Impone más con su figura que con indicaciones. Con pocas palabras pero puntuales y sin gritos. Por historia, experiencia y aura ganadora, que por su formación como entrenador. Leonardo Ponzio consiguió en 180 minutos algunas cosas que pudieron lograr el eterno Marcelo Gallardo en su segundo ciclo en el club ni Eduardo Coudet en su intensa pero corta etapa como DT de River. Y lo hizo con una fórmula sencilla, con su simpleza natural con la que camina por las calles de Núñez como un vecino más a pesar de ser una leyenda viva para los hinchas de la Banda.
“Yo hablo con el corazón, conozco esta casa muchísimo. Trato de ir haciéndoles notar a los jugadores que esto es día a día. Todos los días son ponerse a punto y a prueba. Aprendí de los entrenadores que tuve y les quiero inculcar que en este club siempre hay que ir para adelante y tener toda la responsabilidad. Acá hay que estar todos los días a más del 100%”, explicó el León luego de su segunda victoria consecutiva.
Con cero experiencia como DT, Ponzio se apoya en sus 17 títulos en River (es el jugador más ganador de la historia junto con Jonatan Maidana, el otro emblema del ciclo MG) y en su capacidad de liderazgo con la fue el capitán de los héroes de Madrid. Así, la prioridad del León es transmitir lo que significa vestir esta camiseta, no solo en el campo de juego sino durante las 24 horas de cada día. Para que ese compromiso individual y grupal contagie a la totalidad del plantel y consolide una base sólida que permita un crecimiento futbolístico paulatino apoyado e impulsado por resultados positivos. Y esa la de los resultados positivos, era un de las urgencias que debía atender LP en primera instancia y que por ahora logró transitar con éxito.
Una de los principales objetivos de Ponzio para levantar a un equipo que venía golpeado por la salida de Coudet, y la situación que les tocó vivir a los apartados del plantel, fue levantar el ánimo del grupo con un mensaje contundente sobre la responsabilidad que demanda ser futbolista de River y transmitirles confianza a los muchachos con más gestos y decisiones que con palabras. “Siempre estuvo en el día a día con nosotros. Sabemos lo que representa para el club, así que nos hace todo un poco más fácil”, resume Tomás Galván, uno de los talentos de la cantera bancado por Ponzio y que respondió con un doblete frente a Independiente Rivadavia.
En este aspecto, el humano y la convivencia diaria con el plantel, el León cuenta con varios soldados jerárquicos: el capitán Nicolás Otamendi y sus ex compañeros y referentes naturales de la casa como Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta y Sebastián Driussi. De hecho, tanto el General como Cachete y el Gordo también son motores futbolísticos de este River en recuperación, mientras que el Chino atraviesa un presente delicado por sus errores en la eliminación de la Sudamericana pero es justamente el apoyo incondicional de Ponzio el que puede hacerle recuperar el nivel de Selección que tuvo el zaguero de 30 años.
Las premisas futbolísticas de Ponzio pasan por el orden táctico, un juego simple pero agresivo y ofensivo, con conexiones fluidas mediante pases cortos y rotación de posiciones. Una línea de cuatro defensores con laterales que finalicen los ataques como punteros, pero no en simultáneo, para evitar dejar amplios espacios que el rival pueda aprovechar para dañar de la contra. Por eso, tanto ante Banfield como con Independiente Rivadavia, el Huevo Acuña desbordó mucho menos que Gonzalo Montiel, el DT ubicó a Fausto Vera como clásico (y único) volante de contención y le dio mayor libertad a Thiago Almada como enganche clásico para que se junte con menos responsabilidades en el retroceso con su desequilibrante amigo Correa y el goleador Driussi y puedan darle vida a un circuito de juego que va sumando brillo con los altos niveles de Tobías Andrada y Tomás Galván como volantes internos.
La presión en campo adversario para asfixiar las salidas del rival también es una característica que LP tratará de intensificar a partir de lo que vayan acompañando los resultados. Por el momento, la base está en el pragmatismo para armar un 11 lo más lógico posible, sin inventos tácticos, para que el funcionamiento empiece a crecer a partir de una solidez estructural y de sociedades creativas lúcidas e imprevisibles como la de Correa-Almada.
Ponzio pretende un equipo que combine inteligencia con despliegue físico, que esté convencido de cuál es el camino a seguir y que en el campo de juego represente la idiosincrasia del hincha de River. Que el Norte siempre sea el arco de enfrente, pero con la certeza de que también debe cuidarse la valla de Santiago Beltrán con el mismo compromiso y eficacia que al atacar. Un equipo que juegue bien al fútbol y que a la vez tenga capacidad de mostrar los dientes y de dejar la sangre por la camiseta, como literalmente lo hizo Leo en el momento más sensible de la historia del club.
Las premisas de Ponzio para elevar el rendimiento general fue fortalecer el fondo. Con ajustes básicos, como que los laterales no se proyecten en paralelo en todas las jugadas, que MQ y Otamendi no salgan a cortar juego tan adelante y que Fausto Vera sea una rueda de auxilio para ambos. Evitar arriesgar la pelota con pases forzados en la salida y revolearla a la tribuna cuando es necesario sin sentir pudor, al mejor estilo Joni Maidana o el propio León.
Y en ataque, que a las inspiraciones de Almada y Correa se le agreguen la dinámica, la visión de juego y la prolijidad en los pases de Andrada y Galván para que la pelota le llegue más limpia y con mayor frecuencia a Driussi para definir.
Ya empezaron a fluir con lucidez y velocidad esas conexiones ofensivas, ante Independiente Rivadavia, aunque sin la contundencia marca registrada de la historia del club, un detalle que Ponzio tiene la convicción de que se logrará en breve si los resultados siguen acompañando su proyecto: que River vuelva a ser River. Más que nunca, de la mano de Ponzio.












