Deportado por error. Encarcelado. Devuelto a Estados Unidos. Detenido. Acusado de tráfico ilegal de personas. Y, según se ha conocido ahora, torturado. Es la última revelación de la penosa experiencia que ha vivido Kilmar Abrego García desde que fue expulsado del país el 15 de marzo. Según la información que han añadido sus abogados al caso civil abierto en Maryland contra su deportación, el salvadoreño de 29 años sufrió torturas cuando fue encarcelado en el Centro de Confinamiento para Terroristas (Cecot) a su llegada a El Salvador.
Abrego García se convirtió en un símbolo de las injusticias cometidas en las deportaciones de la Administración Trump, después de que el propio Gobierno admitiera que su expulsión se realizó por un error administrativo. Desde entonces, no obstante, se ha empleado a fondo en presentar al salvadoreño como un delincuente. Abrego García se encuentra detenido en Tennessee a la espera del juicio por un supuesto caso de tráfico ilegal de personas.
Según la declaración que presentó su defensa el miércoles por la noche en un tribunal de Maryland, a su llegada a la cárcel Abrego García fue pateado y golpeado y al día siguiente tenía moratones y bultos visibles por todo el cuerpo. Dijo que él y otras 20 personas fueron obligados a arrodillarse toda la noche y que los guardias golpeaban “a cualquiera que cayera por agotamiento”.
Él y otros presos estuvieron confinados en literas metálicas sin colchones en una celda abarrotada, sin ventanas, pero con luces intensas que permanecían encendidas las 24 horas. También se le negó el acceso al baño.
La tortura que relata Abrego García también fue psicológica. Al llegar, los funcionarios le avisaron de que nadie salía de allí y le dijeron repetidamente que lo trasladarían a celdas con pandilleros que lo harían trizas. El salvadoreño afirmó haber visto a otros presos agredirse violentamente y haber escuchado gritos durante toda la noche. En sus primeras dos semanas allí, perdió más de 30 libras (13 kilos).
El relato fue incluido en los documentos presentados ante la jueza Paula Xinis, que lleva desde Maryland la demanda que interpuso en marzo la familia de Abrego García contra su deportación.
Los hechos descritos confirmarían la reputación que tiene la mega prisión, famosa por la violación de los derechos humanos que sufren los reclusos. El Cecot fue ideado por el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, para encerrar a los supuestos pandilleros y fotos y testimonios han revelado desde su inauguración las deplorables condiciones en que se mantiene a los presos.
El presidente Trump, empeñado en conseguir la mayor deportación de la historia, envió a más de 200 venezolanos y salvadoreños al Cecot el 15 de marzo sin un juicio previo, acusándoles de ser miembros de las pandillas criminales Tren de Aragua y la mara Salvatrucha. Esta última, conocida como MS-13, es la pandilla a la que el Gobierno de Trump acusa a Abrego García de pertenecer. Nunca ha mostrado pruebas de ello y el salvadoreño lo ha negado siempre.
Grupos sociales, religiosos y algunos políticos —el senador demócrata por Maryland Chris Van Hollen incluso visitó a Abrego García en El Salvador— exigieron al Gobierno que le llevara de vuelta a Estados Unidos. Trump se negó a hacerlo e incluso desobedeció las órdenes judiciales, incluidas las dictadas por el Tribunal Supremo, que le obligaban a facilitar su retorno.
Testigo cuestionable
Después de casi tres meses, el 6 de junio, la Administración Trump retornó a Abrego García a Estados Unidos, pero, más que para enmendar su error inicial, para enfrentar nuevos cargos de tráfico ilegal de personas. La acusación se basa en un video de 2022 durante un control de tráfico en Tennessee. En él aparece Abrego García conduciendo un coche con otros nueve migrantes indocumentados. Los agentes dejaron que el salvadoreño continuara su camino, pero ahora el Departamento de Justicia lo usa como prueba de que formaba parte de una red de tráfico de personas sin papeles.
Uno de los testigos que usará la fiscalía en su contra es un delincuente que ya había sido deportado y enfrentaba una nueva expulsión. A cambio de su testimonio, se anulará su orden de deportación.
Abrego García se ha declarado inocente y la jueza que lleva el caso en Nashville, Barbara Holmes, le concedió la libertad, pero le mantiene detenido a petición de sus abogados, que temen que si sale en libertad sea deportado. El salvadoreño permanecerá bajo custodia hasta que empiece el juicio, a mediados de julio. Portavoces del Departamento de Seguridad Nacional ya han asegurado que tienen intención de volver a deportarlo. No quedó claro si esperarán o no a que se celebre el juicio penal, como quiere el Departamento de Justicia.
La deportación, en todo caso, se hará a un tercer país, ya que Abrego García tiene una protección judicial desde 2019 que prohibía su deportación a El Salvador por un temor fundado de sufrir represalias por parte de las pandillas.








