Explota Alejandro Davidovich y expulsa toda la tensión, mientras que Frances Tiafoe, derrotado en un buen thriller, martillea con la raqueta contra el cemento una y otra vez. En tres ocasiones lo ha tenido el estadounidense en la mano —un 0-40 para él con el 3-3 del parcial definitivo, otra bola de rotura con 4-4 y una última de partido en el desempate— y todas ellas se le han escapado, de modo que el español será quien dispute el martes los octavos de final del Masters 1000 de Shanghái. Resopla uno y maldice el otro después de un choque eléctrico y explosivo, de poder a poder y decantado (7-6(4), 4-6 y 7-6(6), en 2h 47m) con temple por el malagueño, quien parece haber encontrado en los hermanos Clavet el bálsamo que imperiosamente necesitaba.
Por instantes parecía que se torcía, pero ese par de gritos eran sencillamente liberatorios. De la primavera aquí, la regularidad emocional de Davidovich ha evolucionado y de ahí los éxitos —trofeos en Mallorca y Chengdú, los dos primeros de su carrera— y triunfos tan meritorios como este ante Tiafoe (10º), el primero que firma contra un top-10 esta temporada. El episodio deparó varias situaciones que en otros tiempos hubieran derivado en la rabieta, pero esta vez fue diferente. El español (26º) se contuvo y se sostuvo, así que sigue en pie y se enfrentará al polaco Hubert Hurkacz (34º), al que precisamente batió hace dos semanas en el desenlace de Chengdú. Es decir, buenos augurios, reforzados por un 5-2 global en los precedentes.
Resistió él en una jornada accidentada, en la que Alexander Bublik se cortó por dar un mamporro a una nevera y en la que Alexander Zverev, próximo número uno, también sufrió para avanzar (6-4, 6-7(8) y 6-3 contra Quentin Halys). El alemán acabó dolorido de un tobillo, mientras Davidovich tuvo que solicitar una pausa para que le atendieran por la incomodidad; antes de saltar a la pista se untó la zona lumbar de pomada para combatir las molestias musculares y la piel, muy enrojecida, reaccionó. La limpieza y el hielo atenuaron el escozor, y el andaluz e sobrepuso a los latigazos curvos de Tiafoe. Próximamente, el capitán David Ferrer anunciará el equipo que viajará a las Finales de la Copa Davis en Bolonia y él, ausente en 2025, mantiene la candidatura.
“Yo siempre estoy, otra cosa es que me llamen…”, decía hace poco. El tenis español aguarda a lo que pueda hacer estos días, como también confía en las bazas de Carlos Alcaraz —citado este lunes con Zizou Bergs, no antes de las 12.00; Movistar+— y Rafa Jódar —con Jiri Lehecka, hacia las 8.30 en el mismo canal—. Sin duda, no será sencillo. Al ya de por sí elevado nivel que exige cualquier Masters 1000, se añaden en Shanghái la inclinación histórica de un terreno en el que ningún representante nacional ha logrado nunca triunfar.
De hecho, el torneo chino es el único mil de la actualidad en el que no hay huella alguna. En los otros ocho consta al menos un campeón español. Rafael Nadal tuvo opción de serlo dos veces, pero en una —precisamente el año de la fundación, 2009— chocó con el ruso Nikolai Davydenko y en otra (2017) con la versión más perfecta (la de ese revés infernal) del suizo Roger Federer. Entre medias también pudieron conseguirlo David Ferrer y Roberto Bautista, pero ambos —el primero en 2011 y el segundo en 2016— se toparon con la jerarquía del escocés Andy Murray.
Salto de velocidad
“Este año la pista es más rápida y me gusta”, concedía el sábado Alcaraz, quien tan solo ha podido competir en Shanghái en dos ocasiones porque la cita se suspendió entre 2020 y 2022 por la pandemia, y el curso pasado sufrió unos problemas físicos que le impidieron hacerlo. Las dos ediciones en las que intervino su participación fue corta. En 2023 cayó contra el búlgaro Grigor Dimitrov y posteriormente ante el checo Tomas Machac. Por ahora, el murciano no ha podido cogerle el pulso a un contexto que este año se adecúa más al ritmo de crucero que intenta imponer de manera constante en los peloteos.

Según precisa el índice que mide la velocidad de la superficie (Court Pace Index), en 2026 se ha producido un aumento muy significativo: diez puntos, de 32 (“muy lenta”) a 42 (“muy rápida”). Las protestas de los jugadores han propiciado la modificación y de un año a otro se juega de extremo a extremo. En cualquier caso, el pico máximo fue el de 2016, con 44 puntos.
No hay quejas esta vez con la pista, pero parece que las pelotas no terminan de convencer a Davidovich, vencedor finalmente en un duelo que transcurrió a toda pastilla, entre dos tenistas de brazo poderoso. “¡No entiendo esta bola!”, gritó. “¡De repente se queda y de repente se va!”, lamentaba el malagueño, que estuvo varias veces con el agua al cuello y a base de fe y resistir, venció. Había perdido en sus tres enfrentamientos contra rivales clasificados entre los diez mejores, dos de ellos este año. Como la pista de Shanghái, en su caso algo parece estar también cambiando.
ANDREEVA SUBE AL PODIO MUNDIAL
A. C.
Al margen del paréntesis por la pandemia, el palmarés del torneo subraya la alternancia de la última década, en la que se coronaron siete campeones diferentes. El último de ellos, contra todo pronóstico, fue el monegasco Valentin Vacherot, quien triunfó siendo el 204º del mundo.
Previamente lo consiguió Sinner y ahora aspira a lograrlo también Zverev, que suma 60 victorias esta temporada —el que más, por delante del italiano y Tiafoe, ambos con 44— y podría convertirse a corto plazo en nuevo líder del circuito.
Según las cuentas de la ATP, lo haría en dos casos: si triunfa en Shanghái y alcanza después las semifinales en Viena, o bien si llega a la final esta semana y a continuación gana el título en Austria. En un caso u otro, relevaría a Sinner.
Por otra parte, la china Qinwen Zhen conquistó el trofeo de Pekín al imponerse a la joven Mirra Andreeva por 7-4 y 6-4. La asiática ha ganado 14 de los últimos partidos y escala del puesto 54 al 23; su rival, pese a la decepción de la derrota, también tiene un motivo de alegría.
La rusa, de 19 años y dirigida por Conchita Martínez desde abril de 2024, se convierte en la tercera mejor jugadora de la WTA al superar en la lista a las estadounidenses Jessica Pegula y Coco Gauff, ahora cuarta y quinta de manera respectiva.








