El avance de Kimi K3 volvió a poner a China en el centro de la carrera global por la inteligencia artificial y reavivó el debate sobre el liderazgo tecnológico de Estados Unidos. Para Gabriel Merino, el nuevo desarrollo chino no solo desafía la supremacía de los modelos occidentales, sino que expresa una revolución de costos, infraestructura y planificación que puede modificar el mapa del poder mundial.
En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil y Radio Perfil (AM 1190), el investigador y especialista en relaciones internacionales analizó las diferencias entre los modelos de desarrollo de ambas potencias, el papel del Estado chino y la particular relación entre el poder político y el capital privado. Para Merino, detrás del avance tecnológico aparece un sistema en el que “el capital no gobierna” y la innovación se articula con objetivos estratégicos de largo plazo.
Doctor en Ciencias Sociales, licenciado en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata, se desempeña como investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Investigación de Humanidades y Ciencias Sociales. Además, es profesor en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad Nacional de Mar del Plata, es un referente en el análisis de las relaciones internacionales, coordinando el grupo de trabajo de CLACSO sobre China, el mapa del poder mundial. Dirige proyectos sobre la transición del poder global y América Latina. Entre sus últimos trabajos publicados se encuentran los libros China en el desorden mundial y Nuestra América, Estados Unidos y China. Recibimos en Modo Fontevecchia a Gabriel Merino.
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—Bueno, Gabriel, un gusto volver a conversar. China volvió a sacudir la industria tecnológica con el lanzamiento de Kimi K3. Yo tengo el Kimi común y lo pruebo cada tanto, pero supongo que esto es una versión infinitamente más avanzada, comparable con aquellas presiones norteamericanas que incluso el gobierno limita su uso a extranjeros. ¿Cómo podríamos comparar la situación actual en el desarrollo de la inteligencia artificial de China con Estados Unidos?
—Bueno, golpeó la mesa otra vez China en tecnología de inteligencia artificial. Volvió a hacer lo que hace un año parecía imposible. Ya había abierto una grieta con DeepSeek, muy grande, y ahora con Kimi K3 refuerza esa tendencia. Creo que había algo que decía Jensen Huang, que era el CEO de NVIDIA: que el ecosistema de inteligencia artificial tiene cinco capas, cinco dimensiones. Una, la energía. Ahí dominaba China, y lo dijo Elon Musk hace poco: en China la energía es imbatible, y la inteligencia artificial necesita energía. Alternativa, decimos, y encima produce dos veces más energía eléctrica que Estados Unidos, y se espera que produzca cuatro veces más en la próxima década. Y en gran medida la inteligencia artificial, o sea, para entrenar un modelo como Kimi K3, está la energía de una pequeña ciudad.
—Bueno, al mismo tiempo tiene también cuatro veces la población. Entonces resulta lógico que su consumo de energía tenga esa proporción, por habitante por lo menos.
—Claro, pero ¿cuál es la ventaja? Producir energía mucho más barata. Hay un montón de proyectos de energía nuclear y uno ve los costos de desarrollo de esa energía nuclear y son varias veces menores que los de Estados Unidos, que hace años que no construye, además. Pero ahí hay un tema central. Entonces, Estados Unidos, que sí lideraba claramente los modelos de grandes lenguajes hasta hace poco, con lo que viene a ser Kimi K3 se pone en duda eso. Rompió ese esquema o ese monopolio que tenía Estados Unidos. Nosotros lo veíamos con ChatGPT, con Claude, con los modelos occidentales de inteligencia artificial, o estos modelos de razonamiento, de información no estructurada. Bueno, nosotros chateamos en el celular, buscamos información o pedimos algún servicio. Entonces, ahí empardó, o por lo menos eso cambió claramente. Estados Unidos tenía una ventaja, y todavía se cree que tiene una ventaja, en lo que son chips avanzados. Y por eso restringía estos chips avanzados de NVIDIA, los de vanguardia, para que China no desarrollara. Pero ahí lo que obligó a China es a hacer un desarrollo autónomo. Entonces, también China le está pisando los talones en ese sentido.
