Luján Sáez, la heredera de una marca icónica que busca abrirse su propio camino en la moda

Luján Sáez, la heredera de una marca icónica que busca abrirse su propio camino en la moda


Luján Sáez creció respirando la mística de Ona Sáez, una de las firmas más icónicas del país que marcó a toda una generación a comienzos del nuevo milenio. Ningún fanatico de la moda puede olvidar a Naomi Campbell caminando por las escalinatas de la Facultad de Derecho de Buenos Aires con un minivestido de la marca o sus campañas en las que participaron grandes figuras.

Sin embargo, lejos de escudarse en el peso de su apellido o de quedarse en su sombra, eligió canalizar su propia creatividad a través de LS, una propuesta con identidad urbana e impronta nocturna.

“No sé si lo viví como una necesidad de desmarcarse, sino como algo que cayó de maduro. Nací atravesada por la moda, el arte y la publicidad. Mi papá dedicó su vida a la industria y mi mamá, Eleonora Margiotta, fue productora de moda y sigue siendo una gran inspiración para mí. Ona Sáez es una marca muy masiva, con una identidad y un legado enorme, y yo sentía que tenía un lenguaje propio que necesitaba otro espacio para desarrollarse. Así nació LS, como una manera de construir mi propio camino y expresarme con libertad, siempre tomando referencias y guiños de todo lo que me formó”, explica sobre el nacimiento del proyecto.

Heredar una tradición implica seleccionar qué pilares sostendrán la propia estructura y qué fórmulas responden a un tiempo que ya no existe. La experiencia en su entorno familiar se transformó en la base de su ética de trabajo, pero la ejecución demandaba una lectura más actual.

“Creo que heredé principalmente la pasión por hacer. Crecí viendo una forma muy intensa de vivir la moda, donde había muchísimo trabajo detrás de cada colección y donde siempre existió una búsqueda por generar identidad, no solamente producto. También heredé una valoración enorme por la industria nacional y por toda la gente que hace posible que una prenda exista. Y más que algo que haya decidido ‘soltar’, creo que entendí que no tenía que replicar fórmulas que funcionaron para otra generación. El contexto cambió, la manera de consumir moda cambió y mi generación también se comunica de otra forma. Mi desafío es poder quedarme con esos valores y traducirlos a mi propio lenguaje.”

La joven diseñadora junto a su padre Santiago Sáez y su hermano Jerónimo.

Llevar un apellido histórico en el circuito del diseño local funciona como un arma de doble filo, por un lado abre puertas y brinda un aprendizaje acelerado; por el otro, multiplica las miradas e incrementa las exigencias.

“Mi apellido me dio la posibilidad de crecer rodeada de muchísima experiencia, pero también genera una expectativa muy grande. Y a eso se suma mi propia expectativa sobre LS. Soy muy autoexigente y probablemente la primera presión venga de mí misma. Entiendo y respeto la expectativa del público y de los medios, y justamente por eso también elegimos llevar la marca a una pasarela como BAFWEEK. Queremos demostrar lo que somos capaces de hacer, sorprender y presentar algo disruptivo, moderno y distinto. Para mí, el apellido puede generar una expectativa inicial, pero después es el trabajo el que tiene que estar a la altura”, analiza.

Al sintetizar la propuesta de su firma, la diseñadora resume su manifiesto en tres palabras claras: identidad, libertad y expresión. “Para mí las tres se conectan. LS nace mucho de la idea de vestirte para sentirte más vos, no para parecerte a alguien más”, señala.

“Le habla a una persona que utiliza la ropa como una herramienta de expresión. No pienso tanto en una edad determinada, sino en una actitud. Me interesa vestir a alguien que quiere entrar a un lugar y sentirse seguro, distinto, un poco protagonista. Hay algo de LS muy relacionado con la noche y con esos momentos en los que uno busca su máxima expresión, salir, bailar, encontrarse con amigos, ir a un recital. Creo que habitamos ese deseo de tener una pieza especial, que no necesariamente sea perfecta ni igual a todas las demás, sino que tenga una historia y una identidad propia.”

Heredera del legado de Ona Sáez, hoy está al frente de su propia marca homónima.

Este estilo surge del choque directo con el ecosistema creativo e independiente de la capital. “Buenos Aires me inspira muchísimo porque es una ciudad donde conviven universos completamente distintos. Hay algo muy crudo, nocturno y espontáneo en su escena creativa que siento muy cercana. También me interesa mucho mirar qué está pasando en la música, en el arte, en los clubes, en la calle y en las nuevas generaciones de artistas. LS tiene muchas musas y referentes con las que trabajamos directamente, entonces existe un diálogo bastante orgánico con esa escena. No me interesa observarla desde afuera para convertirla en una tendencia, sino formar parte de ella”, sostiene Luján.

Llegar a BAFWEEK marca un hito profesional y familiar. “La colección se llama N.1 porque representa un comienzo. Es la primera vez que la presento en pasarela y, al mismo tiempo, marca el regreso del apellido Sáez a BAFWEEK después de más de una década desde la última presentación de Ona Sáez. Por eso tiene una carga muy especial. La colección habla de quién soy, de dónde vengo y hacia dónde quiero ir. Hay referencias a mi historia familiar, a la fe, al deporte, a la música y a la industria nacional. Es un encuentro entre ese legado que recibí y mi propia mirada, llevado al lenguaje de una nueva generación”, revela.

