No fue brillante ni descollante el triunfo de Brasil ante Japón en Houston, pero sí muy merecido porque fue claramente superior a su rival. Y allí ya aparece un aspecto para destacar: fue mejor que uno de los equipos más incómodos del torneo, al que no pocos señalaban como la posible gran revelación. Una eliminación en los 16avos de final habría sido catastrófica para el conjunto sudamericano, que además supo reponerse después de comenzar en desventaja. No perdió la calma y confió en sus herramientas. No es un detalle menor.
Ahora bien, ¿tiene argumentos Brasil para soñar con la sexta Copa del Mundo? Sí, claro. En un campeonato tan parejo, contar con un entrenador experimentado y con un futbolista desequilibrante y repleto de confianza como Vinicius ya son dos factores para tener en cuenta. A eso se le suma el importante recambio ofensivo que posee. ¿Las malas? También son varias, ojo: las dificultades en la generación de juego, la poca presencia en la mitad de la cancha y los espacios que suelen aparecer a la espalda de los laterales.
Pero esta nota se enfocará en las tres virtudes que empiezan a alimentar el sueño brasileño. La principal carta es Vinicius, a quien se lo nota enfocado y con ganas de trascender: ya acumula cuatro goles en la Copa. Como pocas veces en su carrera, el extremo de Real Madrid dejó de lado el ego para priorizar lo colectivo. Cuando encara a una velocidad imposible, se sabe, es prácticamente imparable. El plus lo aporta en defensa, con su despliegue y presión en la salida rival. Otro aspecto destacable es su predisposición para desempeñarse como atacante central, una posición que claramente no le resulta natural. Tanto ante Marruecos como frente a Japón comenzó por el centro y terminó destacándose cuando se recostó sobre el costado izquierdo.
El segundo argumento es la templanza de Carlo Ancelotti. Los puristas del juego quizá no coincidan con este punto porque difícilmente un equipo de Carletto despliegue un fútbol vistoso o de excelencia estética. No es su objetivo. El entrenador italiano de 67 años apuesta por equipos ordenados, compactos y pacientes. Brasil estuvo en desventaja tanto contra Marruecos como frente a Japón y nunca perdió la serenidad. La tranquilidad con la que el DT vive los partidos empieza a reflejarse en la manera de sentir y competir de sus futbolistas.
“El entrenador no pidió que mantuviéramos la calma. Estábamos presionando, abrumándolos, y nos dijo que continuáramos con la presión alta porque las oportunidades surgirían. Lo mejor fue la fortaleza mental del equipo”, contó Casemiro. “Ancelotti es un tipo sensacional. No me extraña que haya ganado todo lo que ganó en su carrera. En el entretiempo nos transmitió confianza, nos dijo que íbamos a hacer goles y que, independientemente del minuto en que lo hiciéramos, debíamos mantener la confianza. Nos sentimos muy a gusto con él; es un placer trabajar a su lado. Se merece todo el mérito”, agregó Gabriel Martinelli.
“El equipo no perdió la paciencia. Creo que jugamos bien en la primera mitad, el partido fue bonito. En la segunda parte forzamos algunos centros más y al final todo salió bien. Japón no es un rival fácil; es un equipo bien organizado y muy intenso. Merecíamos ganar y eso es muy importante”, analizó Ancelotti.
El último de los puntos fuertes es el recambio ofensivo. Brasil desembarcó en Estados Unidos con 9 atacantes. La lesión de Raphinha fue compensada de gran manera por el zurdo Rayan, futbolista del Bournemouth de Inglaterra. Frente a Japón también ingresaron muy bien Endrick y Gabriel Martinelli, autor del agónico gol del triunfo. Además, Matheus Cunha ya suma tres festejos en el certamen. Y lo último: todavía no empezó a jugar Neymar.
“Tenemos muchos recursos, tanto en el banquillo como en el campo. Es bueno que los jugadores, individualmente, estén a un gran nivel y trabajen para el equipo”, explicó Ancelotti. “Es importante hablar de los futbolistas que ingresan como suplentes en este Mundial. Endrick entró bien, Martinelli también. Y Rayan reemplazó al gran Raphinha. Ese es el espíritu de este plantel”, aportó Casemiro.
“Estoy feliz porque pude ayudar al equipo. Mis compañeros cambiaron el rumbo del partido y pudimos marcar el primer gol y también el segundo con Martinelli, otro que ingresó en la segunda parte. La fuerza también viene del banco, porque estamos allí observando, esperando nuestra oportunidad y con ganas de ayudar a la selección. Para eso vinimos”, cerró Endrick.
En definitiva, Brasil todavía está lejos de exhibir la solidez y el brillo de los grandes campeones, pero empieza a reunir atributos que suelen resultar decisivos en los Mundiales: una figura desequilibrante que atraviesa un momento excepcional, un entrenador experimentado y de sangre fría, y un plantel profundo que ofrece soluciones desde el banco. Quizá aún no sea el principal candidato a levantar la Copa, pero después de superar otro examen complejo, ya nadie podrá descartarlo de la pelea por la sexta estrella.







