La relación bilateral ha escalado a una nueva fase, más crítica y con cada vez con menos espacio de maniobra para México. Tras el golpe del Departamento de Justicia, hace justo una semana, imputando al gobernador de Sinaloa y otros nueve altos funcionarios, todo apunta a que se trata apenas del preludio de una campaña más agresiva de Estados Unidos contra los vínculos entre la política y el crimen organizado. Estos días se han sucedido la publicación de nuevos planes desde la Casa Blanca, declaraciones enfáticas del presidente y el fiscal general en funciones y hasta movimientos que buscan poner cerco al aparato diplomático mexicano al norte de la frontera. La presión es cada vez mayor, no solo por la envergadura de las acusaciones de narcopolítica. En apenas unas semanas arrancan dos citas claves para el triángulo norteamericano, al que hay que añadir a Canadá: el escaparate del Mundial y, sobre todo, las negociaciones para renovar el Tratado de Comercio (TMEC), el salvavidas económico de México.
La presión sobre México entra en una fase crítica con la narcopolítica en la diana de Trump







