investigación sobre la red narco que paralizó Rosario

investigación sobre la red narco que paralizó Rosario


El asesinato de cuatro personas elegidas al azar paralizó a Rosario en los primeros días de marzo de 2024. Sin transporte público y con las clases suspendidas en las escuelas ante la ola de violencia, “el miedo desbordó lo imaginable”, recuerda Germán de los Santos. La conmoción se convirtió en estupor cuando poco después la investigación judicial estableció que los autores de los crímenes eran menores de edad. Niños sicarios y otras historias del negocio narco, el último libro del periodista, se sitúa en ese hito para reconstruir los episodios y los factores que todavía hoy hacen de Rosario la ciudad con la tasa de homicidios más alta en la Argentina.

Autor con Hernán Lascano de los libros Los Monos y Rosario y periodista del diario La Nación y Aire de Santa Fe, De los Santos plantea que es necesario renovar la mirada sobre el problema del crimen organizado. Niños sicarios destaca en ese sentido la complicidad de actores del Estado expuesta en el juicio contra el narco Esteban Lindor Alvarado (2022) y “la burbuja” en que se mantuvo la Justicia Federal de Rosario, donde la negligencia se tradujo en resoluciones que permitieron el desarrollo de bandas criminales.

De los Santos dedica los primeros capítulos del libro a los crímenes de marzo de 2024. Dos taxistas, un chofer del transporte urbano y el playero de una estación de servicio fueron asesinados por “pibes que mataban como sicarios profesionales y se comportaban luego como adolescentes” yendo de compras a un shopping. La reconstrucción hace visibles aspectos no aclarados por la investigación, en particular la identidad de quienes ordenaron los ataques.

Niños sicarios revela así una especie de paradoja: los crímenes de 2024 configuraron un plan sofisticado, pero la compleja sucesión de operaciones fue implementada por “actores rústicos y marginales”. La investigación judicial identificó a los menores contratados como sicarios y alcanzó un nivel medio de organización, representado por Alejandro Isaías Nuñez, alias Chuky Monedita, preso de alto perfil en la cárcel provincial de Piñero.

Se descuenta que hubo un escalón superior, ya que Nuñez, un dealer de barrio, “siempre actuaba con precariedad, tanto en la planificación de los asesinatos como en la elección de los sicarios”, al punto que uno de ellos se quedó dormido cuando tenía que asesinar a un testigo.

Una trama social

El pedagogo italiano Francesco Tonnucci impulsó el proyecto “la ciudad de los niños” en Rosario después de conocer en 1995 al entonces intendente Hermes Binner. “Pensar una ciudad para los niños significa no perder a nadie en el camino, tomar el más pequeño para no olvidarnos de nadie”, declaró el educador en su última visita, en noviembre de 2025.

En ese plano, Niños sicarios descubre dramáticamente los límites y la contracara más cruda del proyecto: los niños víctimas de la violencia, partícipes de las redes de narcomenudeo sin ningún margen de elección propia y testigos frecuentes de asesinatos en los barrios de la periferia.

De los Santos relata el caso de Marcos Maldonado, un chico de 17 años asesinado en enero de 2024 en barrio Tablada después de vivir “rodeado de violencia y ausencias”, como había advertido tempranamente una maestra que no fue escuchada; el de Rocío, una niña de 8 años habituada al contacto con armas y drogas como parte de una familia que desde hace tres generaciones subsiste con el narcomenudeo; el de otros niños de 8 y 13 años que presenciaron la muerte de su padre, asesinado con ametralladoras en medio de una disputa en la barra brava de Newell’s.

Los actores más visibles del ambiente narco rosarino son así jóvenes que provienen de familias desintegradas, se iniciaron desde niños en el consumo de drogas y que no pasaron por la escuela ni se insertaron en el mercado laboral, según la comprobación reiterada en distintos casos. De los Santos señala que la marginalidad suele derivar en subestimaciones y en la desconsideración de “la viveza y la temeridad, una combinación que opera sin pretensión de futuro, sino asentada sobre el presente”.

