Tres días de polémica bastaron para que Jorge Rodríguez diera la estocada final. El presidente de la Asamblea Nacional venezolana le asestó este martes el golpe de gracia a Alex Saab, el testaferro de Nicolás Maduro, deportado el sábado a Miami, donde afronta cargos por lavado de dinero y sobornos a altos funcionarios. “Desde el 2019, el de Alex Saab es un tema de él con agencias estadounidenses (…) Ya se van a enterar todos y todas ustedes qué tipo de relación tenía y tiene con esas agencias”, señaló. Fue la puntilla a la caída de uno de los grandes símbolos de la época de poder de Maduro, una figura que todos defendieron y alabaron, incluyendo el propio Rodríguez, que lideró la negociación para traerlo de vuelta desde una cárcel de Estados Unidos. El de Saab es quizás el episodio que mejor retrata, hasta ahora, la nueva estrategia del poder en Caracas.
En un largo discurso, Jorge Rodríguez no solo acusó a Saab de seguir vinculado con agencias estadounidenses —una colaboración revelada como puntual en 2022—, sino que dejó abiertas multitud de incógnitas sobre el empresario, como si lo que se supiese hasta ahora —la corrupción, el desfalco o el supuesto fraude en su nacionalidad venezolana— fuese solo una parte de su hoja de vida criminal. “¿Podría haber otros actos criminosos?”, se preguntó.
La respuesta, según fuentes judiciales, es sí. Tras su detención en febrero en extrañas circunstancias, se ha ido alimentando el relato de que Saab, más allá de la amistad que pudiese tener con Maduro, tenía su propia agenda y el suficiente poder para ejecutarla. Por encima de quien hiciese falta.
Los cuestionamientos alrededor de la entrega de Saab por parte de los fieles chavistas, pero también de la oposición, levantaron una enorme polvareda. ¿Por qué trataban a Saab como un ciudadano extranjero cuando durante años se reivindicó con honor que era venezolano? ¿La deportación era legal? ¿Por qué Delcy Rodríguez entregaba una pieza tan clave del poder chavista hace tan solo unos meses? ¿Qué ganaban subiéndole el perfil a alguien que ya estaba olvidado? La nueva cúpula chavista dejó casi un par de días para que bajase la marea y salió al ataque: los desmanes de Saab ahora no iban con ellos.
El primero en salir fue Diosdado Cabello, que este lunes aseguró que Saab había obtenido la nacionalidad venezolana de forma fraudulenta. Después habló Delcy Rodríguez para sostener que todo lo que se había hecho desde el 3 de enero había respondido al interés de Venezuela, incluido entregar a Saab. Y después Jorge Rodríguez, el mismo que lo rescató en 2023 de su primera extradición. El presidente de la Asamblea Nacional recurrió al caso del general cubano Arnaldo Ochoa —héroe de la Revolución, fusilado por Fidel Castro en 1989 por narcotráfico— para construir su argumento: que alguien haya traicionado la confianza no mancha a quien la depositó.
Ninguno de ellos parece lamentar la pérdida del íntimo aliado de Maduro, sino haberse quitado un peso de encima. Durante casi tres años, todo el aparato chavista se movilizó por su liberación cuando fue detenido en Cabo Verde, en 2020, con pasaporte diplomático venezolano. El diputado Jorge Arreaza, entonces canciller, Delcy Rodríguez o su hermano Jorge convirtieron su “secuestro” en una causa de Estado. Maduro lo recibió en Miraflores, lo llamó héroe de la patria y lo nombró ministro. Tres años después, con Maduro entre rejas, parte de ese reparto lo ha dejado caer por el precipicio.
El caso Saab es el más evidente, pero el desguace de la arquitectura de poder madurista lleva meses en marcha. Uno de los problemas que enfrenta Rodríguez, precisamente, es cómo desmontar parte de la estructura que armó su exjefe sin herir sensibilidades internas, que estos días están a flor de piel.
El desplazamiento del poder de los íntimos de Maduro ha sido evidente todos estos meses, pero el Gobierno se ha cuidado de presentarlo como una búsqueda de perfiles más técnicos. Delcy Rodríguez ha cambiado al 40% de sus ministros y al mando de las fuerzas armadas sin llamarlo purga. Este martes, su hermano Jorge fue algo menos sutil y habló directamente de jueces delincuentes y ladrones y de “limpiar el país de alimañas”.
Antes de Saab, el colombiano, se cerró el dramático capítulo de otro Saab, el fiscal poeta. Tarek William Saab, el exfiscal general que durante una década encarnó el brazo punitivo del régimen, también perdió toda su influencia tras la caída de Maduro. Su vocación escénica y temperamento narcisista están ahora al servicio de un cargo irrelevante en la nueva era: jefe de la Gran Misión Viva Venezuela, Mi Patria Querida, un programa para impulsar la música, danza y valores culturales tradicionales del país. Del hombre que metía en la cárcel a opositores… a jefe de una misión de folclore.
También han caído buena parte de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, un organismo que fue colonizado sistemáticamente por parientes y leales de Cilia Flores —la esposa y diputada que, junto a Maduro, controlaba de facto todo el Estado— y que la propia Delcy Rodríguez ha señalado como parte del entramado de corrupción que dice querer desmantelar. Y la presidenta del Banco Central de Venezuela, Laura Guerra, excuñada de Maduro y tía de su hijo Nicolás Maduro Guerra, ha corrido la misma suerte y fue apartada de una institución que también formaba parte de ese sistema.
Con su discurso, Rodríguez marcó la hoja de ruta. Ejecutó a Saab simbólicamente, se exculpó como negociador y advirtió tanto a los chavistas como a la oposición de que la purga no ha terminado: “Y el que robe, el que traicione la confianza depositada por el pueblo de Venezuela, tiene que ser encausado”.







