César Morán de la Cruz, más conocido como El Loco César, es un viejo nombre del hampa porteña. Nacido en Perú pero radicado desde hace casi dos décadas en la Argentina, construyó su poder en la Villa 31 de Retiro, donde primero estuvo ligado a otras organizaciones criminales y después pasó a controlar su propia estructura narco. Fue detenido en 2011 y cumple una condena a prisión perpetua.
Su encierro, sin embargo, no habría terminado con su influencia en el barrio. La Policía Federal Argentina sostiene que continuaba impartiendo órdenes desde la cárcel y que debajo suyo seguía funcionando una organización dedicada al narcotráfico. Una investigación sobre esa estructura terminó ahora con 42 allanamientos, 11 detenidos y el secuestro de drogas, más de $112 millones y un importante arsenal.
Según detallaron voceros de la PFA a PERFIL, los procedimientos fueron realizados por el Departamento Federal de Investigaciones (DFI) junto con el Servicio Penitenciario Federal y alcanzaron distintos domicilios de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.
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Desde Ezeiza. Morán de la Cruz se encuentra alojado en el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza bajo el Sistema de Alto Riesgo. Según la investigación, desde allí habría mantenido el control sobre parte de la banda.
La PFA informó que el detenido transmitía instrucciones a integrantes de la organización mediante comunicaciones con sus abogados defensores realizadas en el marco de su derecho de defensa. El análisis de esa información permitió identificar a quienes presuntamente ejecutaban las órdenes fuera del penal, establecer sus funciones y localizar puntos utilizados para guardar y vender droga.
Con esas pruebas, el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N°1, a cargo de María Romilda Servini, ordenó los allanamientos.
Uno de los principales objetivos estaba en Merlo. Allí fue detenido Adrián Gariolo, alias “El Sicario”, señalado como responsable de la seguridad de la banda. Los investigadores también encontraron en esa zona un lugar utilizado para almacenar estupefacientes y armas. Otro de los arrestados fue Maximiliano Atilas Basimiani, “Chimuelo”, localizado en las calles internas de la Villa 31.
Millones en efectivo. Durante los operativos, los agentes secuestraron 23 kilos de marihuana y 6,72 kilos de cocaína, parte a granel y parte ya fraccionada para su comercialización. También hallaron $112.261.000 en efectivo, junto con una máquina para contar billetes. Uno de los datos que más llamó la atención de los investigadores fue el poder de fuego atribuido a la organización: se incautaron 16 armas de puño, pistolas ametralladoras, carabinas, escopetas, un supresor de sonido y 20 granadas, además de 336 municiones y decenas de cargadores, entre ellos 20 de FAL. Varias de las armas tenían la numeración limada.








