Mitos y verdades del preservativo y la vasectomía

Mitos y verdades del preservativo y la vasectomía

Cuando hablamos de anticoncepción, todavía persiste una asociación casi automática: quien “se cuida” es la mujer. Y, con frecuencia, decir anticonceptivos equivale a pensar exclusivamente en pastillas.

Sin embargo, evitar un embarazo es una responsabilidad que involucra a quienes participan de una relación sexual. La anticoncepción no debería pensarse como una obligación femenina, sino como una decisión compartida.

Existen numerosos métodos anticonceptivos. Entre los hormonales se encuentran los anticonceptivos orales, inyectables, parches, anillos vaginales e implantes subdérmicos. También existen métodos intrauterinos, como el dispositivo intrauterino (DIU) y los sistemas intrauterinos liberadores de hormonas (SIU); métodos de barrera, entre ellos los preservativos externos e internos y los campos de látex; y métodos quirúrgicos, como la ligadura tubaria y la vasectomía.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Pero cuando preguntamos a una mujer: “¿Con qué te cuidás para no quedar embarazada?”, todavía es frecuente escuchar: “Con nada, se cuida él”.

Durante décadas, la mayor parte de la carga biológica, farmacológica y social de la anticoncepción recayó sobre las mujeres”

La frase es reveladora. Ese “se cuida él” generalmente significa que utilizan preservativo. Pero, en realidad, se cuidan ambos. El preservativo es un método que forma parte de una decisión sexual compartida y que, además de contribuir a prevenir embarazos, constituye una herramienta fundamental para reducir el riesgo de infecciones de transmisión sexual.

Anticoncepción masculina

Las alternativas anticonceptivas disponibles actualmente para los varones son considerablemente menos numerosas que para las mujeres. Las dos principales son el preservativo y la vasectomía.

El preservativo es, sin duda, el método masculino más conocido. Sin embargo, alrededor de su utilización continúan circulando mitos y excusas: “me queda chico”, “pierdo sensibilidad”, “soy alérgico”, “ella es la que puede contagiarme”, o la decisión de reemplazarlo por el coito interrumpido —el conocido “terminar afuera”—.

El Colegio de Médicos alertó por “el aumento significativo de enfermedades de transmisión sexual”

Es importante aclararlo: el coito interrumpido no constituye un método anticonceptivo confiable y tampoco protege frente a las infecciones de transmisión sexual.

La vasectomía, en cambio, continúa siendo mucho menos conocida y utilizada de lo que podría esperarse. Aunque cada vez más varones la eligen, persisten desinformación, temores y mitos, incluso en ámbitos en los que debería hablarse de ella con mayor naturalidad.

Qué es y no es una vasectomía

La vasectomía es un método anticonceptivo quirúrgico destinado a quienes han decidido no tener hijos o no tener más hijos. Consiste en interrumpir los conductos deferentes, que son los encargados de transportar los espermatozoides desde los testículos.

Los testículos continúan funcionando normalmente después del procedimiento. Se mantiene la producción hormonal y también la producción de espermatozoides, aunque estos ya no pueden incorporarse al semen eyaculado.

La vasectomía no disminuye el deseo sexual, no produce impotencia, no impide la erección y no modifica el placer sexual ni el orgasmo.

Tampoco significa que el hombre deje de eyacular: la mayor parte del volumen del semen procede de otras glándulas del aparato reproductor y prácticamente no cambia después de la intervención.

La vasectomía no disminuye el deseo sexual, no produce impotencia, no impide la erección y no modifica el placer sexual ni el orgasmo”

Este punto resulta particularmente importante porque uno de los mitos más persistentes es que la vasectomía podría comprometer la “virilidad” o el desempeño sexual masculino. No es así.

Debe considerarse un método anticonceptivo permanente. Existen técnicas quirúrgicas para intentar revertirla, pero la reversión es más compleja, costosa y no garantiza la recuperación de la fertilidad. Por ese motivo, la decisión debe tomarse con información adecuada y con la convicción de que se desea una anticoncepción definitiva.

