A Xiomara González le amputaron las cuatro extremidades de un día para otro, a los 33 años. Médica de profesión y originaria de El Salvador, deportista, coqueta y alegre, estaba en uno de sus mejores momentos vitales cuando todo empezó con un fuerte dolor en la pierna derecha. Al principio no le dio importancia, pero pronto llegaron también la fatiga, el sueño profundo y la intensificación del dolor. En el hospital pusieron nombre a aquel malestar: síndrome antifosfolípido catastrófico, una enfermedad autoinmune poco frecuente que en pocas horas comprometió gravemente sus extremidades.










