la leyenda de la lucha que a los 40 años se enamoró “del tango, el bife y el vino”

la leyenda de la lucha que a los 40 años se enamoró “del tango, el bife y el vino”


Si puede ser en inglés, mejor. Mi español no es muy bueno“. Con esa frase, esbozando una sonrisa y con el cuerpo aún transpirado por la exigencia física, Arsen Julfalakian se presenta ante Clarín. La escena tiene un tinte surrealista. Apenas unos minutos atrás, este hombre de 40 años daba una vuelta olímpica sobre el colchón de lucha en el pabellón del Parque Independencia de Rosario. Caminaba flameando la bandera argentina de cara a las tribunas, mientras un estadio repleto deliraba por él tras consagrarse campeón en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.

Lo que probablemente muchos de los fanáticos presentes en el recinto santafesino no sabían es que estaban ovacionando a una verdadera figura global de este deporte. Un atleta nacido en Armenia -sí, a más de 13 mil kilómetros de distancia- que salió de su retiro exclusivamente para representar a la albiceleste y que, de paso, está perdidamente enamorado del país.

Arsen se quedó con la medalla de oro en lucha grecorromana en la categoría de hasta 77 kilos tras vencer 4-2 en la final al colombiano Jair Cuero (Argentina también sacó plata en esta disciplina de la mano de Ricardo Gómez en la categoría 97 kilos). Una victoria que le permitió al país romper una sequía de 16 años sin preseas doradas en esta disciplina a nivel suramericano. Aunque, para entender por completo la magnitud del hito, hay que revisar el pasaporte y el palmarés de Julfalakian.

Nacido en Leninakan (la ciudad armenia hoy conocida como Gyumri), lleva el deporte en la sangre al ser hijo de Levon Julfalakyan, campeón olímpico en Seúl 1988. Defendiendo la bandera de su país natal, Arsen disputó Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016. Tocó el cielo con las manos en suelo británico al colgarse la medalla de plata. También se consagró campeón del mundo en 2014.

Pero, ¿cómo llega una leyenda de la lucha armenia a vestir la malla argentina en Rosario? La respuesta tiene nombre y apellido: Yuri Maier, exluchador olímpico y actual dirigente argentino.

Yuri Maier, el responsable de convencer a Julfalakian para representar a Argentina. Foto: Prensa COA.

“Fue en 2023. Yuri Maier, mi amigo —ya mi amigo ahora— es de Argentina. Nos conocimos en Suiza. Ambos estamos en la Federación Internacional de Lucha (United World Wrestling) y él me hizo una propuesta muy emocionante. Me dijo: ‘¿Quizás quieras competir en tus cuartos Juegos Olímpicos por Argentina?‘. Fue un empujón muy acertado por su parte”, responde, siempre en inglés.

El contexto de Julfalakian en ese entonces no era sencillo. Tras una carrera brillante en Europa, cuestiones extradeportivas vinculadas a los conflictos políticos entre Armenia y Azerbaiyán lo habían quebrado anímicamente, alejándolo de la competencia oficial antes de Tokio 2020. Pero Maier reactivó el hambre de gloria.

Arsen posa con la medalla dorada, con la satisfacción de seguir compitiendo a sus 40 años. 
Foto: Fernando de la Orden

Volví del retiro, empecé a prepararme y me estaba preparando para los Juegos Olímpicos de París 2024. Empecé muy bien, ganando torneos, pero desafortunadamente, un par de meses antes de los Juegos, me lesioné gravemente“, lamentó. Aquella dolencia le impidió clasificar a la cita en Francia. Sin embargo, redobló la apuesta y se afianzó nuevamente. “Me tomó un año recuperarme. Decidí quedarme porque no quería retirarme con una lesión“.

Esa resiliencia lo depositó en Santa Fe. El camino hacia el podio tuvo sobresaltos. En el primer cruce del torneo cayó contra el propio Jair Cuero. Fiel a su estirpe, ajustó tácticas y salió a la final con agresividad para quedar en lo más alto.

Sentir el calor del público rosarino, asegura, fue el combustible definitivo. “¡Por dios, el público! Fue perfecto“, grita en zona mixta, en las que fueron sus primeras palabras en español. “La tribuna estaba muy cerca y podía sentir su energía. Casi podían tocarme…”, agrega.

Su vínculo con el país ya trascendió los límites del colchón de lucha. Julfalakian vivió un año y medio ininterrumpido en tierras argentinas, aunque hoy reparte sus días con Europa debido a su trabajo corporativo: es miembro del comité directivo y presidente de la Comisión de Atletas de la United World Wrestling.

Cuando se le pregunta por su percepción de Argentina, la respuesta derriba otra vez su autoproclamada barrera idiomática. “Mucho, mucho, mucho. De verdad, mi familia, mis hijos, mi esposa… se enamoraron de Argentina, les gusta“, relata entusiasmado.

Foto: Fernando de la Orden - FTP CLARIN.

Reconoce que en la Ciudad de Buenos Aires encontró un refugio inesperado que lo abrazó desde el primer día. “Aquí tenemos una comunidad armenia, una diáspora muy grande. Son muy respetados por los argentinos, gracias por eso, por cómo nos tratan. Tenemos iglesias armenias, escuelas armenias, restaurantes, cultura. Y en Buenos Aires tenemos la calle Armenia, así que ahí me siento como doblemente en casa”, se anima a bromar.

Al intentar que elija una sola cosa que ame de su “país adoptivo”, el campeón se rinde ante la abundancia de la cultura local. “No puedo decir solo una“, protesta entre risas. Ante la concesión de sumar opciones, no lo duda y enumera su póker perfecto. “Buenos Aires muy bien, es una ciudad muy, muy linda. Pero si elijo tres son el vino, el tango y el bife“, responde.

Con la ovación santafesina todavía vibrando en la memoria, Arsen mira hacia adelante. Los 40 años parecen ser solo una estadística temporal. “El próximo objetivo son Los Ángeles 2028. Y por supuesto que será con Argentina”.