Caudal extraordinario de información

El libro muestra un caudal extraordinario de información y además se nutre de entrevistas con personajes destacados como Andrés Bracamonte, el líder de la barra brava de Rosario Central asesinado en noviembre de 2024, y Lisandro Contreras, referente de la banda Los Menores, en este caso triangulada a través de otro integrante de la organización.

De los Santos siguió de cerca además la tensa comunicación entre el gobierno provincial y el nacional durante marzo de 2024, que despliega desde la intimidad, y él mismo tuvo un rol dentro de los acontecimientos al revelar las irregularidades que llevaron a la renuncia del juez federal Marcelo Bailaque, entre ellas el cajoneo de una investigación sobre Alvarado y el armado de una extorsión contra un empresario.

La trama política compone también el cuadro, en relación al estado calamitoso que dejó el gobierno de Omar Perotti en la infraestructura de la policía y a las respuestas contradictorias que recibió el gobierno de Maximiliano Pullaro ante la crisis de 2024, entre la colaboración con móviles y personal ofrecida por la provincia de Buenos Aires y la indiferencia del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Si estas situaciones tuvieron difusión en el momento, resultan mucho menos conocidos el papel que desempeñaron las iglesias evangélicas y el vínculo de Pullaro con los pastores, desarrollado en detalle.

En ese pasaje surge la figura del pastor David Sensini. El religioso es un interlocutor privilegiado de Pullaro desde la campaña electoral de 2023 y en marzo de 2024 recibió la confesión de la madre de uno de los niños sicarios, que informó a los investigadores. “En el gobierno provincial creían que los pastores evangélicos se habían transformado en un arma política para pacificar Rosario”, escribe De los Santos, y de hecho la gestión de Pullaro les delegó la Agencia de Prevención de Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (Aprecod) y el Centro Especializado de Responsabilidad Penal Juvenil.

Otros capítulos de Niños sicarios están dedicados al intento de impedir el regreso de Ángel Di María a Rosario Central, por parte de narcos vinculados a la barra de Newell’s y al secuestro y desaparición del empresario Gabriel Tallone en la ciudad de Buenos Aires, en conexión con el robo de un cargamento de cocaína; el crimen de Ivana Garcilazo, hincha de Central asesinada a piedrazos mientras festejaba un triunfo del equipo; y la complicidad del responsable de la ex Agencia Federal de Inteligencia en Rosario con un policía narcotraficante.

Germán de los Santos es autor de Niños sicarios y otras historias del negocio narco (Sudamericana). Foto: redes sociales.

La participación policial en el negocio narco atraviesa las historias relatadas en Niños sicarios: “Todos los criminales necesitaban a la policía, no solo como un brazo cómplice, sino por su operatividad”, útil para terciar en la disputa entre bandas, ponerlas sobre aviso de allanamientos o desviar investigaciones judiciales.

Disfrutaban de las aberraciones

El ejemplo más escabroso es “Picana en acción” sobre los agentes de la Policía de Acción Táctica de Rosario que el 13 de agosto de 2024 robaron 50 mil dólares y 15 kilos de cocaína. “Este grupo de policías solía humillar y maltratar a los soldaditos que detenían, a los que les robaban las armas y la droga (…) Eran adictos, torturaban a jóvenes y disfrutaban de las aberraciones que les hacían a los soldaditos”, detalla De los Santos.

Un video hallado en el teléfono del suboficial Guillermo Toledo mostró a los policías golpeando a un chico de 12 años y festejando con carcajadas el llanto del niño.

Si el enfoque habitual se cierra en los protagonistas inmediatos de la violencia y abstrae el contexto en que actúan, Niños sicarios amplía el punto de vista. “No solo eran violentos los criminales, los narcos, los sicarios, sino también un tejido social, sobre todo en torno al fútbol, que había engordado con una demagogia peligrosa, que los políticos jamás combatieron ante el temor de perder votos”, resalta De los Santos a propósito del crimen de Ivana Garcilazo.

No parece tratarse tampoco de un enfrentamiento entre buenos y malos, como simplifican otras versiones en el discurso político corriente en Rosario, sino de intereses contantes y sonantes: “Las atrocidades de la violencia tienen como base un negocio que las sostiene”, y del que las periferias son solo las terminales.

Niños sicarios y otras historias del negocio narco, de Germán de los Santos (Sudamericana).