Y China lidera, a su vez, dos cuestiones claves: infraestructura, centros de datos y fibra óptica. Entre paréntesis, la discusión con Huawei tiene que ver con eso, y por eso las presiones para que Huawei no avance en América Latina y en el mundo. Ya viene desde 2018, pero China lidera eso por lejos. Y China lidera la aplicación de la inteligencia artificial en procesos productivos concretos, o sea, cómo usás esa inteligencia artificial para industria y servicios, o agro también, procesos productivos. Y el tema es que China lo que viene haciendo es una revolución de costos. O sea, te ofrece DeepSeek a un 90% menos, con un 90% de descuento, o 99%, dice Axios, en una nota que publicó este portal estadounidense, el mismo servicio que te ofrecen los modelos más avanzados de Claude. Bueno, o Kimi K3 también tiene parámetros muy similares a los modelos de inteligencia artificial estadounidenses, pero son muchísimo más baratos. Entonces, ahí hay una primera cuestión clave a analizar: ¿por qué China está, o qué implica esa revolución de costos que China está generando en todos los sectores de alta tecnología? Lo vemos en autos eléctricos.
Y la otra cuestión que también revoluciona en este modelo de Kimi K3, que duplica en parámetros a DeepSeek, y que tiene toda esta potencia, es que China hace lo que se llama código abierto, o pesos abiertos, para ser más específicos. ¿Qué quiere decir eso? Para simplificarlo, un desarrollador, una pyme de software argentina, puede agarrar el modelo y utilizarlo para dar servicios de software. Pero, digamos, vos podés tomar ese modelo, tomar el código y repetirlo y aplicarlo en un proceso. Entonces, eso también rompe el modelo de negocios estadounidense, porque te está ofreciendo código abierto y encima está ofreciendo un producto muchísimo más barato.
—Gabriel, yo entiendo que la revolución de costos, en el caso de China, tiene que ver con la escala. O sea, hay un costo fijo que en la fabricación de cualquier producto existe y no es lo mismo si vos fabricás un millón de unidades que si fabricás 100 millones de unidades. Y, por lo tanto, la ventaja de escala de una población de 1.300 millones de habitantes genera una revolución de costos. Ahora, en el caso de la inteligencia artificial, todo lo que se ve es que hoy es a pérdida. Es decir, las empresas norteamericanas incluso queman dinero en cantidades siderales. Hay discusiones sobre si no se está generando una burbuja. ¿Cómo se financia, en el caso de China, lo que en Estados Unidos se financia con dinero y Wall Street?
—Bueno, en el caso de China yo creo que hay que entender que el modelo es distinto. Entonces, yo provocativamente hablo de un nuevo momento Ford. ¿Qué momento Ford? Porque, para entender lo que está pasando en China hoy, hay que pensar en la revolución que hizo el fordismo a principios del siglo XX. Ya Estados Unidos era la principal plataforma industrial del mundo, pero ahí se empezaron a generar un conjunto de innovaciones, tanto tecnológicas como de organización: organizar los procesos productivos, la línea de montaje, la producción en serie, en masa, la estandarización, una nueva forma de relaciones laborales, el salario, el trabajador asalariado fijo con un buen sueldo en la fábrica, pero también otros arreglos estatales. Empezó a haber un nuevo modelo de acumulación en Estados Unidos, que empezó a tener muchas más ventajas competitivas no solo por escala, sino por esas innovaciones, por cómo organizaba la producción, cómo organizaba la integración vertical de sus corporaciones. Empezó a tener muchas ventajas con respecto al capitalismo británico, basado en el paradigma liberal anterior y la gran industria, e incluso el alemán también.
