El canciller alemán, Friedrich Merz, ha utilizado este miércoles palabras durísimas, inusuales en la política alemana. El líder democristiano ha acusado en el Bundestag (Cámara Baja) al partido de extrema derecha AfD de querer llevar a cabo una limpieza étnica: “La palabra remigración que ustedes utilizan no es otra cosa que un sinónimo de limpieza étnica, a partir del origen y el color de la piel”.
La palabra remigración es uno de los mantras de AfD con el que sintetizan su objetivo de expulsar del país a cientos de miles de extranjeros para recuperar “la identidad alemana”. La copresidenta del partido, Alice Weidel, ha puesto sobre la mesa una cifra en el pleno parlamentario: más de un millón de refugiados que residen en Alemania deben ser deportados de inmediato porque, en su opinión, no se integran. “La migración masiva ha permitido el odio al cristianismo y a los alemanes”, ha dicho.
AfD tiene en la mirilla a la población musulmana y al cerca de millón de refugiados ucranios que habitan en Alemania tras la invasión rusa de su país iniciada en 2022. Ambos son los principales grupos extranjeros que la formación radical esgrime en sus programas electorales como una amenaza para los valores alemanes.
AfD considera que Rusia debe ser un aliado prioritario de Alemania y que debe detener de inmediato su apoyo económico y militar a Ucrania, según ha reiterado este miércoles el copresidente del partido, Tino Chrupalla. El gas ruso debe volver a Alemania y todas las sanciones contra Moscú levantadas, insistió Chrupalla, porque lo está pagando el bolsillo de los alemanes.
“Son una fuerza destructiva, quieren desestabilizar nuestro país y la prueba es este comportamiento hoy aquí”, ha asegurado Merz. El canciller ya reaccionó el lunes duramente ante la contundente victoria electoral de AfD en el Estado de Sajonia-Anhalt, donde ha rozado la mayoría absoluta de escaños y tiene serias opciones de gobernar. “Estamos todos profundamente consternados. Este resultado electoral tendrá consecuencias”.reconoció Merz.
Alemania es un país en el que hasta la irrupción de AfD en 2013 el juego sucio en política era inusual. La formación radical pone en duda las reglas básicas de conducta en cada escenario, por ejemplo, en el pleno de este miércoles. La bancada derechista en la Cámara Baja ha vociferado y dedicado burlas constantes durante la intervención del canciller, Friedrich Merz. El resto de los partidos, incluso los más críticos con el Gobierno, se han solidarizado con él: “Hemos visto hoy aquí de nuevo cómo de peligroso es este partido, no solo con su actitud sino con su discurso”, ha dicho la diputada de Los Verdes Katharine Dröge.
Merz se encuentra en el momento más débil de su mandato, iniciado en 2025. Su partido, la CDU, perdió más de la mitad de los votos en Sajonia-Anhalt y da por hecho que no podrá revalidar el Gobierno. AfD está a tan solo tres diputados de la mayoría absoluta y la izquierda nacionalista de BSW ya ha confirmado que darán apoyo a la investidura de su candidato, Ulrich Siegmund.
La CDU también perderá con probabilidad el Gobierno en Berlín, que celebra comicios el 20 de septiembre. Los democristianos se hunden en las encuestas y cada vez más voces externas e internas en el partido piden que Merz renuncie como canciller. Weidel ha aprovechado para hacer sangre con la crisis en la CDU y en el Gobierno federal de coalición con el SPD. “Su coalición está acabada, están llevando a Alemania a la bancarrota a una velocidad récord”, ha dicho la líder extremista, “la administración pública y la industria del asilo son los únicos sectores que aún pueden crecer.” AfD, en su estrategia de difamación, reitera que Alemania es el primer país de la UE en acoger a refugiados y solicitantes de asilo porque aporta beneficios económicos a la izquierda.








