La Unión Europea y el Mercosur —formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— abrieron sus puertas al libre comercio entre bloques el pasado 1 de mayo. Las autoridades comunitarias, presionadas por las protestas de los agricultores, impusieron restricciones a la entrada de algunos alimentos, para los que rigen pequeños cupos sin aranceles que se aumentarán de forma progresiva cada año. Las autoridades del Mercosur no han logrado acordar el reparto interno de esos cupos —que representan menos del 4% de las exportaciones totales previstas—, lo que ha desatado una carrera entre los productores para hacerse con la mayor porción posible del pastel. Los gobiernos de Argentina y Uruguay sacan pecho y gritan las ventas iniciales como si fueran goles. El de Brasil, en cambio, se mantiene en silencio mientras trabaja para revertir la prohibición para exportar carne al mercado comunitario a partir de septiembre.
Huevos, miel y arroz: los países del Mercosur compiten por exportar sin aranceles a la UE







