A mediados de los ochenta, The Clash no atravesaban su mejor momento. En un giro pasmoso, el líder Joe Strummer (Ankara, Turquía, 1952, fallecido en 2002 a los 50 años) y su controvertido mánager, Bernard Rhodes, prescindieron de media banda –el guitarrista Mick Jones y el baterista Topper Headon– por, presuntamente, mala conducta profesional. Mientras preparaba Cut The Crap (1985), álbum final del grupo, por el que recibiría sus peores críticas, Strummer se refugió en Andalucía para “sanar y curarse las heridas”, según contó al Diario de Granada en su única entrevista allí. También para recobrar ese anonimato que, por lo dispar de la situación geográfica, hacía pasar a una de las mayores estrellas de rock planetarias por un extranjero borracho en un bar cualquiera.
Es lo que les ocurrió a los miembros de 091 una noche de 1984 en su local de confianza, el Silbar, cuando especulaban sobre el parecido que un señor pesado en camisa de leñador, chapurreando un español pésimo, guardaba con uno de sus ídolos. “Al final de la noche, nos pellizcábamos para creer que de verdad estábamos con el cantante de los Clash”, dice a ICON el guitarrista y compositor José Ignacio Lapido (Granada, 63 años). Actualmente, 091 se encuentra presentando su nuevo disco, Espejismo nº 9, por el que han obtenido el reconocimiento que se les negó en parte de su trayectoria y están llenando recintos a lo largo y ancho del país. En aquel entonces, el grupo apenas estaba consolidado. Tenían un único trabajo largo, Cementerio de automóviles (1984), y su decepcionante experiencia con DRO, que sentían que no les promocionaba, les llevó a comprar su libertad para fichar por el sello Zafiro.
En Strummer encontraron un inesperado nuevo seguidor, al que le parecía que 091 sonaba como los grupos británicos, si bien su criterio sobre lo inglés no daba señales fiables. “Como sacábamos primero la música, en el periodo que estábamos sin letra cantábamos en un idioma inventado, fonéticamente parecido al inglés, diciendo palabras sueltas que nos sonaban”, explica Lapido. “En la canción En la calle, cantábamos ‘Cause I’m running’. Cuando Joe la oyó, empezó a hilar de qué iba. Decía: ‘He’s running for surviving!’ [¡Está corriendo para sobrevivir!]. Pero no tenía puto sentido. Yo pensaba: ‘A ver si es que no sabe inglés”. Siguió visitando los ensayos y profundizando en su amistad, hasta que, para sorpresa de los granadinos, apenas veinteañeros, Joe Strummer se ofreció a producirles un disco.
“Yo creo que se vio reflejado en nosotros, en cómo era en sus inicios”, piensa el cantante José Antonio García (Padul, Granada, 64 años), alias Pitos, por su registro de voz agudo. Tras su ingreso en Zafiro, los Cero, como los llama su público, estaban seguros de que darían un golpe en la mesa cuando comunicaran a la discográfica que su segundo álbum, Más de cien lobos (publicado en 1986, hace 40 años), tendría al líder de The Clash como productor. “Y sí, fliparon. Porque no sabían quién era este tío”, dice García, partiéndose de risa. Junto a Lapido y Pitos, la formación la completaban Tacho González, que sigue siendo batería de 091, y Antonio Arias, bajista y después líder de Lagartija Nick.
“El que se iba a encargar de nosotros no sabía mucho de rock”, observa José Ignacio Lapido. “Lo primero que hizo fue llamar a uno de la oficina para que bajase a Discoplay y trajese algo del grupo. Le subió el London Calling [1979], pero en lo que se fijó era en que lo editaba CBS. Así que dijo: ‘¡Coño! Deben de ser importantes”. Sería el primero de los choques culturales entre Zafiro y Joe Strummer, dentro de un proceso que Pitos califica de “tortuoso”, por la guerra en que se vieron inmersos. “Joe estaba acostumbrado a grabar de una forma que en España no se llevaba. Era un productor de verdad, probaba cosas, buscaba sonidos… Aquí, tú te preparabas el disco y lo tenías que grabar en los días que te daban”.
