Hallan la forma hasta ahora más sencilla de demorar con éxito el envejecimiento del cerebro y mejorar la memoria

Hallan la forma hasta ahora más sencilla de demorar con éxito el envejecimiento del cerebro y mejorar la memoria


Científicos de la Universidad de California, en Estados Unidos, anunciaron el hallazgo de una estrategia de laboratorio relativamente sencilla que permite demorar el envejecimiento del cerebro y, a su vez, mejorar la memoria. El trabajo ahora conocido a través de la revista Nature le da una vuelta de tuerca a una investigación previa, que en 2018 se publicó en la revista Inmunity y sentó las bases de este desarrollo.

La clave está en un tipo de célula inmunitaria que circula en la sangre y contribuye al envejecimiento cognitivo. De manera que al bloquear sus efectos se puede revertir esos cambios que indefectiblemente suceden a medida que transcurren los años de vida.

“Las células T cumplen muchas funciones, principalmente destruir patógenos. Pero con la edad, un grupo de células T llamadas células CD8 comienza a infiltrarse en el tejido cerebral, donde secretan una enzima que provoca inflamación e impide la regeneración de las células cerebrales”, explica el artículo de Nature.

Muchas más células CD8 permanecen sin embargo en el torrente sanguíneo, pero su papel en el envejecimiento era desconocido hasta ahora. En un nuevo estudio, los investigadores lograron demostrar que esa gran población de linfocitos T “no infiltrantes” contribuye activamente al deterioro cognitivo.

Esa conclusión es determinante por las implicancias de posibles tratamientos que abre, ya que -según los autores- bloquear estos efectos en la sangre podría ser una estrategia de tratamiento mucho más realista que tener atacar las células dentro del cerebro.

“Ni siquiera necesitamos acceder al cerebro para empezar a tratar el deterioro cognitivo”, afirma Saul Villeda, neurocientífico de la Universidad de California y uno de los que firma el estudio. Y agrega con convencimiento: “Podemos bloquear ciertas sustancias en la sangre para influir en la memoria”. En la ecuación costo-beneficio el logro supone un camino menos invasivo que redunda en un salto de eficiencia.

El hallazgo es sorprendente para los científicos, dado que hasta ahora no se conocía que estas células CD8 podían influir en el cerebro desde el exterior. “Revela algo completamente nuevo”, afirma como comentario en Nature Paloma Navarro Negredo, neuroinmunóloga del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana.

En su investigación, el equipo de Villeda utilizó una técnica quirúrgica llamada parabiosis, para unir los sistemas circulatorios de dos ratones: uno viejo y otro joven. Querían observar si las células inmunitarias jóvenes envejecían en presencia de sangre de ratones más viejos, y viceversa. No encontraron cambios en el comportamiento de las células, lo que, según Villeda, sugiere que las células CD8 más viejas y no infiltrantes eran las que impulsaban el proceso de envejecimiento, en lugar de estar influenciadas por otros factores.

Para estudiar el papel de las células CD8 envejecidas no infiltrantes en la degeneración, los investigadores inyectaron células envejecidas a un grupo de ratones jóvenes y células jóvenes a otro grupo para determinar su efecto en el hipocampo, la región cerebral que regula la memoria y el aprendizaje.

“El equipo secuenció el ARN de los ratones y descubrió que los genes asociados con la agudeza mental se expresaban en niveles más bajos en los ratones a los que se les habían inyectado células envejecidas. Los autores también sometieron a los ratones a pruebas de reconocimiento de objetos y a un laberinto para observar los efectos funcionales. Los ratones con células jóvenes mostraron mayor interés en objetos nuevos que aquellos con células más antiguas y completaron el laberinto más rápidamente”, cuenta el artículo de Nature.

La estimulación cognitiva es clave para evitar el deterioro cerebral. Foto: Shutterstock

El equipo utilizó entonces una terapia con anticuerpos para reducir el número de células envejecidas en un grupo de ratones mayores y descubrió que, en comparación con los ratones no tratados de la misma edad, estos eran mejores en el reconocimiento de objetos y en la resolución del laberinto, y presentaban una expresión genética más juvenil en sus cerebros.

El grupo de Villeda también estudió las secreciones de estas células, en particular una molécula llamada granzima K, que está relacionada con la inflamación y la destrucción de células viejas o defectuosas. El equipo trató a algunos ratones con un fármaco que bloquea la enzima y descubrió que los animales se desempeñaron mejor en el laberinto que un grupo de control no tratado.

Según Villeda, atacar la granzima K podría ser un tratamiento eficaz para la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia. “Ahora tenemos algunos candidatos que podemos empezar a tratar”. Navarro asegura que identificar el papel de la granzima K en la regulación cognitiva del hipocampo “es un avance realmente emocionante”.

La salud cerebral en el centro

La novedad surge en un momento en que el mundo ha decidido poner finalmente la cuestión de la salud del cerebro en el centro de la agenda, en un contexto de poblaciones cada vez más longevas. Así quedó de manifiesto en la reciente cumbre de la Alianza Internacional por la Salud Cerebral que se realizó en Buenos Aires con la participación de 24 países y representantes de la OMS y la Federación Mundial de Neurología, entre otras organizaciones.

“La demencia es la quinta causa de discapacidad en Latinoamérica y el Caribe. Sólo cinco de treinta y dos países de las Américas tienen planes nacionales de demencia: el 15 por ciento, contra el 75 por ciento a nivel mundial. No es un fracaso del conocimiento científico; es una falta de prioridad política”, señaló Matías Irarrazával, asesor regional en Salud Mental de OPS, para marcar los problemas de acceso. Algo que determina que hallazgos como el de las células CD 8 en el hemisferio norte con frecuencia puedan volverse horizontes utópicos en el hemisferio sur.

De todos modos, durante esta cumbre que tuvo lugar en INECO quedó de manifiesto que más allá de los indispensables avances farmacológicos hay mucho camino por transitar en cuanto a la prevención de los factores de riesgo para la salud mental vinculados al estilo de vida, que no escapan al paraguas común que suele garantizar un piso sanitario saludable: ejercicio, dieta, control cardiovascular, estimulación cognitiva e interacción social.

En el marco del mismo congreso también se hizo hincapié a un dato tan simple como demoledor: en América Latina, el 55,8 por ciento de la demencia se atribuye a nueve factores de riesgo modificables: hipertensión, diabetes, obesidad, inactividad física, depresión, aislamiento social, pérdida auditiva no tratada, bajo nivel educativo y tabaquismo.