En el léxico del desarrollo, pocas palabras suenan tan alentadoras como “graduación”: el momento en el que un país deja progresivamente de poder optar a determinadas ayudas internacionales a medida que aumenta su nivel de renta. Es un término con connotaciones de superación de hitos e independencia. Pero en el ámbito de la salud mundial, se está convirtiendo cada vez más en una trampa. Cuando un país supera el umbral establecido por el Banco Mundial para pasar de la categoría de ingresos bajos a la de ingresos medios, se lo considera demasiado rico para recibir ayudas, aunque todavía no sea lo bastante rico para cubrir sus gastos sanitarios.








