Lo que le importa a Bullrich

Lo que le importa a Bullrich

“No me tomen por tonta”. Patricia Bullrich lo volvió a hacer. Aprovecha algún desaire o desacuerdo para marcar sus diferencias con el Gobierno, del que se sigue sintiendo parte. Como la reacción es recurrente, vale la pena detenerse en una doble pregunta: ¿Qué busca Bullrich? ¿Qué hará Javier Milei con su aliada principal y de mejor imagen?

Esos interrogantes, a tres meses y medio del inicio del año en que estará en juego la reelección presidencial, van adquiriendo una dimensión cada vez más densa. Sobre todo por cierta incomodidad de una parte considerable del círculo rojo ante los desbordes de Milei, las restricciones de la economía y el peronismo como única alternativa.

No es casual que la senadora oficialista hasta se haya hecho eco en público de esas observaciones, más en modo apoyo que crítica. En mayo, tras una reunión de Gabinete en la que se cruzaron fuerte, Bullrich hizo referencia a la “emocionalidad importante” del mandatario. Mientras que la semana pasada volvió a quejarse de la escasa velocidad de la reactivación económica.

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Antes también fue la única en el oficialismo en plantear que Manuel Adorni debía presentar de manera urgente su declaración jurada, para aclarar sus inconsistencias patrimoniales, frente al respaldo de la hermandad presidencial y al mutismo on the record del universo mileísta. El exjefe de Gabinete aún evita dilucidar el crecimiento de su nivel de vida ante la justicia.

Las quejas de Bullrich adquieren un patrón bastante marcado. Y se centra en la comunicación. Primero hace trascender un dardo en forma de infidencia. Luego sale potente por radio y TV a marcar la cancha.

Retomó ese método esta semana, a propósito de que el Gobierno envió su proyecto de presupuesto 2027 con nuevos recortes en Discapacidad, que no habían sido acordados en la mesa política oficial de la que participa la jefa del bloque libertario en el Senado.

En su renovado derrotero mediático, que continuará, Bullrich entregó el textual inicial de esta columna y varios más que sirven para propagar el mensaje. Una hábil constructora de zócalos televisivos.

Siempre de manera reservada, desde el Gobierno se transmitió molestia por el tenor de los dardos, sobre todo porque puso en el blanco al Ministerio de Economía, de donde sale el plan presupuestario.

En lo que puede ser interpretado como una estrategia fríamente calculada, Bullrich respondió a esas veladas réplicas oficialistas con un cuidado video desde sus cuentas oficiales: mientras trabaja en su despacho pone de fondo la canción “No me importa”, de Lali Espósito, una artista vapuleada por el Presidente y el mundo violeta.

La reacción oficial fue rápida. En lo menos importante, Milei le transmitió a una periodista de espectáculos que a él también le gustaban algunos temas de Lali. En lo clave, desde el Gobierno se hizo filtrar la voluntad de rever en comisión los nuevos recortes en Discapacidad. Bullrich lo hizo.

Está probada la astucia comunicacional de la senadora tanto como su capacidad para mantenerse en el candelero, más allá de las mutaciones partidarias, en busca de sus objetivos políticos. La diferenciación siempre fue uno de sus caballitos de batalla favoritos.

Mantiene esa estrategia, ahora dentro del espacio libertario, donde es observada con una mezcla equivalente de respeto y desconfianza. Que no sea propia y que proyecte sobrevivir al mileísmo son pecados capitales para la hermanísima Karina, sólo tolerados por las necesidades electorales. El balotaje del 23 o la senaduría porteña del 25 son botones de muestra.

¿Y 2027? Sectores del Gobierno azuzan la posibilidad de que Bullrich acompañe a Milei en la fórmula para intentar reelegir. Son casi los mismos que la impulsan como candidata a Jefa de Gobierno en CABA, para competir contra Jorge Macri, aunque en la Ciudad mantienen su apuesta por un acuerdo con LLA que soslaye la confrontación. “Con Patricia está todo bien”, aseguran en la sede de la calle Uspallata.

Ella prefiere ir por la Presidencia. Resulta una obviedad decirlo. Pero, tiempista como es, juega con la oportunidad. Gente que está a su alrededor transmite que en la proyección inmediata se prescinde de romper y competirle a Milei el año próximo. En tanto y en cuanto sea competitivo ante el peronismo. “Dividir el voto del cambio sería suicida y dejaría servido en bandeja un regreso al pasado”, explica un asesor.

Tampoco parecen tentarla los cantos de sirena violetas por las presuntas candidaturas al Gobierno de la Ciudad o a la Vicepresidencia de la Nación. Bullrich barrunta que en realidad buscan distraerla -o desgastarla- de sus aspiraciones presidenciales. Igual, por las dudas, rehúsa cualquier negativa a esas posibles postulaciones. Va viendo.

“Soy socia, no empleada”, repite en la intimidad para describir su vínculo político con los Milei, que suelen mirarla de reojo. Karina en especial.

Acaso por esa tensión estructural es que la senadora, a su pesar, ha quedado relegada de las negociaciones que el Gobierno entabla con gobernadores aliados y el PRO para futuros pactos electorales. Eduardo ‘Lule’ Menem y Diego Santilli fueron los elegidos por la hermanísima para esos menesteres. Y otros.

Habrá que ver si, a medida que se aproxime el calendario electoral, Bullrich multiplicará sus discrepancias para que la tengan más en cuenta a la hora del armado de listas. Cree que lo merece, como la primera dadora de sangre PRO al proyecto libertario.

Sin embargo, asume los límites de esa expectativa, al considerar la generosidad selectiva de la hermandad presidencial. También la de ciertos interlocutores del círculo rojo, tentados a patrocinar el lanzamiento de algún outsider.

“Nadie te regala nada, los espacios se conquistan, se ganan”, piensa Bullrich. Lo aplicó durante toda su extensa y cambiante carrera. A esta altura, difícil que cambie.