Israel y las organizaciones judías británicas acusan a Starmer de no frenar el antisemitismo | Internacional

Israel y las organizaciones judías británicas acusan a Starmer de no frenar el antisemitismo | Internacional


La comunidad judía del Reino Unido y el Gobierno de Israel han reprochado al primer ministro británico, Keir Starmer, su tibieza y le han exigido que reaccione frente a la ola de antisemitismo que recorre el país. Las acusaciones llegan después del ataque a cuchilladas ocurrido el miércoles en el barrio londinense de Golders Green, en el que dos personas judías, Moshe Shine, de 76 años, y Shilome Rand, de 34, fueron gravemente heridas.

Decenas de vecinos del barrio, de mayoría judía, han abucheado a Starmer durante su visita este jueves al lugar del ataque. “Keir Starmer, Jew Harmer” (Keir Starmer, Dañino para los Judíos), le han gritado cuando se dirigía a un centro de ambulancias de la zona, para reunirse con su personal.

Paradójicamente, el incidente aumenta la presión sobre un primer ministro que se hizo con las riendas de su partido con un mensaje de firmeza con el supuesto antisemitismo que poblaba la formación bajo su antecesor, Jeremy Corbyn. También ha sufrido las duras críticas de afiliados y votantes por su ambigua reacción ante la tragedia de Gaza y por su apoyo a Israel. La sensación que ha calado entre la comunidad judía británica, y que han alimentado medios y partidos conservadores, es la de que el Gobierno ha sido muy permisivo con un crecimiento del extremismo israelí, secundado por sectores musulmanes del país.

El supuesto responsable del atentado del miércoles es un ciudadano británico de 45 años, nacido en Somalia pero que llegó al Reino Unido cuando aún era menor de edad. La policía lo ha definido como una persona “con un historial de violencia y con serios problemas mentales”. Las autoridades han calificado lo sucedido como un “incidente terrorista” y está siendo investigado bajo la dirección del departamento antiterrorista.

La Policía Metropolitana de Londres (Met) ha confirmado que el sospechoso había sido referido, para su control, a un programa de prevención del terrorismo que fue clausurado en 2020. “Confirmamos que el sospechoso era conocido en el Programa de Prevención y se dio la orden de vigilarlo en 2020, el mismo año en que se puso fin a ese programa”, ha dicho la Met en un comunicado.

En las últimas horas, un grupo extremista vinculado a Irán, Harakat al Yamin al Islamia, se ha atribuido la responsabilidad del ataque, pero la policía y el Gobierno han recibido con escepticismo y cautela este mensaje. No es extraño que este tipo de grupos, que cuentan con el respaldo directo o indirecto de algún Estado, aprovechen situaciones como la ocurrida para hacerse notar.

“Ya no bastan las palabras para detener esta plaga”, ha señalado la oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en una publicación en X. “Exigimos al Gobierno británico que tome medidas para proteger a los judíos de Inglaterra y para llevar ante la justicia a los antisemitas”.

Downing Street dio la orden de incrementar la seguridad de la comunidad judía en el Reino Unido después de los atentados de Hamás del 7 de octubre en Israel. Sin embargo, ese dispositivo de protección se multiplicó en número de agentes policiales y en localizaciones vigiladas tras el atentado contra la sinagoga de Mánchester, en octubre pasado, que concluyó con dos muertos y cuatro heridos.

El atentado ha ocurrido pocas semanas después de una serie de ataques incendiarios contra la comunidad judía en el norte de Londres. El primero ocurrió precisamente en Golders Green el pasado 23 de marzo. Varias ambulancias de un servicio privado de asistencia para la comunidad judía fueron incendiadas. Desde entonces, episodios similares se han producido en las localidades de Harpenden, Stevenage y Birmingham. Al menos 15 personas han sido arrestadas como consecuencia de las diversas investigaciones policiales.

Jonathan Hall, que ocupa el puesto de Observador Independiente de la Legislación Antiterrorista y tiene la misión de comprobar la eficacia de esta política gubernamental, ha incrementado la tensión en el debate público al asegurar que el Reino Unido se enfrenta a “la mayor emergencia de seguridad nacional desde 2017”. Hall exige al Gobierno de Starmer que tome medidas más arriesgadas para frenar la supuesta ola antisemita, como ordenar una moratoria en las manifestaciones a favor de Palestina que se celebran de modo habitual en los últimos años en las calles británicas.

“Hay ciudadanos en Londres o en Mánchester, y probablemente a lo largo de todo el país, que están convencidos de no poder vivir una vida normal. No se trata de un solo ataque, sino de múltiples ataques”, ha dicho Hall a la BBC.

Efraím Mirvis, el rabino jefe de las Congregaciones Hebreas de la Commonwealth, ha denunciado que lo sucedido en Golders Green “demuestra que si tu judaísmo se hace visible ya no estás seguro”. Ha exigido, junto a la Junta de Diputados de Judíos Británicos (la organización judía más antigua y representativa del Reino Unido), que “el antisemitismo sea confrontado, castigado y detenido con toda la fuerza del Estado”.

Más presupuesto, nuevas leyes

El Gobierno británico ha prometido un presupuesto extra de 25 millones de libras (cerca de 29 millones de euros) para aumentar el número de agentes policiales destinados a la protección de la comunidad judía. La ministra del Interior, Shabana Mahmood, ha confirmado a la BBC que su departamento afronta el ataque de Golders Green y sus derivadas como una emergencia nacional. Downing Street quiere acelerar los trámites legislativos para reforzar la capacidad de las autoridades de golpear con fuerza a las organizaciones extremistas que operan en el Reino Unido con algún tipo de apoyo por parte de un Estado.

Pero el ataque de Golders Green ha ocurrido en un momento delicado, a poco más de una semana de que se celebren unas elecciones municipales en Inglaterra y autonómicas en Gales y Escocia en las que, según todas las encuestas, el Partido Laborista de Starmer podría sufrir una derrota histórica. La oposición, especialmente la derecha y la ultraderecha, es consciente de la oportunidad y ha cargado las tintas.

“Hay personas entre nosotros de origen extranjero con ideas antisemitas o que apoyan el terrorismo y las posiciones extremas que deberían ser deportadas”, ha defendido abiertamente Chris Philp, el portavoz del Interior del Partido Conservador.

La ministra Mahmood, musulmana, camina en un difícil equilibrio para sonar firme pero no espantar a una base electoral laborista que huye de los mensajes extremos. “Cuando afirmo que estoy en contra del antisemitismo, lo digo como musulmana practicante, y está en absoluta consonancia con mi fe”, ha declarado en la BBC. “Esta tierra nos pertenece a todos, la compartimos y debemos trabajar juntos para que sea un lugar seguro”, ha sostenido.