El paso representa una exposición a gran escala que busca conectar desde la emoción y la sorpresa. “En lo personal es muy emocionante porque BAFWEEK siempre fue un objetivo para mí. Crecí viendo este mundo desde muy cerca y hoy estar del otro lado, presentando una colección con mi propio nombre, tiene una carga emocional enorme. Profesionalmente también implica exponer LS en otra escala. Deja de ser solamente lo que venimos construyendo puertas adentro y pasa a enfrentarse a una pasarela, a la prensa, al público y a la industria. Me genera nervios, obviamente, pero principalmente muchísimo entusiasmo”, confiesa.

Allegra Cubero desfiló en el debut de Luján Saez en Bafweek.

“No quiero adelantar demasiado porque me interesa que exista sorpresa, pero la idea es que no sea simplemente una sucesión de looks. Estamos trabajando el desfile como una experiencia donde la ropa, la música, las personas y la puesta dialoguen entre sí. Van a aparecer distintas musas de LS en pasarela y también va a haber música en vivo. Quiero que tenga intensidad y emoción, y que durante esos minutos el público pueda entrar completamente en el universo de la marca. Si alguien sale entendiendo un poco más quién soy y qué es LS, para mí ya funcionó.”

El punto de partida del diseño surge de un criterio de uso propio mezclado con el intercambio colectivo. “Muchas veces arranca en algo bastante simple, ¿me lo pondría? Tengo la suerte de ser bastante parecida a mi propia consumidora y eso me permite probar muchísimo desde mi experiencia. También pienso mucho en a quién quiero vestir y en qué situación imagino esa prenda. Me inspiran mis amigas, las artistas y la música. Trabajo bastante testeando productos con ellas y viendo cómo una misma pieza cambia dependiendo de quién la usa. Después aparece la materialidad y empieza todo el proceso de intervención, prueba y error”, cuenta sobre cómo crea cada prenda.

En cuanto a la paleta de materiales y morfologías, el textil emblemático de la marca vuelve a ser protagonista en combinación con otros de mayor contraste. “El denim obviamente tiene un protagonismo enorme porque es la materialidad desde la que nació LS. Aparecen también cuero, encaje, foil, brillos y distintas superposiciones. En cuanto a morfologías, seguimos trabajando mucho con pantalones amplios y siluetas exageradas, pero aparecen otras formas que permiten construir looks más completos. Hay una tensión que me interesa mucho entre lo gastado y lo glamoroso, lo masculino y lo femenino, lo deportivo y lo nocturno. Esa mezcla atraviesa bastante toda la colección.”

Con una impronta nocturna, su firma LS apuesta por el denim y la estética urbana.

Frente a la velocidad del mercado actual, la firma opta por reforzar la intervención artesanal y la singularidad de las piezas. “Desde el comienzo hay un componente artesanal muy fuerte. Muchas de nuestras piezas pasan por procesos manuales de pintura, desgaste, aplicación, bordado o intervención, y eso hace que no existan dos exactamente iguales. Intentamos trabajar mucho desde el valor de la pieza y no desde la idea de que todo sea descartable o inmediatamente reemplazable. Para mí también hay algo consciente en recuperar el vínculo con la prenda, entender quién la hizo, cuánto trabajo tuvo y por qué tiene determinadas diferencias. No pretendemos tener resueltas todas las discusiones que atraviesan hoy a la industria, pero sí construir una marca cada vez más responsable desde nuestra escala y nuestra manera de producir”, reflexiona.

A su vez, analiza la vitalidad del diseño de autor en el país y el enfoque interdisciplinario que distingue a su camada. “Creo que hay una generación con muchísimas ganas de hacer y, sobre todo, con menos miedo a mezclar disciplinas. Hoy una marca no necesariamente se construye solamente desde la ropa, puede dialogar con música, arte, fotografía, performance, contenido y comunidades. También tenemos una capacidad de comunicación mucho más directa. Podemos mostrar un proceso mientras está sucediendo, escuchar inmediatamente a quien está del otro lado y construir comunidad alrededor de una idea. Creo que nuestra generación tiene menos respeto por ciertas estructuras tradicionales, en el buen sentido, y eso permite experimentar muchísimo.”

Para su desfile en Bafweek, Luján Sáez tradujo su legado familiar en un lenguaje propio.

Tras el hito de la primera pasarela, la proyección apunta al crecimiento orgánico dentro y fuera de la Argentina. “Primero quiero disfrutar ese aplauso, porque hace meses que estamos trabajando para llegar ahí. Pero para mí BAFWEEK no representa una llegada, sino el comienzo de una etapa mucho más grande. Quiero consolidar LS en Argentina, ampliar el universo de producto y seguir profesionalizando la marca sin perder esa parte artesanal y espontánea con la que nació. Y a futuro, obviamente, me encantaría que LS pueda empezar a cruzar fronteras. Mi sueño es construir una marca argentina que pueda dialogar con el mundo manteniendo muy claro de dónde viene”, concluye poniendo el foco en el futuro de una firma que promete marcar el ritmo de la nueva escena local.