La crisis política que estalló en el Estado mexicano de Sinaloa ha comenzado a mover las placas tectónicas dentro de Morena. Los señalamientos de autoridades de Estados Unidos en contra del gobernador (con licencia) Rubén Rocha Moya y nueve funcionarios y exfuncionarios de su entorno, presuntamente vinculados con el Cartel de Sinaloa, han encendido alarmas en el partido gobernante y provocado un viraje silencioso, pero profundo, en la estrategia política del oficialismo. La instrucción ya no es cerrar filas con nadie, sino plantarse en la defensa de la soberanía como discurso retórico para sortear la polémica que ha golpeado la credibilidad del partido gobernante y su discurso moral de no mentir, no robar y no traicionar, heredado de Andrés Manuel López Obrador.








