Le abrieron el auto con un inhibidor, se llevaron las llaves de su casa y le robaron una guitarra Fender Telecaster: cómo la recuperó

Le abrieron el auto con un inhibidor, se llevaron las llaves de su casa y le robaron una guitarra Fender Telecaster: cómo la recuperó


Era un viernes de encuentro con amigos en un bar de Palermo. Noche de anécdotas, risas y cerveza. Pasada la medianoche, el regreso al hogar sorprendía con una amarga experiencia. “Fui a buscar el auto para pegar la vuelta, apreté el botón de la llave para abrir el cierre centralizado y no funcionó. Estaba abierto y adentro había señales de movimiento, espejos movidos, parasoles bajos y no estaba la llave de mi casa que había dejado en el apoya vasos. Estaba inquieto, pero estando en Palermo, no había opción que fueran a mi casa en San Isidro, en la otra punta”.

Emprendió el regreso en su Volkswagen Up más indignado por la intrusión a su coche, que preocupado por “una posible visita a su casa”. Haría una escala en casa de su madre a buscar un juego de llaves. Pensaba mientras manejaba que no tenía en el auto ninguna evidencia que pudiera descubrir la dirección de su casa, porque no había dejado ningún papel del seguro ni ninguna otra documentación. “Cuando llegué, no lo podía creer… Estaba la puerta de calle del Ph entornada y el interior dado vuelta. El living era un despelote y mi cuarto era un quilombo, con el colchón en el piso. Se ve que buscaban guita, algo que no tengo”.

Lorenzo Cauhapé (26) vive solo, es músico y compositor, y lo que más sufrió del robo en su propiedad fue su computadora de trabajo, que tenía grabaciones y su nuevo disco casi terminado, y lo más valioso a nivel sentimental: una guitarra Fender Telecaster blanca que le había regalado su madre cuando tenía doce años.

“Aparecieron un montón de sensaciones, no entendía nada. Primero lo del auto y después mi casa. No podía creer que hayan hecho inteligencia conmigo, que no tengo casi nada de valor monetario. Me daba terror la posibilidad de sentirme vigilado. Respiré hondo y llamé a la Policía, que vino al toque y luego fui a la comisaría a realizar la denuncia formal”.

Era la madrugada del 21 de junio cuando Lorenzo empezó a ordenar su casa y los pensamientos. Estaba hecha la denuncia, pero no se podía quedar con los brazos cruzados. “Me había robado dos guitarras, un bajo y la computadora. Lo único que podría recuperar, suponía, era la Fender Telecaster porque yo le había hecho unas modificaciones particulares, como las perillas del volumen y del tono dadas vueltas. Si no sos músico, no te darías cuenta”.

A partir del domingo 22 de junio se propuso la misión rescate. ¿De qué manera? “Yo estaba convencido que a la guitarra la iban a vender y publicar en internet. Estaba por publicar fotos de la viola y denunciar el robo de manera virtual, pero tuve un instante de lucidez y pensé que si lo hacía avivaría a todo el mundo. Pedí a mi entorno que no publicara nada por temor a que se viralizara y como si fuera un cazador solitario entraba cada mañana y cada noche a ver en Marketplace qué guitarras aparecían a la venta.

Pasaban los días y nada. Buscaba de acuerdo a los filtros y entre las quince y veinte que le aparecían, ninguna era aquel valioso e inolvidable regalo de mamá. Como en el día de la marmota, Lorenzo repetía la escena y el monitor le devolvía las mismas guitarras. Pasaron las semanas, hasta que estando en el cumpleaños de su papá, en Chapadmalal, y sin dejar de lado su espíritu de cazador, el 20 de julio encontró una imagen difusa que le hacía ruido. “La foto no era clara, pero sí era parecida y decía: ‘vendo gratis’. Algo raro y que en esta jerga quiere decir ‘estoy apurado’. Y después había otro texto: ‘Permuto por otra guitarra’. Me contacté”.

–”Hola, ¿cómo estás? Me interesaría, pero ¿tenés más fotos?”. Le mandaron un par más y “ahí eran nítidas y no cabía ninguna duda”. Cruzaron un par de mensajes por el chat de Facebook, arreglaron un monto el alrededor de un millón y medio de pesos y un par de horas después llegó la pregunta. “No estoy en Buenos Aires, ¿me bancás hasta el lunes?”. La respuesta se demoró pero llegó: “Ya se vendió”.

