“La sociedad quiere jubilar a las mujeres a los 50”

“La sociedad quiere jubilar a las mujeres a los 50”


En un masivo último jueves de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Héctor Pavón, editor general de Revista Ñ, conversó en el espacio cultural de Clarín-Ñ, con la escritora Betina González. La excusa principal fue la presentación de su más reciente novela, Un amor sin futuro (novedad de mayo de Tusquets), pero resultó una charla íntima, profunda y, por momentos, conmovedora.

Ganadora del Premio Clarín de Novela (2006) por Arte menor y del Premio Tusquets (2012) por Las Poseídas, este año González se sumará al jurado del Premio Clarín de Novela, junto a Ariana Harwicz y a Héctor Abad Faciolince.

Después su última novela, Olimpia, González regresa con una historia de amor que desafía los estereotipos: “Una historia sencilla y compleja a la vez, con muchas capas de lectura, y una construcción minuciosa de cada personaje”, en palabras de Héctor Pavón.

“A lo largo del libro hay muchas citas, que son también lecturas tuyas. Una de las primeras es la frase “El amor es una tela que borda la imaginación”, de Voltaire. ¿Por qué la elección?”, le preguntó.

“Esa frase está en el Diccionario filosófico de Voltaire, que fue una de mis lecturas de chica. A mí me gustaba leer diccionarios, y leer un diccionario como el de Voltaire es como abrir un libro de Borges, con referencias a millones de cosas. Tiene también que ver con un ensayo incluido en La obligación de ser genial, sobre el rol de la ficción en la sociedad”, explicó González.

Y agregó: “Allí digo que necesitamos la imaginación ficcional para, por ejemplo, enamorarnos. Son historias que se van bordando en tu cabeza mientras se da toda esa primera instancia de amor que es el cortejo. Por supuesto, hay millones de libros que cuentan historias de amor, pero no son tantos los que puedan, de verdad, contar la intensidad del momento de conocer a alguien. De hecho, en general, las que se venden como historias de amor, terminan siendo historias de desamor. Esta cita es como un juego para que el lector o la lectora infiera que el libro va a ir por ese camino”.

Héctor Pavón entrevistó a Betina González el espacio cultural Clarín-Ñ. Foto: Juano Tesone.

Un amante joven

En la tradición de escritoras como Annie Arnoux, Lydia Davis, Marguerite Duras, o Colette, la historia de Betina González indaga los prejuicios sobre el amor entre una mujer adulta y un estudiante más joven, un tema que “pese a ser ahora menos censurado, todavía es fuerte: el discurso que quiere jubilar a las mujeres a los cincuenta, esa fecha de vencimiento, que coincide a veces con el momento biológico, supuestamente, de la menopausia. Todo eso me daba mucha bronca, y cuando estoy enojada, yo escribo mejor”.

Pero más allá de los contenidos –“que me parecen secundarios”–, para González “toda literatura es forma, y si volvía a escribir ficción, tenía que hacer algo diferente con la forma”.

A lo largo de la conversación se habló de una historia que era a la vez oscura y luminosa. Pavón mencionó las muchas referencias que hay en la novela sobre la muerte. ¿Fue algo deliberado?

Yo creo que la muerte entró primero inconscientemente por mi trabajo cotidiano con distintas generaciones de estudiantes. En la pos-pandemia había un sentimiento de muerte, sobre todo entre los más jóvenes que habían pasado el confinamiento encerrados, sin las mismas herramientas que podíamos tener los adultos, diría yo, para estar esperanzado por el futuro”.

Héctor Pavón entrevistó a Betina González el espacio cultural Clarín-Ñ. Foto: Juano Tesone.

Pavón preguntó a González quién estaba detrás de la frase “la escritura es un goce absoluto”, ¿el personaje o la autora?

“Obviamente para quien escribe si no hay placer, no hay escritura, y quien lee lo va a sentir. Pero también es verdad que me tiene harta esa idea de que el arte no sirve para nada, porque eso le da la bandeja servida a la derecha para decir que la escritura y toda la cultura y todo el arte, para qué están. Hay una frase de Adorno que me gusta mucho que dice que la función social del arte es hacer que la gente se despierte y se dé cuenta que es una mercancía más, que el sistema intenta que todo se mercantilice: las relaciones amorosas, el sexo, la maternidad, todas las relaciones humanas de afecto. Hoy en día parece que solo pasaran por el mercado y me parece que es muy importante que haya otros discursos. En las redes todos hablan del wellness y que sentirse bien es tu responsabilidad, hoy nadie habla del espíritu, nadie habla del ser. Yo soy anticuada, creo en el espíritu”.

