El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el primer jefe de Estado en intervenir este martes ante la Asamblea General de la ONU, se ha erigido en el primer portavoz de los que defienden casi todo lo que los EE UU de Donald Trump y otras potencias atacan de manera sistemática. Lula ha puesto en valor la arquitectura creada tras la Segunda Guerra Mundial para resolver conflictos y evitar guerras. El brasileño ha criticado los ataques a la ONU, su falta de credibilidad y eficacia, y ha demandado un regreso al multilateralismo ante un Consejo de Seguridad que mantiene “al resto del mundo rehén”.
“Desde que subí a este estrado por primera vez, en 2003, este es el momento más crítico para las Naciones Unidas. El sentimiento que me impulsa hoy es de indignación”, ha admitido ante sus homólogos de todo el mundo con la perspectiva que le da la veteranía.
Pegado a la actualidad, el brasileño ha criticado el “genocidio practicado por el Gobierno de Netanyahu en Gaza”. Y más cerca de casa, ha rechazado las injerencias de Estados Unidos al sur del Río Bravo en un momento en que Brasil está a las puertas de unas elecciones cruciales y cunde el temor de que Washington se inmiscuya de nuevo en asuntos ajenos. “Brasil no se mete en el patio trasero de nadie, necesitamos socios con una agenda positiva, las diferencias ideológicas no deberían impedir la integración entre los vecinos”, ha dicho tras enfatizar que “el pueblo venezolano merece poder definir su propio destino”.
Lula viajó a la ONU a dos semanas de las elecciones generales brasileñas en las que busca la reelección, con su país sometido a una guerra arancelaria por Estados Unidos y con la amenaza de que Washington imponga nuevas sanciones, que podrían influir en la campaña y los resultados. Los servicios secretos, la ABIN, han elevado al “nivel crítico” el riesgo de interferencia estadounidense en los comicios del 4 de octubre.
El mandatario brasileño y Trump, al que Lula no ha mencionado en su discurso, se cruzaron en los pasillos de la ONU hace un año, lo que les dio la oportunidad de conocerse en persona. Aquel saludo allanó el camino para reencauzar una de las peores crisis en la relación bilateral, desatada por las presiones para que Bolsonaro padre no fuera juzgado, y que ambos mandatarios construyeran una relación personal que se ha plasmado en dos reuniones oficiales, la última en mayo en la Casa Blanca.
Pero eso no ha impedido que EE UU exhibiera su poder con una segunda tanda de aranceles contra Brasil.
Lula ha sido el primer jefe de Estado en discursar ante la asamblea general a cuenta de la tradicional, instaurada en 1955, de que Brasil, un país de los más poblados y no alineado a ninguno de los bloques en la Guerra Fría, abre la sesión anual. Para esta décima intervención ante la ONU, Lula ha elegido su corbata de la suerte, con los colores de su patria. Su esposa, Janja da Silva, le ha acompañado a la ONU vestida de nuevo con una chaqueta confeccionada con el bordado tradicional palestino.








