Matías Duville y su primera obra en ingresar a la colección de Bellas Artes

Matías Duville y su primera obra en ingresar a la colección de Bellas Artes

En el año en que representó a la Argentina en la Bienal Internacional de Arte de Venecia, Matías Duville ingresa a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, el lugar donde todo comenzó. Pink Ashes, 2024, una carbonilla y pastel sobre papel en el que unas cenizas deslumbran por su color intenso en un paisaje desolado como los que acostumbra a desplegar en grandes dimensiones, se exhibe en el stand de la galería Barro de arteba.

“Como le pasa a mucha gente, la primera gran colección que vi en mi vida fue en el Bellas Artes”, cuenta Duville en diálogo con Clarín. El registro imponente apareció delante de sus ojos hace muchos años, “cuando ni siquiera soñaba con dedicarme a esto, así que es un día muy emocionante”, concede.

“Sumamos al acervo una obra de Matías Duville, una de las voces más singulares del arte argentino contemporáneo”, señaló Julio César Crivelli, presidente de Amigos del Bellas Artes. La obra fue adquirida en la galería Barro con fondos de donantes particulares en el marco del Programa de Adquisiciones de Museos arteba 2026 y fondos provenientes del programa Bellas Artes Nuevas Adquisiciones.

El despliegue de su obra en la Sala d’Armi del Arsenale veneciano, una instalación que cubrió el suelo con un manto de sal y carbón, en medio de una instancia inmersiva con gran protagonismo de la iluminación y la música, tuvo gran influencia en esta decisión. “Si bien ya se conocía mi trabajo, la experiencia de Venecia afirma mi lugar en esta escena de una manera muy contundente, te posiciona en un lugar a nivel comunicación”, cuenta el artista.

Ya en sus primeros dibujos, Duville había desarrollado su lógica, pero al verla desplegarse en gran formato en las instalaciones, videos, etc., algo se confirma. “En ese sentido, la Bienal sí te abre muchos muchos canales y obviamente que este es uno muy importante”.

Adquirida por la Fundación Ama Amoedo, la instalación se exhibe hasta el 22 de noviembre en la Bienal, y se espera con ansias que próximamente el público argentino pueda vivir la experiencia.

-A esta altura de la Bienal, ¿cómo te sentiste en Venecia? ¿Cómo fue la experiencia como artista, proyectándote para lo próximo que hagas?

-Recién estaba hablando justo de esa experiencia con la gente del Bellas Artes, y les decía algo que sentí en el momento cuando inauguramos, que para mí fue un reset. Cuando uno cree que está en una meseta y encontró un lugar en una escena, incluso un lugar cómodo en el que lográs lo que por mucho tiempo luchaste… Pero esto superó las expectativas y, de alguna manera, me dio esa especie de reset en el estado de ánimo para abordar nuevos proyectos. Para no quedarme encasillado en lo que venía haciendo y ya sé hacer.

-Venecia fue un espacio de gran visibilidad global.

-Eso es muy importante, y lo fue también por la repercusión muy internacional y de muchos medios que llegaron, se abrieron e hicieron que sea uno de los 10 pabellones más visitados de la Bienal. Y eso define cómo te parás de acá al futuro.