A partir de la venta, Lorenzo, el cazador y su entorno empezaron a publicar en redes y repostear la imagen de la Fender Telecaster, y se armó una bola viral que llegó al comprador de la guitarra. Era un revendedor que pagó 400 mil pesos más una guitarra Gibson Les Paul. “A los pocos días este tipo la publicó, también en Marketplace, pero con detalles de cómo es el instrumento y la puso a 1.500 dólares. Le dije que estaba muy interesado y me dijo ‘dale, porque me están volviendo loco’. Previamente, Lorenzo se había encargado a cada uno de los que repostearon la imagen, de pedirles por favor que no escribieran que se trataba de una guitarra robada”.

Quedaron en un encuentro para el lunes 27 de julio, en una estación de servicio de Banfield, cerca de la casa del vendedor. “Yo para ese entonces, me escribía por Whatsapp y actuaba un personaje, le contaba un poco de la guitarra, que ya tenía la guita, no quería que se me escapara, porque si se la vendía a otro, no la iba a encontrar más. Con el flaco quedé a las tres de la tarde, pero a la mañana de ese día volví a la comisaría donde había hecho la denuncia. Se acordaban del caso y les expliqué lo que había organizado para la tarde”. Así acordaron hacer un operativo conjunto del que participaron la Secretaría de Seguridad de San Isidro, la Policía bonaerense y la Justicia.

Lorenzo pasó con su auto por la comisaría 4° de Las Barrancas de San Isidro a las dos de la tarde y un patrullero con dos oficiales lo siguieron. “Yo empecé a imaginar todo tipo de cosas, con canciones de James Bond de fondo. Estaba nervioso pero confiado en que recuperaría la guitarra… Me juré que apenas el flaco me la diera, me aferraría a ella y no la iba a largar. También pensaba cómo sería la charla, si iba a tener que apretarlo, algo que está muy lejos de mí porque soy una persona muy empática”.

Llegó a la estación de servicio y el patrullero, de incógnito, se ubicó estratégicamente. “El flaco estaba, me dio la guitarra y la abracé como si fuera mi vieja”. El revendedor le empezó a hablar de las virtudes de la Fender y se sorprendió de todo lo que sabía el “interesado”.

La guitarra robada y luego recuperada.

-Sabés mucho de guitarras. ¿Conocés el modelo? -Es espectacular. La conozco mucho porque es mía… -¿Cómo tuya? -Sí, me la robaron. -¿Robada? ¡Me estás jodiendo!

En ese momento aparecieron los dos agentes de la policía que respaldaron a Lorenzo. “El pibe no entendía nada. Parecía muy inocente, no sé si se hacía o realmente lo era. Lo cierto es que fue todo muy pacífico, no intentó ninguna reacción violenta y me terminó pidiendo perdón. De la estación de servicio nos fuimos para la comisaría de San Isidro para hacer todo el papelerío. Agradecí el laburo de la policía y volví a casa con la guitarra. Estaba extasiado, no me despegué de la viola en todo el día. Creo que esta aventura merecería una gran canción”.

Consejos para evitar robos con inhibidores

Ante el uso de dispositivos de radiofrecuencia para bloquear alarmas, la Secretaría de Seguridad de San Isidro detalló las principales pautas de prevención:

-Chequeo manual obligatorio: No confíe en el sonido del cierre centralizado. Al bajarse del auto, verifique siempre a mano que las puertas estén trabadas.

-Cierre con llave física: Si su vehículo lo permite, cierre con la llave mecánica tradicional para anular la interrupción de ondas.

-Ventanillas cerradas: Suba completamente todos los vidrios antes de descender del habitáculo.

-Guantera vacía de llaves: Jamás deje las llaves de su casa, de su oficina ni documentación que revele su domicilio dentro del auto.

-Fundas bloqueadoras: Si usa sistemas de apertura por presencia (keyless), guarde el llavero en fundas con protección “Faraday” para evitar la clonación de la señal a distancia.

-Atención al entorno: Si el auto no cierra al primer intento, mire a su alrededor. La presencia de sospechosos en vehículos linderos puede ser la señal de un inhibidor activo cerca.