Un derecho reconocido por la ley argentina

En nuestro país, el acceso a la anticoncepción quirúrgica está reconocido por la Ley Nacional N.º 26.130, sancionada en 2006. La norma contempla tanto la ligadura tubaria como la vasectomía.

El varón que decide realizarse una vasectomía debe efectuar previamente una consulta médica.

Allí recibirá información sobre el procedimiento, sus características, beneficios y posibles complicaciones, y el profesional solicitará los estudios que considere necesarios.

La intervención habitualmente es ambulatoria y de corta duración. Puede realizarse mediante la técnica convencional o mediante la denominada vasectomía sin bisturí, una técnica mínimamente invasiva.

En este último procedimiento se realiza una pequeña apertura en la piel del escroto, a través de la cual se localizan los conductos deferentes para interrumpirlos mediante la técnica que corresponda. Al tratarse de una incisión muy pequeña, frecuentemente no requiere puntos y la recuperación suele ser rápida.

Pero existe una información fundamental que todo paciente debe conocer: la vasectomía no produce esterilidad anticonceptiva inmediata.

Después de la cirugía pueden permanecer espermatozoides durante cierto tiempo en el tracto reproductivo. Por eso debe mantenerse otro método anticonceptivo hasta realizar los controles de semen indicados por el profesional y confirmar la ausencia de espermatozoides o los parámetros establecidos para considerar efectivo el procedimiento.

Anticonceptivos masculinos no quirúrgicos

La investigación intenta desde hace años ampliar las alternativas disponibles para los varones.

Se estudian diferentes estrategias hormonales y no hormonales destinadas a disminuir temporalmente la producción o función de los espermatozoides. Entre ellas se han investigado geles, inyectables y otros sistemas farmacológicos, además de aproximaciones experimentales más recientes.

El objetivo es conseguir un anticonceptivo masculino que reúna características difíciles de combinar: elevada eficacia, reversibilidad, pocos efectos adversos y facilidad de utilización.

Sin embargo, gran parte de estas alternativas continúa en investigación y todavía no integra el conjunto de métodos anticonceptivos masculinos de uso habitual.

Muchos métodos altamente eficaces para evitar un embarazo no protegen frente a las infecciones de transmisión sexual”

Y ese desequilibrio también merece una reflexión: durante décadas, la mayor parte de la carga biológica, farmacológica y social de la anticoncepción recayó sobre las mujeres.

De “ella se cuida” a “nos cuidamos”

Tal vez éste sea el cambio cultural más importante que todavía tenemos pendiente.

La anticoncepción no debería ser considerada exclusivamente una cuestión femenina. Tampoco debería plantearse como una competencia acerca de quién asume la responsabilidad.

Una pareja puede elegir diferentes estrategias según su edad, estado de salud, proyecto reproductivo y características de su vida sexual. Puede utilizar anticoncepción hormonal o intrauterina, preservativos, anticoncepción quirúrgica o combinaciones de métodos cuando corresponda.

El punto central es otro: la decisión debe ser informada, consensuada y compartida.

Además, embarazo e infecciones de transmisión sexual son dos problemas diferentes. Muchos métodos altamente eficaces para evitar un embarazo no protegen frente a las infecciones de transmisión sexual. El preservativo conserva por ello un lugar particular dentro de la prevención.

Hombres y mujeres deberían poder conversar sobre anticoncepción sin prejuicios y consultar a ginecólogos, urólogos, médicos clínicos u otros profesionales capacitados para elegir el método más apropiado en cada circunstancia.

Durante demasiado tiempo, cuando se habló de anticoncepción, la pregunta implícita fue: “¿Cómo se cuida ella?”

Quizás haya llegado el momento de cambiarla por una pregunta mucho más justa y, también, más saludable: ¿Cómo nos cuidamos?