La fiesta de Canadá es un punto ante Bosnia

La fiesta de Canadá es un punto ante Bosnia

El Mundial pasó de Ciudad de México a Toronto. Un salto de 4.000 kilómetros de la primera a la segunda jornada. Contrastes propios de esta Copa elefantiásica, variación geográfica y ambiental, del colosal Azteca al Toronto Stadium, recinto que recuerda al Ramón de Carranza antes de la reforma. Escenario fronterizo, propio de los orígenes victorianos del fútbol, para acoger el debut de Canadá, un organizador sin grandes pretensiones. Animada por Alanis Morissette en la interpretación de O Canada, la hinchada se entregó a una fiesta discreta. Tanto que celebró el empate ante Bosnia después de un partido trabado hasta el final, hasta que Cyle Larin recibió una pared de Promise y se giró como un ciclón para desorientar a Muharemovic en la frontal del área y mandar el balón a la red. Fue la pócima contra la angustia. La liberación. La remontada. El 1-1 que evitó el escarnio del anfitrión. El mejor resultado de la historia de la participación de la selección norteamericana en la Copa del Mundo.

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