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Entonces, ese socialismo de mercado de China ha logrado combinar mercados, justamente, pero con una planificación estratégica pública de distintos niveles, tanto a nivel nacional, provincial como de ciudades y pueblos, una planificación pública y una capacidad de destinar mucho excedente a objetivos de desarrollo. Yo quiero desarrollar la inteligencia artificial en tantos años, o quiero desarrollar vehículos eléctricos, y me pongo eso como meta y articulo sector público con sector privado, universidades, centros de investigación, empresas privadas, empresas públicas, empresas mixtas, en función de ese objetivo. Pero meto mecanismos de mercado también. ¿Para qué? Para que sea eficiente en los procesos, para no destinar recursos a cualquier lado. Entonces, China tiene un enorme excedente porque tiene una tasa de inversión de arriba del 40% del PBI. Es una tasa de inversión descomunal, y esa en gran medida se basa porque tiene una mucha capacidad de ahorro, pero además una enorme capacidad de que el sector público destine ese excedente a proyectos de desarrollo.
Y aparte, bueno, la escala es un costo, pero yo creo que cómo combina procesos productivos con el sector público y el privado le da una ventaja también muy grande de costos, porque es muy distinto al modelo occidental. ¿En qué sentido? Para que se entienda: el modelo capitalista, y sobre todo el actual de Estados Unidos, se basa en enormes procesos de inversión y captación de capital para rentabilidades de corto plazo y, sobre todo, mucha rentabilidad financiera. Se le exige, o sea, hay una presión sobre los sectores tecnológicos de vanguardia y distintos sectores de la economía para obtener una rentabilidad financiera de corto plazo. Y además hay un círculo ahí, porque hay una enorme masa de dinero que vuelca la Reserva Federal, la emisión monetaria, y va al sector financiero, que a su vez exige retorno y retorno y retorno. En China eso no es tan así. Es otro modelo. No está apuntando a alimentar un sector financiero voraz en China; por el contrario, hasta no le dan tanta importancia a eso. Entonces, esto hace que la inversión productiva tecnológica en China sea muchísimo mayor, que se guíe además por objetivos de desarrollo, no solo por objetivos de obtención de ganancias a corto plazo, sino por objetivos de desarrollo. Yo quiero desarrollar estos, como se propuso en 2015 China, quiero desarrollar estos diez sectores, y con una enorme capacidad de administrar excedente económico para destinarlo a esos sectores.
—Entonces, se me hace que el modelo financiero es diferente.
—Sí, completamente diferente.
—Y el modelo empresario, por ejemplo. Se repite cada tanto: ahora metieron preso al mayor desarrollador inmobiliario. Hace un tiempo había desaparecido durante una cantidad de meses el equivalente al dueño de Mercado Libre, podríamos decirlo así, el hombre del desarrollo económico digital más exitoso de China. ¿Cómo es el desarrollo empresario? ¿Lo meten preso cada tanto cuando se salen de la caja?
—No, ahí hay una cosa que es parte de un contraste. Obviamente, es otra cultura, otro sistema político. A veces a nosotros nos cuesta entenderlo desde nuestros parámetros, desde las visiones republicanas, liberales o iliberales, que también empiezan a haber cada vez con más frecuencia. Pero nosotros estamos acostumbrados, sobre todo en Estados Unidos y en los modelos occidentales, y en Estados Unidos eso se exacerba, a que el sistema funcione con un dominio y un peso absoluto del gran capital y los grandes capitalistas, que incluso son las fuerzas que conducen el Estado en gran medida, mediados por los sectores políticos e institucionales. Pero es más: ahora estamos viendo hasta cómo funcionarios de las grandes tecnológicas son parte y tienen cargos en el Pentágono, no solo en el Estado, como Elon Musk hace poco administrando sectores estatales, sino incluso dentro de las Fuerzas Armadas. Pero es el sector privado y el sistema funciona para alimentar a ese sector privado. Por eso yo, en relación a lo anterior, fíjate que desde 2008 o 2010, Wall Street, el índice bursátil, aumentó un 900%. La economía estadounidense aumentó en estos años, desde 2008, un 100%, pero con 60 de inflación. O sea, hay un desfasaje entre economía real y economía financiera muy grande y hay un sector del capital muy poderoso. Por eso cada vez se ven más tendencias plutocráticas. Esto lo advierte hasta Martin Wolf, del Financial Times, diciendo que es cada vez más este sector plutocrático el que gobierna Estados Unidos y que, de alguna manera, alimenta su propio poder, su proceso de acumulación, etcétera.
