Hoy se celebra el Día del Niño, pero hace 13 años los festejos por esa misma fecha fueron la antesala de una de las fugas más escandalosas de la historia carcelaria argentina. Durante varios días, el penal de máxima seguridad de Ezeiza había sido escenario de celebraciones, visitas y actividades. El lunes 19 de agosto de 2013, trece presos escaparon del penal.
El episodio puso rápidamente en discusión algo más que la capacidad de un grupo de detenidos para vulnerar la seguridad de una prisión federal. ¿Cómo habían conseguido perforar el piso de una celda, atravesar una gruesa estructura de hormigón y superar distintos cercos sin ser descubiertos? La magnitud de la evasión instaló desde las primeras horas las sospechas sobre una posible ayuda desde adentro.
Entre quienes habían conseguido salir del Complejo Penitenciario Federal I aparecían delincuentes con extensos prontuarios, asaltantes de bancos y blindados y hombres que ya habían protagonizado otras fugas. Dos de ellos, además, estaban vinculados al Primeiro Comando da Capital (PCC), una de las organizaciones criminales más poderosas de Brasil.
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El agujero de la celda 22. El punto de partida fue el pabellón B del Módulo 3. Más precisamente, en la celda 22, ocupada por el brasileño Renato Dutra Pereira, conocido como Renatinho.
Allí apareció un boquete de aproximadamente 40 por 22 centímetros. Para abrirlo había sido necesario atravesar unos 30 centímetros de hormigón. El hueco permitía bajar alrededor de un metro y conectaba con un pequeño túnel que llevaba hacia el exterior del pabellón.
Desde ese punto los presos todavía debían avanzar por el predio y sortear las sucesivas barreras que separaban el módulo del exterior. Algunos de los alambrados habían sido cortados y los investigadores intentaron establecer cómo habían conseguido las herramientas necesarias para hacerlo.
Dos de los trece ni siquiera lograron alejarse demasiado. José Durán y Claudio “Pájaro” Ortiz fueron encontrados embarrados y desorientados en la zona de Cañuelas. Para otros, en cambio, comenzaba una nueva vida que se extendería durante años.
Las sospechas y el Día del Niño. Durante los días anteriores a la fuga se habían realizado actividades en el penal por el Día del Niño. Habían entrado familiares, músicos y otras personas. Una de las hipótesis que circuló en la investigación fue que ese movimiento pudo haber facilitado el ingreso de elementos utilizados para preparar el escape. Nunca se acreditó que hubiera ocurrido de esa manera.
El entonces director del Servicio Penitenciario Federal, Víctor Hortel, sostuvo que una evasión de semejantes características requería complicidades internas y apoyo logístico externo. Presentó su renuncia.
Pero, mientras se discutía cómo habían salido, los principales prófugos ya escribían el segundo capítulo de la historia.
Renatinho. La celda de Renato Dutra Pereira había sido el punto de partida del escape. El brasileño, relacionado con el PCC, consiguió regresar a su país después de la fuga y volvió a aparecer vinculado con delitos en la zona de la Triple Frontera.
Su libertad duró menos de cinco meses. En enero de 2014, policías brasileños lo localizaron en Foz de Iguazú. El operativo derivó en un enfrentamiento armado y Dutra murió. En el lugar fueron encontradas armas, chalecos antibalas y teléfonos celulares.
El recorrido de Thiago Ximenes, alias Matrix, tuvo una particularidad: Ezeiza no fue la última cárcel de la que consiguió escapar.
También vinculado al PCC, ya había protagonizado una evasión antes de 2013. Luego de su paso por Argentina terminó detenido en Paraguay, donde acumuló nuevas causas y condenas.
En diciembre de 2018 volvió a fugarse, esta vez de la Agrupación Especializada de la Policía paraguaya. Permaneció casi tres meses prófugo hasta que fue recapturado en marzo de 2019 en Villa Ygatimí, en el departamento de Canindeyú.
Mario Enrique Bagnera Paiva también logró mantenerse fuera del alcance de la Justicia después del escape. Fue localizado en Montevideo pero su historia continuó acumulando capítulos judiciales mucho después de 2013.
En mayo de 2025 fue condenado a prisión perpetua por su participación en el violento asalto a un blindado del Banco Provincia ocurrido en 2010 sobre la Panamericana. En aquel ataque fueron asesinados los policías Darío García y Rubén Fangio. La Justicia consideró a Bagnera coautor penalmente responsable de los homicidios cometidos durante el robo.
Banana. Si hubo un prófugo que consiguió prolongar aquella noche de libertad fue Martín Alejandro “Banana” Espiasse. Cuando escapó ya tenía una historia marcada por los asaltos y las evasiones. En 2010 había fugado del Hospital Central de Mendoza durante un traslado médico y dos años después fue condenado a prisión perpetua en Chubut por el asalto al Ministerio de Economía provincial de 2007, un golpe en el que murieron dos policías.
Después del escape de 2013 consiguió permanecer cuatro años fuera del alcance de las autoridades.
La búsqueda terminó en noviembre de 2017 en Mendoza. Su capacidad para utilizar identidades diferentes había sido uno de los obstáculos durante la persecución. La historia criminal de Espiasse fue reconstruida años después por el periodista Federico Fahsbender en el libro El trueno en la sangre.
Otros destinos. No todos consiguieron permanecer tanto tiempo prófugos. Marcos Ezequiel Sánchez, por ejemplo, fue recapturado pocas semanas después. Su caída se produjo luego de participar de un asalto a una sucursal del Banco Galicia en Martínez.
La historia de Alberto Manuel “Aceite” Freijo se extendió mucho más allá de Ezeiza. Años después volvió a ser buscado, esta vez acusado por el asesinato de un cajero del Banco Nación, y terminó muerto tras un enfrentamiento con efectivos de la Policía bonaerense.
Otros fueron recapturados sin alcanzar la notoriedad que tuvieron Dutra, Ximenes, Bagnera o Espiasse. Los trece habían salido por el mismo lugar, pero la libertad duró para cada uno un tiempo diferente.
El boquete los reunió durante una noche. Sus destinos terminaron escribiendo el resto de la historia.
El otro plan que salió mal
L.N.
Una década después del escape por el boquete, la cárcel federal de Ezeiza volvió a quedar en el centro de un plan de fuga, esta vez con un método muy diferente. Según la acusación, el jefe narco rosarino Esteban Lindor Alvarado ideó un operativo para escapar en un helicóptero Robinson R44 que habría sido adquirido con dinero proveniente del narcotráfico.
El plan contemplaba que la aeronave descendiera o volara a baja altura sobre el sector de recreación de la Unidad Residencial III mientras los detenidos estuvieran en el patio. Alvarado subiría junto a otro preso y ambos serían trasladados hasta una zona rural de General Rodríguez, donde los esperaba parte de la organización.
La maniobra comenzó a ejecutarse el 10 de marzo de 2023. El helicóptero estaba oculto en un hangar cercano a Gualeguaychú y los acusados llevaron hasta allí a un piloto para realizar el vuelo. Sin embargo, el rescate nunca ocurrió: el piloto desistió y la aeronave, que además sufrió una falla mecánica, terminó en un predio de Francisco Álvarez.








