La economista Marina Dal Poggetto, directora de la consultora EcoGo, en su paso por Córdoba dialogó con Punto a Punto Radio (90.7 FM). Repasó en qué punto está el programa de estabilización, por qué la mora y el crédito se volvieron un problema, qué pasa con los salarios y qué le falta al esquema económico de cara a las elecciones del año que viene.
—¿El escenario actual se parece a alguno que ya vivimos?
—Argentina venía de una ruptura del balance del Banco Central: se había quedado sin dólares y tenía un excedente de pesos, de deuda en moneda local, que se sostenía con un control de capitales cada vez más fuerte. Eso generaba una brecha cambiaria obscena. Tenías inflación muy alta, precios relativos muy distorsionados y una tasa de interés negativa que licuaba sistemáticamente el ahorro. Un esquema perverso. Muchos coincidíamos en que hacía falta un programa de estabilización. En ese momento, decíamos que la discusión entre gradualismo y shock no tenía sentido: necesitabas un shock controlado, manteniendo los controles de capitales. Había que reconstruir la moneda y el crédito. Eso requería equilibrio fiscal, recrear el acceso al crédito para tener un programa financiero que dependa cada vez menos del cepo.
—¿La primera etapa del gobierno de Milei fue más o menos lo que había que hacer?
—El programa arrancó mucho más pragmático que el discurso de campaña. La discusión era cómo distribuían los costos del ajuste. A dos años y medio de iniciado, el programa pasó por distintas etapas. Primero mantuviste los controles de capitales y compraste dólares, con el blend y el pago en cuotas de importaciones. Después anclaste el tipo de cambio y dejaste de comprar dólares. Tuviste un corrimiento del tipo de cambio y vino el blanqueo, que te salvó. Llegó el acuerdo con el Fondo: con ese acuerdo decidiste no comprar dólares y después compraste. Desde diciembre, el programa se enderezó después del susto de mercado del año pasado, y eso permitió que el Banco Central vuelva a comprar dólares. Hoy ves una inflación de 1,7% el último mes, que es muy alta en la comparación internacional pero mucho más baja que el 12% que tenías o el 25% del inicio. Y una economía que se reactivó desde abril de 2024 hasta febrero de 2025 y que hoy está básicamente en los mismos niveles de febrero de 2025, con dos velocidades muy claras: un sector muy dinámico que crece a altísima velocidad y sectores literalmente rezagados.
—¿Por qué hoy la mora y el crédito están en la agenda?
—Los programas de estabilización tienen algún mecanismo de corrección de precios relativos y de las cuentas fiscales, y cortan el financiamiento monetario del déficit. Terminan funcionando cuando recreás el mercado de crédito y podés refinanciar los vencimientos de deuda a plazos más largos, sin depender de controles de capitales. Cuando la estabilización empieza a funcionar, generalmente los ingresos se recomponen. Muchas veces estos programas traen un cambio estructural en el mercado laboral, con aumento del desempleo, pero los ingresos se recomponen. La política fiscal es inicialmente contractiva, porque tenés que hacer el ajuste, y el ajuste generalmente se hace licuando. En los programas de los 80 y los 90, cuando no existían los regímenes de percepciones y cobro anticipado de impuestos, la estabilización mejoraba la recaudación y eso limitaba el ajuste fiscal. Eso hoy no está pasando. Lo tercero es la remonetización. El ingreso de capitales que acompaña una estabilización genera un aumento de los depósitos y, del otro lado, una expansión del crédito. La expansión del crédito, una política fiscal menos contractiva y la recomposición de ingresos permiten que la economía empiece a crecer. Y ese crecimiento es el que termina haciendo que la estabilización funcione. ¿Qué pasó acá? En 2024, el primer año, los ingresos se recompusieron después de la licuación inicial y el crédito se duplicó para familias y empresas. En parte porque pasaste de una tasa de interés negativa a una positiva, y porque bajó la inflación y el crédito se dejó de licuar. Pero al dejar de licuarse, con ingresos que después dejaron de traccionar, empezaste a tener un problema.
—Da la sensación de que el salario nunca alcanza, mientras los demás costos siguen subiendo. ¿Eso es lo que pone en jaque la reelección de Milei?
—Un programa de estabilización funciona cuando la macro, la micro y la gobernabilidad, los tres vértices, funcionan al mismo tiempo. El gobierno anterior forzó la micro: cerró la economía y puso controles de capital para sostener la rentabilidad de las empresas y el empleo. Terminó reventando el balance del Banco Central, mandó la inflación a donde la mandó y rompió la macro. Hoy estás al revés: tratás de estabilizar la macro con una micro que corre a dos velocidades. Por el cambio de precios relativos y por el nivel de actividad que no alcanza a cubrir los costos fijos. Eso afecta la recaudación y te obliga a una política fiscal cada vez más contractiva. El triángulo se desbalancea. La pregunta es hasta dónde, con esta micro, podés sostener la gobernabilidad. Si no sostengo la gobernabilidad, no alargo el horizonte. Esa es la discusión hoy.
—¿Qué le falta hoy al programa?
—Lo primero es horizonte. Sin horizonte no hay contrato. Si no hay contrato, no hay programa financiero. Si no hay programa financiero, no hay programa macroeconómico. Y el horizonte está definido por un resultado electoral que vas a tener el año que viene. Podés decir que ese resultado depende de que destrabes la micro en el corto plazo. Ahí empiezan las propuestas sobre cómo destrabar la micro en un modelo cuyo seteo se trabó.
—¿Qué es lo mejor que le puede pasar al país: una reelección de Milei o alguien que plantee un programa en línea con el actual, pero con mejores modales?
—No creo que sea una cuestión de modales. Una cosa son los modales, los modos, pero hay una cuestión conceptual, estructural. Pasaste de Cristina, que te hablaba del Estado presente, a Milei, que dice que es el topo que viene a romper el Estado desde adentro. La lógica de este programa tiene dos patas. Una es la tributaria; la otra es la lógica del sistema financiero. Es un programa que solamente funciona si ganás una elección. En el fondo, lo que necesitás es alargar el horizonte, y eso requiere algún grado de crecimiento y de inclusión. Lo que necesitás es lo que pasó en Brasil, en Chile: que la alternancia no te lleve a una crisis financiera cada vez que hay cambio de gobierno. Y con este esquema no lo estás asegurando: solamente funciona si ganás.