En China, si hay algo que tiene el modelo, es que el capital no gobierna, por eso es socialismo de mercado. Todo muy lindo: vos podés tener una empresa privada y competir en el mercado, y tener libertades de mercado. Podés incluso participar de distintos procesos estatales porque, de hecho, con la idea de triple representatividad, muchos sectores empresariales son parte de las discusiones del Estado, del partido, de los otros partidos que existen en China, porque hay, además del Partido Comunista, ocho partidos llamados democráticos que son parte de la vida política china, aunque no en un sistema electoral como el sistema republicano occidental. Hay empresas que participan, pero no pueden ni conducir al Estado ni imponer sus condiciones en el mercado. Ese sector empresarial está bastante más disciplinado. Cuando ese sector, por ejemplo con Evergrande, esta gran empresa constructora, estafó a gran parte de la población china o hizo acciones hiperriesgosas, a diferencia de lo que pasó con la crisis de 2008 en Estados Unidos, que el Estado salió a rescatar a ese sector…
—Vamos a ponerlo en términos concretos. El famoso tema de las crisis de las hipotecas en 2008. En China se construyen viviendas, imagínense, se construyen viviendas para 500 millones de personas que tenían que ir a la ciudad sin parar. Entonces este señor, desarrollador inmobiliario, realizó operaciones financieras en las que estafaba a parte de los compradores. ¿Vos dirías que si el Mercado Libre de China cobrara 1.700% de tasa de interés, su equivalente en China iría preso?
—Primero le tratarían de hacer razonar que eso está mal. Y si no razona, probablemente sí. Si hay algo que tuvo mucha capacidad China para armar ese socialismo de mercado, desde la reforma de Deng Xiaoping en adelante, fue que el capital existe y se desarrolla, pero de forma muy disciplinada. O sea, muy subordinado al sector público, al conjunto de la sociedad. Incluso esto hasta lo ves en las comunidades. Hay sectores capitalistas, pero tienen que…
—La cultura china es más colectivista, eso desde ya, y entonces a partir de ahí se ordena todo.
—Hay algo que dice Kissinger en su libro China: nunca en China existió algo así como el duque de Melbourne. O sea, un sector privado que tenga un actor privado, un burgués o un noble, que tenga un poder absoluto y tan fuerte sobre el Estado. Eso no existió en la historia de China. Y existían sectores capitalistas desde la dinastía Song, que hace la revolución industriosa en el siglo XI. Había sectores que hoy podemos llamar capitalistas, incluso casas capitalistas.
—Sí, el mercantilismo.
—Claro. Una enorme economía de mercado que incluso Adam Smith observaba como gran economía de mercado y estudiaba China a lo lejos. Adam Smith estudió dos grandes economías de mercado: la de desarrollo natural, que era China, y la de desarrollo antinatural, que eran los Países Bajos. Le decía antinatural porque partía del dominio del comercio exterior y de ahí el desarrollo de la industria y el agro. Y en China, en cambio, era desde el agro a la industria y después de ahí el comercio exterior. Pero aunque había sectores mercantilistas, nunca en la historia china existió eso. Y menos, obviamente, después de la revolución del 49, que si bien con la reforma de Deng Xiaoping dijo: “Bueno, volvamos a una economía de mercado”, en el sentido de que existan sectores capitalistas, el sector privado… En China es todo medio mezclado porque tenés mucha propiedad pública. Solo la ciudad de Beijing tiene 33.000 empresas públicas. Y algunos de los autos eléctricos que vemos en las calles son, en realidad, de empresas públicas chinas. Por ejemplo, BAIC, que es la empresa de construcción de automóviles de Beijing, o SAIC, que es la empresa de…
—De Saigón.
