los antecedentes del árbitro Ostojich y las esquirlas del Superclásico

los antecedentes del árbitro Ostojich y las esquirlas del Superclásico

La discusión explota en las redes sociales, tribuna virtual, mesa de café 2.0. Y todo gira, en mayor o menor medida, en torno al color de la camiseta. Los hinchas de Boca están indignados tras la derrota en Brasil. Sienten un despojo por la expulsión de Adam Bareiro, que luego pidió disculpas. Esteban Ostojich, el mismo que había dirigido aquel partido con Atlético Mineiro que terminó en escándalo y una revuelta en la antesala del vestuario hace cinco años, amonestó por segunda vez al paraguayo, que en su afán por proteger la pelota, golpeó con su mano a Christian. El brasileño cayó desplomado y la sanción fue polémica. Sin embargo, mucho más inadmisible fue la primera amarilla por una inexistente infracción sobre Gerson.

El uruguayo recién amonestó a Bareiro a los 40 minutos del primer tiempo después de tres faltas del delantero. En ningún artículo del Reglamento se indica que hay que aplicar una amarilla por acumulación de infracciones, claro. Lo de Ostojich fue indulgencia hasta que decidió recurrir al manual. ¿Por qué no mostró la tarjeta cuando correspondía? ¿Qué es ese vicio de los árbitros, que hacen la vista gorda, amparados en el “espíritu” de las normas? Tampoco informó nada sobre las corridas en el final.

Acostumbrado al roce, a fajarse con los rivales, el atacante guaraní pagó con una roja que sacudió las fibras xeneizes. ¿En qué Universo cabrá aquella resonante frase de Nicolás Russo, presidente de Lanús, que preferiría jugar con el Santos de Pelé y no con Boca por la urgencia azul y oro de ganar la Libertadores?

El propio Bareiro ya había sufrido al uruguayo el 20 de abril de 2023, cuando representaba a San Lorenzo. El paraguayo recibió un pisotón de Emanuel Britez en el talón izquierdo. El corte fue tan profundo que requirió de 6 puntos de sutura. No hubo consecuencias para el lateral argentino de Fortaleza en el Nuevo Gasómetro. Los brasileños ganaron 2 a 0 en ocasión de la fase de grupos de la Sudamericana.

Después de la expulsión de este martes, Ostojich pasó a ser el enemigo número uno. También Mariano Closs, que coincidió con el criterio del referí charrúa. Y cualquier otro mortal que haya avalado la temprana ducha de Bareiro. Nada dicen de Leandro Paredes, que ya estaba amonestado y cometió una falta que bien podría haber sido segunda amarilla para el capitán campeón del mundo. Ahora, ¿con qué cara pueden discutir el grosero error del juez nacido en San José de Mayo teniendo en cuenta las reacciones del Superclásico?

Para casi ningún fanático de Boca hubo penal de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta. Al menos, públicamente. Es más, ni siquiera se plantearon la controversia del VAR. Quizá Darío Herrera no lo haya visto en la cancha, pero Héctor Paletta debió convocarlo a revisar la jugada. ¿O acaso no contaba con el caudal de imágenes suficiente para evaluar el empujón?

El hermano de Gabriel -ex jugador de Boca- declaró que no observó “sufiente fuerza” de parte del lateral para destabilizar al zaguero central. Lo hizo con total seguridad, a pesar de que para tener certezas necesitaría un dinamómetro. El Reglamento tampoco indica que haya que tener en cuenta la “intensidad” de un golpe.

Los hinchas de River, que anoche celebraban la decisión del uruguayo con la espina del River-Boca del 19 de abril, tampoco aceptaron que abrieron el partido contra Aldosivi gracias a una infracción de Ian Subiabre sobre Rodrigo González. Los más serios hablaron de “compensación” por la jugada del final del Superclásico. Fueron los menos, por supuesto.

En los torneos internacionales, los árbitros suelen ser localistas. Sobran los ejemplos que ratifican el concepto. De hecho, Wilmar Roldán no cobró un claro pisotón de Blanco -sí, el mismo del Superclásico- sobre Byron Castillo que debió haber sido penal a favor de Barcelona de Guayaquil en la Bombonera.

Y hay otro escenario que los jugadores de Boca -y de todos los equipos- también deberán entender: aunque el fútbol tiene las mismas reglas en todo el mundo, una cosa es el ámbito doméstico, donde sobran chats que comprueban que los arbitrajes se manipulan, y otro el internacional. Por eso Paredes fue amonestado por un empujón a Matheus Pereira con Cruzeiro y ni siquiera recibió una reprimenda por una idéntica acción contra Alexis Cuello frente a San Lorenzo.

Lo mismo podría decirse de Barracas Central, que no tuvo ayudin en su duelo ante Audax Italiano. El VAR llamó a Andrés Rojas para que observe una clara infracción de Juan Espínola sobre Marcelo Ortiz y el colombiano cobró el penal para los chilenos.

Sin distinción de colores, los hinchas también son responsables detrás del escudo de la pasión. No quieren justicia deportiva. Si benefician a su equipo, intentan justificarlo. Si en cambio lo perjudican, le desean a los árbitros las diez plagas de Egipto. Y así es muy difícil cambiar el sistema porque la raíz está podrida.