en esa vivienda desde el momento en que su ex compañero de colegio Fernández Lima desapareció y continuó haciéndolo hasta que se encontraron”.

“En definitiva, independientemente de que las maniobras que se le atribuyeron en la indagatoria se circunscribieron a lo ocurrido el 20 de mayo pasado tras el descubrimiento de los restos óseos en su jardín, lo cierto es que el particular contexto al que la fiscalía hizo alusión, impide que pueda avanzarse en esa senda. Es que no puede encubrirse un delito del que, al menos, es poco probable que Graf sea ajeno, ya sea en torno a su acusación, participación o así fuera por haberlo presenciado y/o encubierto a su autor” .