Lily Allen celebra el aniversario de ‘West End Girl’ lanzando una línea de juguetes sexuales: corazones, melocotones, succionadores y un tapón anal de lunares | Gente

Lily Allen celebra el aniversario de ‘West End Girl’ lanzando una línea de juguetes sexuales: corazones, melocotones, succionadores y un tapón anal de lunares | Gente


Si abrirse en canal en su disco más personal hasta la fecha no fue suficiente para conocer a Lily Allen (Londres, 41 años), la cantante ha decidido celebrar el primer aniversario de West End Girl —lanzado el 24 de octubre de 2025— con una colección de juguetes sexuales que siguen hablando de quién es. El álbum, un diario cantado de su último matrimonio en el que Allen exorciza todas las traiciones e infidelidades de quien fue su marido durante cuatro años, el actor David Harbour (Stranger Things, DTF St. Louis), fue una extensión del sufrimiento durante esa etapa de la cantante, quien ahora ha querido darle una vuelta a la historia y centrarse en el placer que ha sacado de la experiencia. Su nueva línea de juguetes, que ha sacado en colaboración con la marca Lovehoney —la marca de juguetes sexuales más grande del mundo, con quien ya había trabajado anteriormente— incluye seis artículos destinados al placer y el amor propio: un corazón, un melocotón, una varita mágica, un Womanizer (un succionador de clítoris), un calendario de Adviento y el que es, sin duda, el más reconocible de todos, y el origen del resto de la colección: un tapón anal de lunares.

En la letra de Pussy Palace, uno de los temas del álbum en el que Allen se muestra más explícita sobre las relaciones sexuales que Harbour mantuvo en secreto, la británica canta: “He encontrado una caja de zapatos llena de cartas escritas a mano / De mujeres con el corazón roto que deseaban que hubieras sido mejor / Las sábanas arrancadas de la cama, tiradas por todo el suelo / Pelo largo y negro, probablemente de la noche anterior / Una bolsa de Duane Reade con las asas atadas / Juguetes sexuales, plugs anales y lubricante dentro…”. Esta letra, una de las muchas del disco que las asistentes a la gira de conciertos de West End Girl en Reino Unido (ahora continúa en Nueva Zelanda y Australia) han cantado junto a la artista, sintiéndose plenamente identificadas, fue el germen de una inteligente campaña de marketing. Los tapones anales a los que hace referencia se convirtieron en merchandising de la gira, comercializándose a juego con la chaqueta acolchada que Allen lleva en la portada del álbum y agotándose al instante, no sin cierta decepción por parte de algunos compradores, que al recibirlos descubrieron que en realidad no eran juguetes sexuales como los de ahora, sino memorias USB: “Obviamente, el USB no estaba pensado para ser… usado”, ha contado la artista en su conversación con The Times, en la que ha relatado además algunos de los episodios de su relación con el placer sexual.

“Crecí sintiendo que era un instrumento para el placer masculino”, ha contado al periódico británico. Y ha añadido: “Nunca consideré mis propias necesidades. Mi prioridad siempre ha sido asegurarme de no ser rechazada ni abandonada. Priorizo ​​el disfrute de mi pareja porque lo primero que protejo es mi seguridad. Quizás sea polémico decirlo… Si le dices a algunos hombres que no te satisfacen, es aterrador pensar cuál podría ser su reacción. Es comprensible que evitemos ese conflicto a toda costa. No creo ser la única. Creo que muchas de nosotras, al tener relaciones sexuales, nos aseguramos de que él esté bien, porque de lo contrario te quedarás sola y serás una solterona”.

El idilio de la cantante con los juguetes sexuales comenzó en 2014, durante la gira de su disco Sheezus por Estados Unidos. Entonces Allen tenía 29 años y seguía casada con su primer marido y padre de sus dos hijos, Sam Cooper, de quien se separó en 2016, cuatro años antes de casarse con Harbour. Hasta aquel momento nunca se había masturbado, a pesar de su gran éxito Not Fair (2009), en el que ya relataba una relación sexualmente poco satisfactoria. Cansada de esta situación, empezó a visitar tiendas eróticas, donde descubrió las bondades de Womanizer, el famoso succionador de clítoris, sobre el que la cantante ha confesado ahora: “Me abrió un nuevo camino al que no había accedido antes”. Fue también el inicio de su primera colaboración con Lovehoney. Los juguetes que lanza ahora son, según la marca británica, los “favoritos de Lily”, y se promocionan junto con una investigación de la empresa que muestra que el 40% de las mujeres todavía se sienten avergonzadas por la autoestimulación.

El disco de Allen, reproducido más de 275 millones de veces y nominado en los últimos premios Brit a álbum británico del año, artista del año y artista pop del año, fue el regreso triunfal de la estrella del pop tras siete años sin lanzar música en solitario, además de una terapia para avanzar tras su separación: “El éxito del álbum y la gira me ha dado una sensación de autonomía y realización. Siento que estoy aquí: una madre soltera que mantiene a dos adolescentes por su cuenta. Ya no necesito que me cuiden, ha dicho a The Times. Sobre su actual relación con el escritor y artista Jonah Freud, de 29 años y miembro de la familia Freud, Allen se ha limitado a declarar en la entrevista: “No estoy en posición de hacer comentarios”.