Ámbar de Leo (36) es tucumana, influencer trans, que trabaja con marcas de ropa y, además, es creadora de contenido. En las últimas horas su imagen y su palabra de viralizaron a partir de haber sufrido un ataque en una verdulería de Villa Urquiza donde no faltaron insultos discriminatorios y violencia física.
La trifulca ocurrió en la noche del lunes en un local de Bauness y Blanco Encalada. Las imágenes y los gritos quedaron grabados porque Ámbar estaba acompañada de su amiga Martina Isabella, quien captó con su teléfono las escenas dignas de un culebrón (malo). Todo comenzó cuando De Leo estaba haciendo compras y, de acuerdo a su explicación en un video, una mujer desde afuera del local comenzó a lanzar incesantes comentarios homofóbicos que tenían que ver con su cuerpo.
“Yo los escuchaba y se hicieron tan intensos que me acerqué y le pregunté qué problema tenía. Me negó que hablara de mí cuando era algo más que evidente y la discusión se hizo cara a cara, cada vez más acalorada y le hice así con la mano -muestra que le tocó la cara con la parte externa de sus dedos-. Después hizo un acting digno de una novela”.
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Insultos, golpes y tensión en una verdulería de Villa Urquiza.l
También la propia Ámbar grabó lo que sucedía dentro de la verdulería y en la calle, donde se acercaron muchos vecinos para presenciar el desopilante conventillo. “Me pegaste una trompada, sos un hombre vos. Le acabas de pegar a una mujer, yo soy discapacitada, vos sos un macho”, se escucha a la otra persona desbordada.
Como si fuera poco, la escena que hubiera anhelado el propio Alberto Migré tuvo su punto culminante con un desmayo de película clase B, que el propio Migré hubiera hecho repetir, retos mediante. “De acá vos no te vas y no me filmes. Si le pasa algo a mi hija, vas preso”, se escucha a la madre de la presunta víctima del cachetazo.
Pasadas 48 horas de la pelea, las esquirlas rebotaron por todas partes y Ámbar mostró, explicó y aclaró todo en su Instagram, que pasó de tener 100 mil seguidores a 225 mil. En las últimas horas del miércoles, De Leo hizo la denuncia en la Comisaría 12B de Villa Urquiza por agresión y discriminación. Le dieron un botón antipánico y la policía dispuso una perimetral para que no se le puedan acercar las personas (madre, padre e hija) con las que mantuvo la discusión.
La vida desde que es Ámbar
Desde su adolescencia en Concepción, a 70 kilómetros de San Miguel de Tucumán, que siempre se sintió una chica y se proyectó como mujer, aunque nació varón. Cuando le dijo a sus padres que “a partir de ahora soy Ámbar” se encontró con una aceptación a medias, ya que el impacto que sacudió a sus padres, mezcla de enojo y desconcierto, duró unos días.
“Nací en una familia hermosa, que siempre me apoyó y mi papá, con el tiempo, me dijo: ‘Elegí lo que vos quieras y te haga feliz. Si ahora sos mi hija, te voy a seguir amando’. Fue una suerte tener esa devolución, no siempre es así”, se ve en un video de hace unos años.
En Tucumán empezó a trabajar con redes sociales y rápidamente se hizo viral, al punto que se sintió abrumada y pensó en dar vuelta la página. ¿Cómo? Viajando a Buenos Aires en 2023, adonde llegó y empezó a tener más presencia trabajando con marcas de ropa y productos de belleza, también haciendo modelaje y actuación. Vivió en Vicente López, Coghlan, Belgrano y desde hace dos semanas alquila en Villa Urquiza.
Ámbar De Leo, junto a su amigo politólogo Ivo Flammer. “Es una chica elegante, culta y que se sabe defender muy bien”.“Yo la conocí en las redes hace cuatro años y hoy me considero uno de sus mejores amigos. Cuando nos vimos, sintonizamos de inmediato. Es una gran mujer, buena madera, una chica de perfil bajo, sobria, culta, con buen léxico y que tiene mucho sentido del humor. Ese humor especial como el que podría tener Lizzy Tagliani pero más elegante. Ámbar es pura delicadeza, nada vulgar, una señora que no se mete con nadie”, la define Ivo Flammer, politólogo y asesor.
Cuenta Ivo que lo que más lo cautivó de Ámbar es su personalidad y don de gente. “Ella se crio en un pueblo de Tucumán y contra todo lo que podría imaginarse, se ganó un lugar y sobre todo el respeto, simplemente por su manera sincera de ser. Sin ínfulas ni soberbia, peleándola desde abajo, resiliente, nacida en una familia humilde y con valores. No necesito defenderla, ella lo hace muy bien, se notó, ¿no?”, desliza Flammer.
Según lo reconoció a Leo Servetti, comunicador e influencer, también “juega” a ser una escort (acompañante) muy selectiva. “A diferencia de la mayoría de las trans, Ámbar no lo hace como fuente principal de ingresos, ni porque no le queda otra, sino por una cuestión de gusto y porque lo toma como un juego de: ‘sé lo que valgo, querés estar conmigo, te sale tanto’. Lo maneja muy parecido a como se manejan en el ambiente artístico”, apunta Flammer
“Hay personas que siguen enviándome mensajes insultando y diciendo que me merezco la violencia”, escribió Ambar en sus redes sociales.Como amigo más que vocero, Flammer siente que “Ámbar no sufre la discriminación de la gran ciudad porque no es una mujer que en la calle llame la atención por gestos ampulosos. Sobresale porque es una dama que mide 1,83, entonces la situación que padeció en la verdulería es una cosa esporádica. De todas maneras, la comunidad trans es muy discriminada dentro del universo gay, son el último orejón del tarro, con lo cual está acostumbrada a la mirada del otro”.
Agotada física y mentalmente por tamaña exposición, Ámbar decidió llamarse a silencio por unas horas, hasta que, amablemente, le respondió a Clarín algunos aspectos de su vida. “Siempre disfruté la vida de un chico gay, me encantaba, hasta que a los 25 años, de la noche a la mañana, decidí llamarme Ámbar, creo que era un miércoles y el viernes fui a un boliche siendo una chica, ya convertida en Ámbar Venía vistiéndome de manera muy femenina y me daba vergüenza que me llamaran por mi nombre anterior”.
La transición no fue tan complicada, quizás más sencilla de lo que imaginaba. “Porque lo que me importaba era el apoyo de mi familia, no el de la sociedad, aunque yo me planté desde el vamos, nunca me importó el qué dirán y me puse firme: ‘me van a tener que respetar y todos me van a tener llamar Ámbar y así fue, decidida como fui siempre y sin miedo del entorno. Soy lo que siempre quise ser, siempre me sentí libre, nunca pedí permiso para ser Ámbar”.








