la novela que convierte la rutina diaria en una odisea

la novela que convierte la rutina diaria en una odisea


En la sucesión de tareas que se adueñan de un día, que lo toman como hormigas diminutas que conquistan un territorio de manera imperceptible, Travis y Anne se convierten en dos personajes sometidos por el tiempo.

Cada momento de ese día que completa la narración de la novela Mil cosas (Anagrama) adquiere una jerarquización similar, como si su autor, Juan Tallón, construyera su relato en tiempo real.

Somos testigos de las preocupaciones que genera no conseguir los pañales adecuados para el bebé de la pareja formada por Travis y Anne, de lo desesperante que puede ser no saber qué preparar para la cena y de los múltiples problemas que conlleva estacionar el auto o soportar el calor desmesurado de un verano con temperaturas que pasan los cuarenta grados.

Los personajes son el resultado de ese uso del tiempo. No parecen ser ellos los que llevan la acción, sino que obedecen a una suerte de maquinaria social y económica conformada por acciones ligadas al mundo del trabajo, pero también a tareas elementales como vestirse y alimentarse o a los trámites necesarios para salir de vacaciones o renovar un documento.

Juan Tallón les da una visibilidad que permite desnaturalizarlas y mirarlas con distancia, aunque nosotros, como lectores, también participamos de esa dinámica cotidiana.

Diálogo con Ulises

Esa lógica de escritura, que dialoga con la novela Ulises, de James Joyce, aunque con un estilo más directo, a partir de un narrador en tercera persona que se acerca a la interioridad de Travis y de Anne, hace de la vida diaria de un matrimonio joven con un bebé, donde los dos trabajan fuera de casa y se distribuyen las tareas domésticas, una odisea a veces demasiado difícil de llevar adelante, concentrada en un único día y con un anclaje realista y mimético..

Retrato del autor Juan Tallón. Foto: redes sociales.

El estilo minucioso, el detalle puesto en primer plano (que sirve para contar la velocidad) y la sensación de que en las cosas más intrascendentes se esconde la densidad de una vida adquieren un valor estratégico en esta novela publicada por Anagrama.

Si bien algún conflicto parece generar la sensación de una peripecia, sabemos que esa trama incipiente no va a desarrollarse, y quedará, como sucede muchas veces en la vida, como una situación pasajera o incompleta, que tal vez genere consecuencias en otra instancia que ya no será del orden de esa ficción que nos están contando.

Travis se entera, el día de cierre de la revista en la que se desempeña como subeditor, que un colaborador le vendió a otro medio el reportaje que iba a ocupar varias páginas de esa edición porque no está conforme con los 50 euros que le pagan por nota. Anne tiene un compañero de oficina que le manda mensajes para concretar una cita romántica y le dice en un susurro que está muy guapa con el vestido que se puso el último día de trabajo antes de sus vacaciones.

Pero, si bien cada una de estas situaciones logra incomodar y enfurecer a los protagonistas, son abandonadas por el narrador porque rápidamente habrá que resolver algún otro problema familiar, algún quehacer doméstico, alguna reunión que podría instalar la amenaza de perderlo todo.

Elegir el día previo al viaje a Escocia, que les permitirá descansar durante una quincena, habla de esa necesidad de escape. Las vacaciones justifican todo el trajín y el agobio y, tal vez, son el premio que evita las preguntas sobre ese manejo del tiempo, sobre el sentido mismo de lo que hacen; a nivel narrativo, permiten cierto clima agónico, como de un falso final para pasar a una instancia más placentera.

La pregunta que resuena en la novela de Juan Tallón es qué es verdaderamente lo importante, a qué le dedicamos nuestro tiempo y, fundamentalmente, nuestra atención. El estilo es un aliado para provocar esta reflexión en los lectores. No se trata aquí de una valoración excesiva del naturalismo narrativo, que no deja de ser un elemento para facilitar la conexión e identificación con los personajes.

El modo en que el autor español trabaja el ritmo, la cantidad de páginas que le dedica a situaciones que no presentan mayor atractivo o que no parecen contener la trama de la historia, está ligado a la manera en que los personajes usan su tiempo y nos lleva a pensar en nuestra cotidianidad y en la cantidad de horas que se nos van en tareas que son intrascendentes, pero de las que depende el funcionamiento de una familia.

Ese desequilibrio narrativo está ligado al impacto final, donde, en las últimas dos líneas de la novela, surge el verdadero conflicto, que tiene la envergadura de un drama o una tragedia, pero que no sabremos cómo se resuelve.

La estructura narrativa está basada en una omisión. La estrategia está en contar una novela donde creemos que nada se elude, que lo vimos todo, hasta el momento en que Anne va al baño y presiona la descarga.

No tienen secretos

Sentimos que acompañamos permanentemente a los personajes, que no tienen secretos para nosotros, como si se nos permitiera ver el detrás de escena y, por esa razón, sufrimos la misma distracción que ellos y no terminamos de percibir que una secuencia central nunca fue relatada, que esa omisión encierra el verdadero conflicto y no nos dimos cuenta, o lo notamos, pero no llegamos a considerarlo porque nos atrapó esa vorágine, hasta toparnos con el final.

Retrato del autor Juan Tallón. Foto: redes sociales.

En este sentido, la novela funciona como una suerte de intriga que jamás imaginamos porque necesitamos volver al capítulo donde se generó esa omisión y entender que, en una novela donde todo se cuenta al detalle, justamente se produce una elipsis que no era tal, sino un olvido del orden de la anécdota.

Habría que mencionar una pequeña objeción, más sobre el contenido del conflicto que sobre el recurso narrativo, que es realmente muy eficaz.

Lo que se revela en el diálogo final es un tanto aleccionador, casi como un castigo hacia los personajes y, en esta línea, la novela podría volverse un poco moralista, como si nos dijera que si mantenemos un ritmo de vida donde la atención se diversifica en tantos planos en simultáneo, podemos terminar cometiendo un error irreparable.

Mil cosas, de Juan Tallón (Anagrama).