Tres días después de que un terremoto de magnitud 7,4 devastara buena parte del occidente de Colombia, la angustia de las familias empezó a convertirse en denuncia. En Cali, a las afueras del Hospital Universitario del Valle, un grupo de personas reclamaba que el centro médico hubiera concluido la búsqueda tan pronto como se cumplieron las 72 horas de la llamada “ventana de vida”. En Pereira, 200 kilómetros al norte de allí, varios voluntarios denunciaban que la maquinaria pesada estaba a punto de demoler puntos donde, aseguraban, había señales de vida. Las autoridades de ambas ciudades han asegurado que la búsqueda solo cesó en lugares en los que no había posibilidades de encontrar sobrevivientes. Pero las familias, aferradas a un milagro, no han dejado de levantar su voz por lo que consideran una grave negligencia.









