El lema, en carteles electorales repartidos por Israel, es conciso y rima en hebreo: “Derecha o Palestina”. Es del Likud, el partido del primer ministro Benjamín Netanyahu, el hombre que más años (19) lleva en el poder en la historia del país y que pretende aumentar esa cifra en las elecciones del próximo día 27. A apenas diez días, los sondeos dibujan escenarios igualados y de difíciles alianzas, principalmente porque casi todos los partidos judíos de la oposición se han disparado en el pie al prometer que excluirán de un posible Gobierno a las dos listas árabes, con las que tendrían mayoría clara. Ni los socios de Gobierno (Likud, ultraortodoxos y ultranacionalistas) ni el bloque anti-Netanyahu (en su mayoría formaciones de derechas lideradas por sus exministros decepcionados o traicionados) rozan la mayoría, así que imperan las cábalas sobre Ejecutivos en minoría, tránsfugas o alianzas contranatura.
Israel afronta unas elecciones decisivas con Netanyahu y la oposición lejos de la mayoría