Strummer, cuentan 091, puso de su bolsillo para que la discográfica les diese más tiempo, porque en Zafiro cundía el nerviosismo. Lapido y García, no obstante, admiraban la eficiencia del productor, quien compaginaba la grabación con una vida nocturna intensa. “A veces le llamaba por la mañana para decirle que nos teníamos que ir y estaba vestido ya, pero porque no se había quitado ni las botas”, recuerda el guitarrista. “Se echaba brillantina en el pelo y pa’lante. También, cuando se corrió la voz, empezaron a llamarnos periodistas y músicos para pasarse por el estudio. Eso nos retrasaba un poco”.
“La compañía, en vez de aprovecharlo como promoción, no se enteraba de nada”, agrega José Antonio García. La puntilla vendría cuando, acabado el disco, las mezclas de Joe Strummer fueron modificadas sin conocimiento del grupo. “A nosotros nos pareció horroroso”, lamenta Lapido. “No por la mezcla en sí, sino por hacerlo a espaldas nuestras y del productor. No nos explicaron nada, si les parecía que la voz estaba baja o qué. En cuanto nos enteramos, llamamos a Joe, pero no le dio importancia. Imagino que le habrían pasado cosas parecidas”.

Pese a todo, a día de hoy, su opinión de Más de cien lobos es favorable. “Evidentemente, luego hemos ido haciendo cosas mejores, creciendo como músicos y encontrando nuestro camino estilístico. Pero hay canciones que hemos estado tocando muchos años y que me parece que están bien, como Escenas de guerra, En la calle o Cuando pierdo el equilibrio”, opina. “Luz de medianoche a mí me parece un temazo”, añade Pitos.
Con motivo del regreso de 091 en 2016, veinte años después de su separación, las compañías se pusieron en contacto con los músicos para remasterizar sus discos. Y vieron una oportunidad. “Zafiro desapareció y su catálogo acabó en Sony”, resume el compositor. “Les conté la historia y pedí que buscaran las mezclas de Joe, pero todo estaba en un almacén de Alemania. ¡Agárrate! Pues los alemanes, al parecer, son muy ordenados y las encontraron. Las mezclas en la reedición de 2016 son las de Joe. Finalmente hubo reparación histórica”. Inevitablemente, aquello suavizó la leyenda de las mezclas perdidas de Strummer como Santo Grial del rock español: “Oyendo las dos versiones, nos dimos cuenta de que no eran tan diferentes”.
Ferreterías, tonadilleras y cintas de Manolo Escobar
Antes de la grabación del disco, Joe Strummer y 091 prepararon una maqueta donde la idiosincrasia del mito punk y sus amigos de Granada se fusionaron de forma más cruda. La demo se llamó Grabando en Recogidas with sexy señoritas, por la calle donde tocaban, Recogidas. “Hacíamos improvisaciones un poco de cachondeo y él escribía letras que mezclaban inglés y español”, describe José Ignacio Lapido. Una de las canciones dio nombre al documental sobre su paso por el sur de la península, Quiero tener una ferretería en Andalucía (2011), las palabras que él gritaba, con fuerte acento inglés, en el estribillo. “Por lo que sea, le encantaban las ferreterías”, trata de desentrañar José Antonio García. “Veía allí los tornillos, las herramientas del campo, las sartenes colgando, y le gustaba. No sé si es que en Londres no habría ferreterías de esas”.
En la película I Need A Dodge! Joe Strummer On The Run (2014), se relataba otro radical cruce entre el líder de The Clash y el casticismo profundo: en Eurosonic, donde 091 grababan el disco, encendió un cigarro a Isabel Pantoja tras exclamarle “Paquirri’s widow!!” (“¡La viuda de Paquirri!”). “Coincidió que Isabel Pantoja hizo un recital en un teatro que iba a emitir Televisión Española y fue a regrabar cosas”, rememora Lapido. “Joe no tenía ni puta idea de quién era y le explicamos que su marido había sido torero, que lo habían matado… Claro, en su cabeza era una historia española que te cagas, así que empapeló las paredes con folios de ‘Isabel Pantoja Welcome’ y fotos que habría recortado de alguna revista. Era un tío muy gracioso”.

