La exmonja Kumiko Kosaka es la última condenada por uno de los casos más aberrantes de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica conocidos en Argentina, el del Instituto Provolo de Mendoza, que albergaba a más de 40 niños sordos. El Tribunal Penal de Mendoza N° 2 condenó el jueves a Kosaka a 20 años de cárcel como autora de tres casos de abusos y también por haber sido partícipe necesaria de la violación de dos alumnos de esta institución educativa del oeste de Argentina entre 2007 y 2016. La sentencia se suma a las que recibieron en 2019 los sacerdotes Horacio Corbacho (sentenciado a 45 años de prisión) y el italiano Nicola Corradi (a 42 años y medio de prisión).
“Se está haciendo una reparación de un daño muy grande”, dijo a la prensa el fiscal Alejandro Iturbide, quien había solicitado que la exmonja fuera condenada a 22 años. Ariel Lizarraga, familiar de una de las víctimas, celebró la sentencia después de una década de pelea en los tribunales: “Encontramos la justicia que veníamos buscando para mi hija y para todas las víctimas del Provolo”.
Kosaka, de 51 años, llegó al Provolo en 2007 desde Japón, y durante seis años fue “el demonio con cara de mujer” detrás de las violaciones, como la llamó uno de los abogados de las víctimas. Tenía a su cargo el cuidado de los 43 niños sordos, de entre cinco y 12 años, que en 2007 dormían en el albergue del centro y desde ese puesto ejerció un papel determinante en la trama de abusos. A lo largo del juicio nunca admitió los hechos de los que se la acusaba y que ahora se consideran probados, como haber sido la encargada de elegir a los niños más dóciles para entregarlos a Corbacho y Corradi.
Dejó los hábitos cuando se presentó la denuncia, hace una década, y fue absuelta en un primer juicio, en 2023. Sin embargo, la Corte Suprema de Mendoza revocó el fallo el pasado agosto y ordenó a otro tribunal que revisara el caso. Tras la condena, Kosaka permanecerá en libertad mientras se resuelven los recursos de apelación pendientes, pero tiene prohibido salir de Argentina y debe fijar domicilio en la provincia de Mendoza.
El caso de los abusos de niños sordos en el Instituto Próvolo ha sido uno de los mayores escándalos por abuso sexual infantil y encubrimiento que ha involucrado a la Iglesia católica de Argentina. Uno de los cabecillas de la trama fue Corradi, que fue enviado desde el Instituto Provolo de Verona hacia el de Mendoza en los años sesenta. Las autoridades eclesiásticas de los centros estaban al tanto de la existencia de denuncias de violación de menores en Verona y en vez de expulsarlo, decidieron trasladarlo lo más lejos que pudieron. Una vez asentado en Argentina reanudó los abusos. En 2019, ya octogenario, le llegó la condena que había esquivado toda su vida. Falleció durante la pandemia de covid, en 2021.
La primera denuncia en el Provolo de Mendoza tuvo lugar en 2008, pero no prosperó: la justicia la archivó al cabo de unos meses. El infierno que vivieron las víctimas se comenzó a conocer en 2016, cuando la institución fue intervenida y estalló el escándalo que derivó en una nueva denuncia y las condenas de los responsables.








