La tragedia de Nepal alerta sobre un peligro creciente: 15 millones de personas viven bajo la amenaza de los lagos glaciares | Clima y Medio Ambiente

La tragedia de Nepal alerta sobre un peligro creciente: 15 millones de personas viven bajo la amenaza de los lagos glaciares | Clima y Medio Ambiente


La monstruosa riada del Tíbet y Nepal, que ha causado centenares de muertos y miles de desaparecidos, ha puesto de actualidad el riesgo de vivir en cordilleras con glaciares, ya que todo indica que una de estas masas de hielo colapsó y desencadenó la tragedia. El fenómeno se conoce como GLOF (siglas en inglés de glacier lake outburst flood), una inundación repentina provocada por el desborde de un lago glaciar. El cambio climático y su aumento de las temperaturas están impulsando estos eventos: las riadas se han multiplicado por seis en el último siglo. Las grandes cadenas montañosas como el Himalaya, los Andes o los Alpes concentran los lugares donde más ocurren este tipo de riadas, a las que viven expuestas 15 millones de personas en todo el mundo, la mitad de ellas en Perú, India, China y Pakistán. Monitorizar glaciares y lagunas no es sencillo —sobre todo en países en desarrollo—, pero salva vidas: el año pasado, un pueblo de Suiza fue evacuado dos días antes de que otro glaciar colapsara.

“Los glaciares están retrocediendo desde 1950, y desde 1990 lo hacen de una forma acelerada. Los últimos cuatro años están entre los cinco que más pérdidas han tenido de la serie histórica, mientras que en los 25 años del siglo XXI el retroceso se ha duplicado respecto a los 25 anteriores”, explica Juan Ignacio López, experto en glaciares del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC). “El Himalaya no se escapa, sino que es uno de los puntos calientes de pérdidas de hielo a nivel global”, advierte. Al ser un retroceso general, “queda claro que no se debe a factores locales, sino al incremento térmico impulsado por el cambio climático de origen humano”.

Esta regresión tiene muchos efectos sobre el sistema climático y los ecosistemas, pero además está aumentando los lagos glaciares —que retienen el agua de deshielo—, que han crecido un 50% en número y superficie desde la década de 1990. “El agua no está tras una presa sólida, como las construidas por los humanos, sino por morrenas [lomas de hielo y sedimentos] o bloques de hielo, que son muy inestables. Cuando se desestabilizan por cualquier motivo, se desencadena una avenida repentina o GLOF”, apunta Jesús Revuelto, que estudia este fenómeno en el IPE-CSIC. Esto, unido a la mayor presión demográfica en las montañas, genera riesgos para millones de personas en esos lugares.

El mapa global de riesgo de GLOF, publicado en 2023 en Nature Communications, muestra que las zonas que más pueden sufrir este tipo de riadas están en Asia Central (sobre todo China, Nepal, India y Pakistán, que comparten el Himalaya y otras cordilleras), los Andes (Perú, Bolivia, Chile y Argentina) y los Alpes (Suiza, Italia, Francia y Austria). Otras regiones serían el noroeste de Norteamérica, Islandia y Escandinavia, aunque con muchas menos afecciones.

En esos lugares viven alrededor de 15 millones de personas, según el mismo trabajo. De ellas, la mitad están en áreas montañosas de Perú, India, Pakistán y China. López resume: “Más de la mitad de la población del mundo expuesta a riesgos de glaciares vive en el Himalaya y en otras montañas altas de Asia. Otro punto muy complicado son los Andes, sobre todo en Perú, donde ha habido muchos accidentes en el siglo XX, pero precisamente por eso se ha invertido mucho en tomar medidas para reducir el riesgo de la población y se ha reducido la mortalidad”.

Desde comienzos del siglo XX hasta la década de 2010, la media anual de GLOF documentados se ha multiplicado casi por seis, pasando de los 7,6 anuales de la primera década del siglo XX a los 43,7 de los 2010. Revuelto lo analiza: “Por un lado, la población mundial se ha incrementado y hay más posibilidades de tener vídeos de estos eventos, que a veces ocurren en lugares remotos. Por otro, el cambio climático aumenta las temperaturas, lo que hace que se funda más hielo de los glaciares que desemboca en estas lagunas y puede desestabilizarlas, romper las presas naturales y generar grandes deslizamientos o riadas”.

Más de 3.100 riadas glaciales

La base de datos histórica de GLOFs elaborada por la Universidad de Viena ha identificado 3.151 riadas glaciares desde el año 850 hasta el 2022 ocurridas en 27 países. La mayoría se ha concentrado en Norteamérica (833), Asia Central (569), los Alpes (443) y los Andes (337). Hay que tener en cuenta que en las áreas más remotas —como los Andes y el Himalaya— los GLOFs han sido más difíciles de confirmar hasta la reciente llegada de las imágenes por satélite. De hecho, todavía no está claro qué laguna se desbordó tras el colapso del glaciar del Tíbet.

Precisamente por ocurrir en zonas apartadas, muchos de estos fenómenos no causan víctimas, aunque el trabajo ha constatado que 44 riadas glaciares mataron al menos a 3.636 personas —no se cuentan las de los últimos cuatro años—. Una de las más catastróficas ocurrió en 1941 en Perú, cuando un trozo de un glaciar cayó en una laguna, generando una ola que rompió el dique y creó una riada que arrasó Huaraz, donde causó la muerte de más de 1.800 habitantes. Este jueves, el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña peruano advirtió de que al menos 58 lagunas de los Andes están en riesgo “muy alto de desbordamiento”.

¿Cómo evitar futuras catástrofes? Revuelto responde: “Suiza lo hizo el año pasado en Blatten. Monitorizaron el glaciar y las laderas con sensores, elementos de sismicidad… Constataron que había desplazamientos muy importantes, y evacuaron el pueblo dos días antes de una enorme riada”. En los Alpes hay recursos para controlar estas masas de hielo, pero en países en desarrollo como Nepal, India o Pakistán es más complicado. “Hay más zonas potencialmente peligrosas y desniveles más amplios, por lo que es difícil monitorizar todas las montañas. Pero al menos habría que tener acotadas e identificadas las zonas que pueden ser susceptibles de este tipo de deslizamientos, así como los valles donde pueden desembocar”, concluye.