Strummer, cuenta el guitarrista, llegó a reunir una notable colección de música popular española. “En los bares de carretera, le fascinaban las portadas de las cintas en los expositores, tipo Los Chunguitos con sus pajaritas. Cogía una bolsa y compraba mogollón. Llevaba un radiocassette de esos grandes, donde la gente de Harlem escuchaba hip hop, y ponía rumba”.
“En el coche tenía una cinta de Manolo Escobar y decía que, cuando veía a la Guardia Civil, la ponía porque parecía que les calmaba”, cuenta Pitos, que todavía conserva cintas de reggae jamaicano “rarísimo” que le regaló, así como su lista manuscrita de posibles títulos para el disco, entre los que, según el libro 091: Aullidos, corazones y guitarras (Ondas del Espacio, 2016), de Juan Jesús García, se encontraban Tortilla internacional o Andalucía 1 – Europa 0. “El de la tortilla no me suena, pero el otro no era solo 1-0, era más”, puntualiza Lapido.
La experiencia del músico en Andalucía no fue la de un turista, ni tampoco la del artista sin ideas que se asienta en un lugar culturalmente rico para hacer extractivismo. Al contrario, Joe Strummer se involucró en la escena, se mezcló con sus habitantes, dejó un sinfín de historias disparatadas a quienes le conocieron y se interesó por lo que tenía cerca: escuchó flamenco en las cuevas del Sacromonte y hasta fue a Víznar con una pala, acompañado de su amigo Jesús Arias (periodista, líder de TNT y hermano de Antonio Arias), a buscar los restos de Lorca. Para terminar de fundirse con las tradiciones, protagonizó su propio spaghetti western, la delirante Directos al infierno (1987), en el desierto de Almería. Una plaza en Granada lleva ahora su nombre.
La obsesión del artista por Andalucía, en cualquier caso, venía de atrás, como atestigua su canción Spanish Bombs, sobre la Guerra Civil, del disco London Calling. “Joe supo de la cultura española por Palmolive, su novia en los setenta, y los discos de Paco Ibáñez. Los hermanos de ella eran grandes fans”, cuenta por videollamada a ICON Richard Dudanski, batería en uno de los primeros grupos de Strummer, The 101ers. Dudanski reside en Granada desde 1988 y está casado con Esperanza Romero, hermana de Palmolive, que fue percusionista en The Slits. Se conocieron dentro del movimiento okupa londinense, los allí llamados squatters. Junto a Antonio Arias, milita actualmente en Tymon Dogg & The Dacoits, cuyo líder, precisamente, enseñó a Joe Strummer a tocar la guitarra y vive también en Granada. Todo un destacamento del viejo Londres squatter en el antiguo reino nazarí.
“Ahora a The 101ers lo llaman protopunk, pero yo con el punk tenía una relación de amor-odio”, dice Dudanski. “En 1976, pasé por España y para mí fue más punk la actitud de mucha gente en la Transición o de músicos como Paco Ibañez, que estaban contra el régimen. Eso era una lucha política real en comparación a lo que había en Londres, que, para mí, era mucha pose”.
Strummer produjo además al propio Tymon Dogg y a otro grupo que formó Dudanski en Andalucía, Por Si Las Moscas. “Era un espíritu muy generoso. Aportaba ideas, pero nunca era dominante. Y toda la historia de España, las Brigadas Internacionales, Lorca, su poesía, a él le interesaban mucho. Luego apoyó el sandinismo en Nicaragua. ¡Un hombre de un romanticismo macanudo!”, describe el músico, que comparte con su viejo colega la pasión por pronunciar palabras españolas de gran sonoridad. Aunque, en la práctica, a veces construyese sintagmas extraños, como en el estribillo “Spanish bombs, yo te quiero infinito”. “Cuando cantaba eso, yo entendía ‘yo te quiero, gitanito”, recuerda el cantante de 091. “Un día se lo dije y me contestó: ‘Sí, ¡eso era lo que yo quería decir!”.







