Los países con derecho a veto muestran su insatisfacción con los siete candidatos a liderar la ONU | Internacional

Los países con derecho a veto muestran su insatisfacción con los siete candidatos a liderar la ONU | Internacional

El riesgo de bloqueo sobrevuela la ONU. El largo camino para elegir al próximo (o próxima) secretario general ha entrado este viernes en su fase más caliente. Lo hace además con una votación celebrada en el Consejo de Seguridad que ha mostrado la falta de entusiasmo por la lista oficial de candidatos que existe entre los cinco miembros permanentes del organismo, los que realmente tienen el poder para decir quién sustituirá a António Guterres a partir del 1 de enero de 2027. La menos mal parada en esta consulta informal ha sido la costarricense Rebeca Grynspan, victoriosa también en las anteriores rondas.

Ninguno de los siete candidatos se ha librado del voto negativo de al menos dos de las cinco grandes potencias. Este es el escenario ideal para que a partir de ahora aparezcan nuevos nombres que intenten seducir a Estados Unidos, China, Reino Unido, Francia y Rusia. Empiezan a circular ya algunos, como el de la emiratí Lana Nusseibeh o el turco Feridun Sinirlioglu, pero por ahora son solo especulaciones. Encontrar a alguien que convenza de forma simultánea a todos ellos tampoco parece nada fácil. Todo apunta a que el sudoku para encontrar líder de la ONU se va a alargar.

Esta votación informal, la sexta celebrada, era importante porque era la primera que se hacía con el llamado sistema “de color”. Hasta ahora, los 15 miembros del Consejo de Seguridad (5 permanentes y 10 rotatorios) habían mostrado sus preferencias en condiciones de igualdad. Pero este viernes ha comenzado la fase en la que se diferencian los países que realmente van a decidir el nombre del próximo jefe de la ONU.

Estados Unidos, China, Reino Unido, Francia y Rusia han usado una tarjeta roja para mostrar sus votos, mientras que los otros 10 miembros lo han hecho con una tarjeta blanca. Tanto en un caso como en otro, los votos eran anónimos. Y la conclusión es que los cinco grandes no se ponen de acuerdo: cada uno encuentra alguna pega a alguno de los siete candidatos.

Grynspan ha recibido nueve apoyos (tres de los miembros permanentes del Consejo) y dos vetos de los cinco grandes, conocidos como P-5 en la nomenclatura imposible de la ONU. Le siguen, muy igualados, la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y el argentino Rafael Grossi, cada uno con ocho apoyos y dos vetos de las grandes potencias. Los otros cuatro candidatos se alejan, ya con escasísimas posibilidades de seguir compitiendo.

El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, ha mostrado su disposición a que se presenten más candidatos ―“los países tienen derecho a hacerlo”, ha dicho― y ha sugerido que su país no se siente obligado a respetar cuotas regionales ni de género. “Tenemos que hacerlo bien. En eso nos estamos centrando, sin guiarnos necesariamente por plazos u otras limitaciones”, ha explicado.

Se refería Waltz tanto a la regla informal de rotación geográfica, según la cual ahora sería el turno de América Latina, como a la idea que ha circulado de que Naciones Unidas tenga a una mujer como secretaria general por primera vez en sus más de 80 años de historia: “Si fuera una mujer, lo veríamos con buenos ojos. Pero siempre hemos dicho que necesitamos a la mejor persona para el puesto”, ha dicho Waltz.

El estadounidense ha sugerido que las reformas impulsadas desde Washington están siendo positivas, pero que hacen falta más. “Esta institución ha intentado serlo todo para todos. La hemos sometido a una dieta y todos hemos salido ganando con esa dieta, para lograr que vuelva a centrarse en la paz y la seguridad”, ha asegurado a los periodistas que le esperaban tras la votación en los pasillos de la sede de Naciones Unidas, en Nueva York.

Esta carrera plagada de incertidumbres solo tiene algo seguro: que el mandato de Guterres termina el próximo 31 de diciembre y que al día siguiente debería haber un nuevo secretario general. Hasta entonces, todo puede pasar. No hay un plazo para la presentación de nuevas candidaturas. Ni un calendario de votaciones para desbloquear las posiciones.

Puestos a buscar precedentes, la candidatura de Guterres salió adelante en octubre, un plazo razonable para tener al menos dos meses de plazo para organizar la sucesión. Pero en la ONU ya hay quien recuerda el caso de Kofi Annan, que se impuso solo 18 días antes de asumir el cargo. E incluso hay diplomáticos que no descartan la posibilidad de llegar al 1 de enero sin nombramiento, algo que nunca ha ocurrido y abriría una crisis institucional en Naciones Unidas de consecuencias imposibles de prever. Waltz, por su parte, ha dicho este viernes que ese es un escenario que nadie desea.