George Lucas: cien millones de dólares en un parque temático que no es museo

George Lucas: cien millones de dólares en un parque temático que no es museo


En el sur de la ciudad de Los Ángeles, California, el día 22 de este mes se inaugura al público el Museo de Arte Narrativo George Lucas. Ya se encuentra disponible su página web, lucasmuseum.org/teaser, donde anticipa, en términos ideales, qué contienen las varias galerías de la monumental construcción de 27.870 metros cuadrados emplazados en cinco hectáreas, adecuadas con jardines, incluyendo el techo. El aspecto general del edificio es de una nave espacial a punto de aterrizar, diseñada por el arquitecto chino Ma Yansong.

A principios de este mes, la prensa estadounidense conoció las instalaciones y el material exhibido en una jornada promocional, escucharon a funcionarios del museo, también algunas palabras de George Lucas –82 años, cineasta creador y dueño de la franquicia Star Wars– y la cofundadora, su esposa, Mellody Hobson, quien dijo: “una imagen es muy poderosa, las historias son muy poderosas, y al combinarlas, esos dos elementos crean una sociedad”. Clara referencia a la denominación “arte narrativo” ideada por Lucas y que carece de sustento en la crítica de arte. Y allí comenzó un singular vendaval crítico.

El problema con el que todos vivimos, de Rockwell.

El primer detalle conjetura a esa nave espacial: “El edificio desprende un fuerte aire de nave espacial, y un usuario de Reddit señaló que guarda un gran parecido con la forma de remo de la USS Voyager. Todo es irónico y absurdo: un museo repleto de objetos de Star Wars parece la peor nave del canon de Star Trek”, señala Carolina A. Miranda en su artículo publicado en Bloomberg. Y esto merece la mención de dos detalles: la ubicación del museo es en un barrio pobre, en un terreno que era público y abandonado, lo que sugiere una compra a bajo precio por parte de Lucas.

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En la entrada principal cuelga una nave Naboo Royal N-1 Starfighter perteneciente a la franquicia de Lucas, pero el museo –que tiene una importante sala dedicada a estas películas– apenas exhibe materiales originales de la saga. La construcción en sí posee cinco salas principales, una biblioteca, un cine, pero con cierta característica insólita: la luz que ingresa por los amplios ventanales conspira contra la iluminación en los pasillos de exhibición, de manera tal que un óleo sobre tela se ve afectado en los tonos menos que una fotografía o dibujo. Sin exagerar: esto prioriza al objeto a exhibir como algo valioso, sin considerar su estructura como obra de arte en función del público, que pagará una entrada de 25 dólares.

De la faceta coleccionista de Lucas, con 40 mil objetos acumulados, se muestran 1.200. Así se encuentran obras de arte originales, reproducciones y exhibiciones digitales, pero no están organizadas cronológicamente, tampoco por región, son presentadas únicamente con etiquetas en la pared indicando nombre del artista, título y materiales utilizados.

Esta mezcla, o caos narrativo, incluye obras como El alquimista de Pieter Brueghel el Joven (ca. 1600), Salomé con la cabeza de San Juan Bautista de Andrea Solario (1520-1524), Escenas de la vida de la Virgen de Tommaso Bernabei (ca. 1525-1528), El juicio de Salomón de Lucas Cranach el Viejo (1526) y La barbería de Shuffleton (1950) de Norman Rockwell (por la que Lucas pagó poco menos de treinta millones de dólares antes de una subasta), que corona la amplia colección sobre este artista. En tanto diversidad y proximidad, conviven con obras de Banksy (que las adaptó para el museo), Frida Kahlo, Andy Warhol y Diego Rivera.

Para Maximiliano Durón (Art News): “En un museo de arte, la contemplación debe ser, sin duda, una prioridad, pero un museo también cumple otra función importante que Lucas intenta eludir: la producción de conocimiento y la educación del público. El papel fundamental de un museo, al igual que el de la disciplina de la historia del arte, es contextualizar las obras expuestas.” En su nota, Durón explica con detalle que este museo, en la práctica, es un circo de variedades estéticas. Y sentencia: “La falta de contexto resulta especialmente flagrante al contemplar El problema con el que todos vivimos (1963-1964) de Rockwell, una de las seis obras prestadas para la inauguración. Sin una etiqueta, muchos visitantes podrían incluso desconocer que el cuadro representa a Ruby Bridges, de seis años, siendo escoltada por alguaciles federales a una escuela primaria de Nueva Orleans que ella misma ayudaba a que deje de segregar. Lo que los espectadores notarán de inmediato al fondo es la palabra “negro” garabateada en la pared y un tomate lanzado, dirigido a Ruby. ¿Cuál era la postura política de Rockwell? ¿A qué problema se refiere exactamente? En este caso, existe una respuesta clara a cada pregunta…”. Racismo.