“Lo mío siempre fue divertirme haciendo cine”, contaba Adolfo Aristarain, uno de los más destacados directores argentinos, poco antes de recibir la Medalla de Oro de la Academia de cine española en 2024. Fue su última aparición pública. Aristarain murió este domingo, a los 82 años, según confirmaron a EL PAÍS fuentes de su entorno.
“El cine es un oficio despiadadamente traidor para quien lo ejerce”, dijo al recibir la medalla. “Aunque uno intente esconder lo que uno es, tarde o temprano el director desnuda su alma sin quererlo en primer plano. El cine que uno hace es lo que uno es”, agregó.
El director de clásicos como Tiempo de revancha (1981), filmada en plena dictadura militar argentina, Un lugar en el mundo (1992) y Martín (Hache) (1997) fue un puente cultural entre Argentina y España, que consideraba su país de formación, donde vivió entre 1967 y 1974 y con el que mantuvo un gran vínculo el resto de su vida.
La Academia de cine española lo describió este domingo como parte de una “generación que vivió el cine”. “Se enamoraron de mujeres fantásticas, se sintieron héroes, pudieron mentir y asesinar sin castigo… El cine es parte de su vida, es real, no es ficción”, dijo la institución al despedirlo en un comunicado.
Aristarain contó historias vitalistas y sensibles con actores como Federico Luppi, Cecilia Roth, José Sacristán, Mercedes Sampietro, Eusebio Poncela, Juan Diego Botto y Aitana Sánchez-Gijón, por citar algunos por los que sintió adoración.
Nacido en Buenos Aires el 19 de octubre de 1943, Aristarain fue un cinéfilo voraz desde su infancia. Devoto de John Ford y de Alfred Hitchcock y autodidacta, tuvo un primer acercamiento al séptimo arte como montador, sonidista y ayudante de producción. Hacía lo que hiciera falta con tal de ver cómo se hacían las películas.
El trabajo de ayudante de dirección lo comenzó en Buenos Aires y pronto lo continuó en Madrid. Estuvo a las órdenes de Mario Camus en Digan lo que digan, estrenada en 1968, y a partir de ahí, animado por el auge de la industria del spaghetti western, se trasladó a Almería. Asistió también a Vicente Aranda, Sergio Leone, Lewis Gilbert, Gordon Flemyng y Sergio Renán.
Regresó a su ciudad natal en 1974 y debutó como director cuatro años después con La parte del león. Fue la primera de una larga lista filmografía en la que combinó el suspenso y la trama policial con una mirada crítica sobre la realidad y que lo convirtió en uno de los grandes nombres del cine argentino.
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