Cuando Gabriel y Ezequiel Ludueña pasaron la esponja y el cepillo de cerdas verde por el Ford Ka negro de su vecina, Soledad Andreani, no sabían que se trataba de una pieza clave en la investigación por el crimen de Agostina Vega (14). Para ellos era un lavado más. Son hermanos y limpian autos para sobrevivir.
Sin embargo, hubo algo que les llamó la atención. “Tenía mucha tierra. Más de lo normal, nos costó sacar toda la tierra que tenía”, explicó Gabriel Ludueña a Clarín. Otro detalle que en el momento pasó inadvertido pero hoy tiene relevancia es que “adentro parecía que lo hubieran lavado”. “Como si lo hubieran limpiado antes”, agregan.
Todo arrancó para ellos cuando el hijo de Andreani, la dueña del Ka, se acercó el martes 26 y les pidió que lavaran el auto. Ellos viven sobre la calle Zavalía al 1200, a pocos metros de su vecina Soledad.
“Para nosotros era un día normal. Estábamos lavando un auto y vino el chico, el hijo de soledad, y me pregunta: ‘¿Estas lavando?’ Sí, le respondo y me lo deja”, cuenta Gabriel.
Su hermano se limita a asentir con la cabeza, mientras unos perros ladran sin parar enfrente. La cuadra no tiene tránsito. Al lado de ellos tienen un balde blanco con los elementos que usaron para lavar el famoso Ford Ka: un cepillo verde, otro negro, dos esponjas que parecen cortadas de un colchón.
Quedaron con el joven que fuera a buscarlo más tarde. “Lo limpiamos por afuera, lo único que hicimos por adentro fue sacarles las alfombras, las lavamos y las volvimos a poner. No abrimos el baúl. Yo hago lo que me piden. Si me dicen; abrí el baúl y limpialo o mismo limpiale el motor, yo lo hago. Pero en este caso no me lo pidieron”, aclara Gabriel.
Agostina Vega desapareció el sábado 23 a las 22.30 cuando se encontró con Barrelier en la esquina de Fragueiro y Juan Del Campillo. La joven le dijo al remisero que la llevó y a sus amigas que junto a Barrelier le iban a hacer “un regalo sorpresa” a su mamá, Melisa Heredia.
Una semana después, su cuerpo desmembrado apareció en un descampado de 240 hectáreas en el barrio Ampliación Ferreyra, que tiene algunas casonas repartidas a lo largo y ancho. Sin embargo, los restos estaban a tres kilómetros campo adentro, en una zona llena de pastizales, lagunas, cercos y mucho barro.
Según lo que le contó a Clarín, Andreani le prestó su Ka negro a Barrelier el lunes 25. Le dijo que lo necesitaba para llevarle ropa a un tío recién operado. “Me llamó y me dijo que iba hasta mi casa en Uber”, recordó la mujer.
Ese día, el vehículo quedó en manos del único imputado por el asesinato de Agostina durante más de una hora. Las cámaras de seguridad de la zona registraron el ingreso y la salida del coche entre las 11.45 y las 12.15 del lunes 25 de mayo. Los investigadores creen que Barrelier trasladó los restos de la adolescente en un balde de 20 litros y bolsas de consorcio.
Fuentes cercanas a la investigación sostienen que Agostina fue víctima de abuso sexual y que la causa de muerte sería una asfixia mecánica, es decir, que Barrelier la habría ahorcado para asesinarla. “La abusó, la mató y la descuartizó. Luego, la sacó en bolsas”, explicaron.
“Estaba impecable”
Cuando los hermanos recibieron el auto notaron que tenía mucha tierra pegada en las ruedas y sobre las puertas. En cambio, por dentro parecía otro auto: estaba limpio, ordenado, como si lo hubieran lavado minutos antes. “No vimos nada, ni sangre, ni manchas. Estaba impecable, solo dos latitas de gaseosa”, aseguraron.
“Nos costó más de lo normal sacar toda la tierra que tenía por fuera”, repitieron. Además, aclararon que el hijo de Soledad estaba tranquilo, con la novia.
Claudio Barrelier (33) es el único detenido e imputado por el asesinato de Agostina Vega (14) en Córdoba.“Él ya nos había pedido varias veces que le lavaran el auto o mismo Soledad venía caminando y nos decía. También nos pedía que le laváramos la vereda o le podáramos el árbol. Íbamos con mi hermano y se lo hacíamos”, explicaron.
Después de lavar el auto, Gabriel Ludueña no vio más a su vecina, Andreani. Al día siguiente, se enteró por las noticias que el Ka negro que había lavado el martes era el mismo auto que, según la investigación, fue utilizado para mover el cuerpo desmembrado de Agostina Vega.
“En el momento me quise matar porque fuimos parte o somos un eslabón que utilizó este tipo y nos manipuló. Como que dimos a entender que se borró algo pero uno en el momento no sabía lo que había pasado con el auto”, dijo con angustia Gabriel.
Y agregó: “Nos vinieron a buscar y fuimos a declarar. Este tipo es un hijo de puta. Feo porque involucró a mucha gente, a nosotros, a Soledad, hay varios involucrados por este tipo. Siento mucha impotencia porque por un simple lavado que hicimos porque estamos desocupados y tenemos necesidad, nos pasó esto”.
Además de limpiar autos, Gabriel trabaja como payaso en un semáforo de Aguirre y Malvinas, en Córdoba. “Trabajé en una empresa de colectivos durante diez años. Tengo 50 años, tuve un accidente y me fui. Ahora arranqué a limpiar autos con mi hermano, hacemos lo que sea”, cerró.
Córdoba. Enviada especial








