“El dinero nunca duerme”, sentenciaba el codicioso Gordon Gekko en Wall Street (1987). Con Bolsas como las de Nueva York, Nasdaq o Corea del Sur estudiando ampliar sus horarios a imagen y semejanza de los mercados de criptoactivos, la imagen cobra sentido más que nunca, si bien es en periodos estivales como el actual cuando la menor actividad de los mercados puede llegar a ir de la mano de capítulos de mayor volatilidad y sobrerreacción de los inversores.
La IA, la guerra en Oriente Próximo y la inflación bloquean el camino a nuevos máximos bursátiles