—De Shanghái, perdón. Entonces, un sector público muy grande. Huawei, todo el mundo se sorprende, pero es una cooperativa o algo así, porque en realidad el dueño tiene menos del 1% de las acciones y el 99% de las acciones de Huawei son de los trabajadores, a través de una especie de sindicato. Entonces, tenés mucha propiedad mixta. De hecho, la reforma y apertura que hizo China le dijo a la inversión extranjera directa: “Bueno, vení, pero tenés que hacer sí o sí una asociación, una joint venture, un acuerdo”.
—A ver, explicale a los legos occidentales cómo se construye lo que peyorativamente, y a mi juicio mal, llama Milei “casta”. Digamos, en toda sociedad Pareto planteaba que siempre había un 20% que dirigía y un 80% que seguía las instrucciones de la dirección. En el caso del comunismo, el comunismo soviético también había una casta dirigente. O sea, no hay sociedad que no tenga un sistema piramidal para ejecutar las órdenes, mando-comando y control, para llamarlo en términos militares concretos. ¿Cómo se desarrolló esa distribución vertical en la producción china? ¿Cuál es la relación del empresariado, el emprendedor, el Estado? ¿Cómo se lleva adelante y quién es la dirigencia, y qué ventajas tiene la dirigencia respecto del resto? Un gobernador versus el dueño del 1% de Huawei: ¿quién tiene más riqueza, más poder, más influencia? ¿Cómo se distribuye el poder?
—Bueno, China es un sistema muy distinto al nuestro, a veces nos cuesta entenderlo. A veces se descarta: “Bueno, es una dictadura”, o “una autocracia”, y dejamos de analizar el sistema para entenderlo. Después no te puede gustar o no. Hay algo que dice Daniel Bell, politólogo, que es bastante interesante sobre el modelo político chino. Él dice que el modelo político chino, para entenderlo, combina tres aspectos. Ante todo, tiene una fuerte meritocracia a nivel nacional, o sea, a nivel federal.
—¿Y esa meritocracia qué la constituye? ¿La constituye la acción política?
—Sobre todo la acción política. O sea, son dirigentes que se van formando. Xi Jinping pasa del puesto más bajo al más alto y lo que tiene que ir demostrando, por eso es meritocracia, son logros de gestión. Cuánto creció el PBI cuando administró la zona tal, la aldea tal o la provincia. A medida que vas demostrando… No quiere decir que no exista lo que acá llamamos la rosca política y todo eso, y las internas de partido, las líneas. Uno dice que hay que hacer más socialismo, otro dice que hay que hacer más mercado. Todo eso existe. Hay uno que es más proempresarial; ahora perdió peso esa línea más liberal, entre comillas, a lo China. Pero lo que quiero decir es que hay un proceso de selección que ya empieza para entrar al partido. Requiere un examen, tenés que tener mucha preparación. O sea, para ser parte de la burocracia estatal viene de la tradición china de los mandarines.
—Ok, pero esos millonarios que tiene China hoy en día, esos que compran los autos de lujo, los relojes de lujo, las carteras de lujo, ¿tienen una vida económica mucho más prolífica que el gobernador de la provincia X?
—A nivel de poder económico, sí. Lo que no tienen, la diferencia, es que el poder económico no construye poder político.
—Exactamente. Esa es la diferencia.
—Es una diferencia fundamental. Nosotros lo que vemos en Occidente es cada vez más que el poder económico, y por eso insisto, Martin Wolf, del Financial Times, habla de plutocracia, que el poder económico, que es algo medio que está en el corazón de uno de los problemas centrales siempre de las repúblicas liberales occidentales, se hace del poder político, construye el poder político. En China no digo que eso no exista, porque tampoco hay que ser ingenuo, eso existe en parte. Está muchísimo más dividido el poder político del poder económico.
