Keir Starmer, sus ministros y el Partido Laborista en pleno llevan semanas enzarzados en una guerra civil apenas soterrada en la que vuelan los puñales y los reproches. Pero este lunes ha llegado un nuevo agravante, aún más insoportable: la vergüenza propia y ajena. Ya dijo con acierto el histórico Josep Tarradellas, quien fuera presidente de la Generalitat de Catalunya, que en política se puede hacer todo menos el ridículo. Los nuevos documentos sobre el exministro y exembajador en Washington, Peter Mandelson, hechos públicos por el Gobierno, muestran el nivel de adulación de algunos miembros del equipo de Starmer hacia una figura ya entonces tan controvertida, cuyas relaciones con Jeffrey Epstein eran públicas; el descarado nivel con que Mandelson opinaba e interfería en la estrategia política de Downing Street, y el nivel de mofa que tanto él como sus interlocutores expresaban respecto a Starmer o a algunos de sus ministros.
Los nuevos documentos sobre Mandelson, caído por el ‘caso Epstein’, revelan comentarios despectivos hacia Starmer