–¿Podés pensar la relación docente-alumno como cierta capa de amor?

–Yo creo que ninguna docencia se hace sin amor porque la docencia es un acto de generosidad, hay que estar parado ahí dos horas, pero sobre todo, lo que yo enseño, que es un arte, no se puede hacer sin amor. Por eso también me gustaba contar ese vínculo: qué puede pasar entre una profesora y los alumnos que tienen talento. Eso es algo que a veces genera desesperación, porque para la sociedad, tan utilitaria, el talento es algo peligroso, no se quiere gente diferente, no se quiere gente con talento, se quiere gente más o menos parecida a un modelo estandarizado de ciudadano correcto y productivo, y el talento siempre es disruptivo. Una cita de Pessoa –“no es el amor sino sus alrededores lo que vale la pena”– dio lugar a hablar del amor desde la perspectiva del poeta portugués, un “un tipo que creía en el neoplatonismo y que lo que le interesaba del amor era todo lo que vos te podías imaginar a partir de ver y oír al otro cuando empezabas a tocarlo y se transformaba en los cuerpos le dejaban de interesar.

Explorando la frontera entre los géneros –“vos que sos ensayista, novelista y también cuentista”–, Pavón preguntó en qué medida detrás de una escena hay también una idea literaria.

Héctor Pavón entrevistó a Betina González el espacio cultural Clarín-Ñ. Foto: Juano Tesone.

Cuando enseñás, igual que cuando traducís, te das cuenta con más profundidad de la forma literaria, la vas adquiriendo. El verdadero desafío es encontrar la ley interna de ese texto, de cuántas escenas necesita, cuánto de ensayo tiene que tener, cuánto de poesía, ¿por qué un párrafo tiene una sola frase y después viene un párrafo de diez? Y me parece que eso se va dando solo en el libro cuando te liberás, un poco, de esos conceptos de la narrativa más contemporánea, sobre que hay que mostrar más que decir, algo que a esta altura me parece muy básico”.

–Yendo al título de tu novela, ¿el amor tiene futuro?

–El título hace referencia a la idea de una mujer que le lleva casi 30 años a su enamorado, y que la sociedad plantee que ahí no hay ningún futuro posible, porque el único futuro que puede imaginar la sociedad es la familia. Para mí, eso es muy pobre: tener hijos y una casa y un auto y un montón electrodomésticos, lo veo como una visión de alguien de los años 50. Parece ser que, desde hace algunos años, mucha juventud está otra vez con esas ideas. Yo quiero pensar en otras posibilidades, como estar juntos o tener proyectos o hacer cosas que no sean necesariamente criar a un chico, ¿no? Que no digo que esté mal, pero no puede ser lo único en el centro de la sociedad.

–¿Te resulta difícil escribir sobre el amor?

–Ah, siempre. Pero justamente lo escribí porque era difícil. Leí una entrevista a Elena Ferrante que decía que no se podía narrar la felicidad. Que ella siempre escribía novelas dramáticas que terminaban mal. Cuando la leí, pensé: está loca. ¡Mirá si no se va a poder! Yo creo que en esta novela hay un montón de felicidad. Es una novela oscura, también. El arte puede todo, la literatura puede todo. Si tiene una dimensión de lo humano, si está en la experiencia humana, se tiene que poder contar.

Pavón recordó al público la anticipación con la que González escribió sobre la naturaleza como entorno, como protagonista, como peligro. “Es un tema que me sigue interesando. Pero yo creo que esto le pasa a casi todos los escritores. Estás como metido en tu época, pero a la vez la mirás un poco de costado, como si tuvieras unas antenas que van captando algo que va por los canales menos oficiales menos escandalizados”.

Héctor Pavón entrevistó a Betina González el espacio cultural Clarín-Ñ. Foto: Juano Tesone.

Aceleración de la época

Sobre si siente la aceleración de la época, las cosas que están pasando, González explicó que sí, pero le resulta difícil escribir sobre el presente: “Las cosas me tienen que emocionar, me tienen que conmover. Ahora hay una cultura del sadismo y de la crueldad, me siento muy apabullada, pero de alguna manera va a salir, y quizás por eso empecé a escribir cuentos que son medio de terror, un género que yo no había visitado mucho: me parece que algo debe ser que estoy leyendo en ese presente”.

Para el cierre de la charla, una pregunta formulada por un joven del público le permitió a González argumentar en qué medida la escritura y la lectura pueden salvar vidas, saber que allí no se está solo, y que otros también pasaron por tu misma experiencia. “Hay una capacidad en nuestra mente para sanar a partir de la palabra”.