La trampa de Tucídides y el derecho a la educación | Planeta Futuro

La trampa de Tucídides y el derecho a la educación | Planeta Futuro

Últimamente se oye mucho mencionar la trampa de Tucídides, una teoría a la que se recurre para explicar la situación geopolítica actual. Tucídides fue un alto mando militar ateniense durante el largo conflicto que enfrentó a Atenas y a Esparta por la hegemonía del mundo helénico. En su obra Historia de las Guerras del Peloponeso, plantea que este largo enfrentamiento fue inevitable por el miedo de Esparta al creciente poder de Atenas. Según la trampa de Tucídides, cuando una potencia emergente rivaliza con otra en declive, la guerra ha sido la respuesta más frecuente a lo largo de los siglos. Los protagonistas actuales de esta trampa son Estados Unidos en el lugar de Esparta y China en el de Atenas, de ahí que la llamada trampa de Tucídides aparezca en casi toda columna de análisis que se precie.

No obstante, las repercusiones de esta trampa sobre el derecho a la educación tal vez no sean tan conocidas. Y sin embargo, el aumento del gasto militar, la imposición de aranceles, la virulencia del capitalismo y los ataques a la solidaridad internacional reducen significativamente la capacidad de los Estados para financiar sus sistemas educativos. Esto es lo que analiza el informe de Entreculturas El precio de aprender: soberanía presupuestaria, justicia fiscal y más cooperación.

En 2026 se estima que la caída de Ayuda Oficial a la educación será del 24%

En los países de la OTAN y la UE el gasto en armamento crece 11 veces más rápido que la inversión en educación. A nivel mundial, el porcentaje del PIB destinado a cumplir con el derecho a la educación está estancado en un 4,2%. “Con el presupuesto actual no podemos responder plenamente a la emergencia: siguen cruzando la frontera personas que no reciben apoyo del Estado ni de las ONG por falta de medios financieros”, afirma Bianca Albu, coordinadora de proyectos del Servicio Jesuita para los Refugiados de Rumanía que, en colaboración con Entreculturas, presta servicio educativo a familias refugiadas ucranias desde el estallido de la guerra. En 2026 se estima que la caída de Ayuda Oficial a la educación será del 24%.

Otra guerra, la comercial, está llevando a la asfixia educativa. Los aranceles reducen las exportaciones, lo cual provoca un menor crecimiento del PIB con la consiguiente reducción de la recaudación fiscal. Todo ello conduce a unos presupuestos presionados que disminuyen las becas, precarizan las condiciones laborales del profesorado, dejan a un lado infraestructuras educativas y olvidan los fondos para comedores escolares.

En este contexto, grandes corporaciones encuentran en la educación un nicho de negocio y cierran acuerdos con los Estados que condicionan los fines de la política educativa sin tener en cuenta que, como plantea el Papa León XIV en Magnifica Humanitas, “cuando una parte importante de la educación, en varios niveles, se encomienda a instituciones privadas, puede ocurrir que, a falta de un apoyo público adecuado, el acceso a la escuela dependa demasiado de las posibilidades económicas de las familias”.

Al tiempo se denosta la solidaridad internacional. Los territorios y colectivos más vulnerables, que suelen beneficiarse en mayor medida de la cooperación entre Estados y sociedades civiles, son golpeados debido al desmantelamiento sin precedentes de la Ayuda Oficial al Desarrollo. Menos del 60% de las escuelas del Sur Global cuenta con infraestructuras para estudiantes con discapacidad, y la regresión de los presupuestos educativos expulsa a las mujeres y niñas de zonas rurales.

Menos del 60% de las escuelas del Sur Global cuenta con infraestructuras para estudiantes con discapacidad

Tucídides también dejó constancia de otro hecho: la represión del lamento funerario durante las Guerras del Peloponeso. El llanto de madres, hijas y hermanas se convertía en una crítica implícita a la guerra y generaba desafección hacia la misma. Siguiendo con las analogías transhistóricas, apuesto que quienes esgrimen la realpolitik ridiculizarían las palabras de la Nobel de la Paz Malala Yousafzai cuando argumenta que “el dinero que se invierte en tanques, armas y soldados se debería gastar en libros, lápices, escuelas y maestros”.

Pero, mal que le pese a quienes esgrimen la realpolitik frente a una supuesta ingenuidad, existen soluciones concretas para evitar la inanición de los presupuestos educativos. El informe plantea tres: justicia fiscal, soberanía presupuestaria y más cooperación internacional. Tres medidas que anteponen el derecho a la educación, y los deberes que este conlleva, a los intereses geopolíticos.

La financiación de la educación pública depende fundamentalmente de los presupuestos nacionales nutridos por impuestos. Si los Estados aumentaran su recaudación en un 5% del PIB global generarían más de un billón de dólares anuales para los presupuestos educativos. Sin embargo, la elusión fiscal de corporaciones y grandes fortunas es dos veces mayor que los fondos que serían necesarios para cumplir el derecho a la educación en el mundo. Por ello la Asamblea General de la ONU aprobó en noviembre de 2024, con amplio respaldo internacional, el mandato para redactar una Convención Marco sobre Cooperación Fiscal Internacional.

En otro frente del problema, la falta de consenso bloquea las soluciones a la deuda externa, que impide la soberanía presupuestaria de los Estados. Más del 75% de los países con ingresos bajos y medios-bajos gastan más en el servicio de la deuda que en educación y sanidad combinadas. Abogamos por que los países endeudados renegocien sus compromisos con la condición de destinar esos fondos a derechos sociales, especialmente al derecho a la educación.

Por último, más cooperación. A comienzos de 2025, Estados Unidos desmanteló USAID, su agencia de Cooperación Internacional, una tendencia que se ha extendido a Europa y de la que no se han librado cooperaciones autonómicas como la extremeña, la aragonesa o la de Castilla y León debido a los pactos de gobierno. Estos recortes tienen repercusión directa en las vidas de millones de seres humanos. En Entreculturas comprobamos cada día como una cooperación centrada en las personas, que sitúa el derecho a la educación en el corazón de su estrategia, salva vidas, reduce la desigualdad y teje redes de ciudadanía global.

En la Antigua Grecia, Sófocles se hizo eco de la prohibición del llanto funerario a través del mito de Antígona, que antepuso los deberes de humanidad a la lógica de la guerra. Frente a este acto de rebeldía política, nos presenta la sumisión de su hermana Ismene. “Hemos de recordar, primero, que somos mujeres, nacidas para no luchar contra los hombres; y, segundo, que estamos gobernadas por los más fuertes”, afirma esta. Ante el complejo contexto geopolítico en el que intereses ajenos se anteponen a nuestros derechos más elementales, nos corresponde a cada quien decidir si nos sometemos a los más fuertes o defendemos los deberes de solidaridad y cooperación que nos hacen humanos.