Y además diría dos cosas más, o tres rapiditas. Uno, que de alguna manera hay una batalla muy fuerte, porque uno de los problemas es la corrupción, entonces también para que esos cruces no se den. Dos, una campaña muy fuerte para bajar la cuestión de la ostentación. Xi Jinping adelante, porque en un momento los nuevos millonarios querían imponer, a lo occidental, la vida de lujo, y ahí el sistema de propaganda, de la austeridad, de la no ostentación. Y tercero, que hay una batalla muy fuerte porque uno de los problemas que ellos identificaron es el problema de la desigualdad como un problema grave. Cuando el índice de Gini, que mide desigualdad, superó por un par de puntos los 40 puntos hace unos años, empezaron también políticas para bajarla. Ellos entienden también que la desigualdad es un problema.
Pero esto es clave: integraron un poco dentro del sistema político al sector empresarial privado, a la burguesía china, al partido también, con este sistema de triple representatividad, pero como diciendo: “Bueno, vos sos uno de todos estos sectores. No sos el jefe por tener poder económico”. Y además, el poder económico más importante sigue estando en el sector público, ya sea nacional o provincial. Eso también es raro en China.
—¿Se puede decir que los chinos, a modo de corolario, independientemente de tener una cultura milenaria y muy anterior, aprendieron de los errores de la ex Unión Soviética, inclusive de la salida desordenada de la ex Unión Soviética y la creación de los oligarcas, que finalmente son los que terminan metiendo preso a Putin en un sistema mucho menos científico, por decirlo de alguna manera?
—Sí, sin duda. Hasta incluso yo creo que desde la era de Mao hay un contraste ahí entre el socialismo soviético.
—Que tienen la experiencia, primero, de los errores que cometía la ex Unión Soviética y que China, viniendo después, los corregía.
—Sí. Uno, por ejemplo, que por eso Mao, el maoísmo, insistía en la línea de masas, tener mucha más capilaridad hacia abajo. O sea, que la casta o la burocracia estatal o partidaria no se distancie tanto de la base. Después eso también llevaba a ciertos momentos caóticos y de tremendas luchas. Pero hay una cuestión de línea de masas muy fuerte. También creo que tiene ahí una tradición china de cómo se construye la autoridad, que es distinta a cómo se construye la autoridad en los sistemas occidentales y que después incluso se vio algo en la Unión Soviética. Pero, bueno, eso fue distinto.
—¿Cómo se construye la autoridad en China?
—La autoridad… Ellos vienen de una tradición muy fuerte. Es una sociedad a veces jerárquica, pero la autoridad se construye por la virtud. O sea, hay un elemento ahí que tiene que ver con lo ético, lo moral y lo meritocrático. Tanto de capacidades de gestión como de capacidades éticas, que son claves para…
—Confuciana.
—Sí.
—Que Rusia era finalmente cristiana.
—Claro, venía de otra tradición. Y eso, aunque haya procesos socialistas, revolucionarios, obviamente la cultura está ahí. Y yo creo que eso después influyó en varias cuestiones. Por ejemplo, ya en Mao aparecía esta idea del mercado, de no eliminar… Hasta el propio Mao decía: “Yo quiero que la burguesía china se enriquezca”. Después, la guerra de Corea, la idea de desarrollar rápidamente la industria pesada. Bueno, llegó a un sistema muy distinto. Pero Deng Xiaoping viene ya de líneas que estaban dentro del maoísmo. Y cuando él hace la reforma y apertura, está diciendo: “Bueno, no es ni una salida de shock a la Unión Soviética y hagamos mercado, y hagamos neoliberalismo, capitalismo neoliberal. Pero, por otro lado, tenemos que desarrollar el mercado para desarrollar la fuerza productiva”. Porque el gran tema es desarrollar la fuerza productiva. Entonces, también hacen como ahí una mezcla, una mixtura, que es un aprendizaje muy interesante. Y ahí entra este tema que vos decías, Jorge, de los oligarcas. Bueno, podemos tener burguesía, pero oligarcas no. Esa burguesía ni va a establecer monopolios de mercado para dominar el mercado, ni va a establecer o hacer la clave del poder político.
—Gabriel, un gran gusto. Muy interesante. Fue una linda lección.
—Bueno, muchísimas gracias, Jorge. Un gusto, como siempre.
—De la misma forma.
LMM









