Francia y Marruecos, un partido que también se juega en la diáspora

Francia y Marruecos, un partido que también se juega en la diáspora


El partido que abrirá los cuartos de final de la Copa del Mundo y que animarán Francia y Marruecos este jueves desde las 17 en el Estadio de Boston será una revancha de la semifinal que estos dos seleccionados protagonizaron el 14 de diciembre de 2022 en el Estadio Al Bayt de Jor, en Qatar, y que los europeos ganaron 2 a 0. Pero también será una prueba de los efectos de los procesos migratorios que a nivel global se profundizaron en las últimas décadas y que, para ciertos sectores del espectro ideológico, resultan indigeribles.

En absoluto es una novedad, puesto que lo mismo sucedió en sus dos actuaciones previas en una Copa del Mundo, sino que se trata de la profundización de una tendencia como consecuencia de un plan trabajado durante años: 19 de los 26 integrantes del seleccionado marroquí que está participando en este certamen nacieron fuera del territorio de este país ubicado en el extremo noroccidental de África, a orillas del Océano Atlántico y del Mar Mediterráneo.

En Rusia 2018, cuando los magrebíes volvieron a competir en un torneo ecuménico después de dos décadas y no pudieron superar la fase de grupos, 17 de los 23 convocados por el francés Hervé Renard no habían nacido en suelo marroquí. En Qatar 2022, el certamen en el que los Leones del Atlas terminaron cuartos (fue la primera vez que un seleccionado africano accedió a las semifinales de un Mundial), fueron 14 de los 26 citados por Walid Regragui.

“Diáspora” es un término que se ha escuchado y leído bastante durante esta Copa del Mundo. La Organización Internacional de Migraciones (OIM), un ente que forma parte del sistema de la Organización de las Naciones Unidas, la define como un conjunto de migrantes o descendientes de migrantes cuya identidad y sentido de pertenencia se forjaron a partir de su experiencia migratoria y que se identifican con una patria, pero viven fuera de ella. El concepto abarca no solo a los emigrantes de primera generación, sino también a los hijos de esa personas nacidos en el extranjero, siempre que mantengan algún vínculo (cultural, lingüístico, histórico, religioso, afectivo) con el país de origen de sus padres.

Ese vínculo, que pervive a pesar de la distancia geográfica, es el que facilitó el trabajo de la Federación Real Marroquí de Fútbol (RFMF), que desde hace tres lustros desarrolla una labor de detección y seducción de futbolistas nacidos y formados en el exterior (principalmente en Europa), pero que son hijos de padres que llegaron al Viejo Continente mayormente a partir de la década de 1980. El reporte anual 2026 de la OIM indicó que Marruecos era el 19° país emisor de migrantes del mundo. Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, 3.627.829 marroquíes residen fuera de su patria.

Diecinueve hijos de esos migrantes integran el plantel del seleccionado de Marruecos, que está participando en una Copa del Mundo por séptima vez y por tercera vez consecutiva. Seis de ellos nacieron en Francia y podrían estar este jueves del otro lado del terreno: Neil El Aynaoui, Issa Diop, Ayyoub Bouaddi, Samir El Mourabet, Gessime Yassine y Redouane Halhal. Incluso el zaguero central Diop y el mediocampista Bouaddi representaron a Les Bleus en competencias oficiales de categorías juveniles (el defensor fue campeón del Europeo Sub-19 Alemania 2016 y participó en el Mundial Sub-20 Corea del Sur 2017).

Además de ellos, otros seis jugadores del elenco dirigido por Mohamed Ouahbi nacieron en España (Achraf Hakimi, Ismael Saibari, Brahim Díaz, Ayoube Amaimouni-Echghouyab, Munir El Kajoui y Chadi Riad), tres en los Países Bajos (Noussair Mazraoui, Sofyan Amrabat y Anass Salah-Eddine), tres en Bélgica (Bilal El Khannouss, Zakaria El Ouahdi y Chemsdine Talbi) y uno de Canadá (Yassine Bounou).

Bilal El Khannouss es uno de los tres futbolistas del seleccionado marroquí nacidos en Bélgica. Foto: Dylan Martínez / Reuters.

En la otra mitad del terreno de juego en Foxborough estará el seleccionado de Francia, un país que también está en el otro extremo del camino de quienes buscan un destino fuera de su patria: según el último informe de la OIM, es el séptimo país de destino de migrantes internacionales y acoge a 9.186.757. En términos porcentuales, representan el 13,8% de la población de la nación, un registro que está bastante por debajo de países europeos como la República de Irlanda (23,1%), Suecia (21,4%), Alemania (19,8%), España (18,5%), Noruega (18,2%) o el Reino Unido (17,1%).

Los flujos migratorios de este tiempo no pueden pensarse divorciados del proceso colonial en África, que quedó institucionalizado a partir de la Conferencia de Berlín (celebrada entre 1884 y 1885) y del que Francia fue partícipe muy activo: fue la potencia ocupante de los territorios que hoy forman parte de 21 naciones africanas. De allí provienen buena parte de los migrantes que serían los responsables del declive francés, de acuerdo con la narrativa de movimientos de extrema derecha que tienen su representación electoral en partidos como Rassemblement National (Reagrupamiento Nacional), Reconquête (Reconquista), Identité-Libertés (Identidad y Libertades) y Debout la France (¡Levantate, Francia!).

A contramano de lo que afirma una canción con tintes racistas, xenófobos, homofóbicos y transfóbicos que entonan algunos hinchas argentinos desde el Mundial de Qatar, el seleccionado francés no está mayormente integrado por extranjeros. De hecho, solo tres de los miembros del plantel nacieron fuera del país: los delanteros Michael Olise (Inglaterra) y Marcus Thuram (Italia), y el arquero Brice Samba (Congo). Otro guardavalla, Mike Maignan, nació en Cayena, la capital de la Guayana Francesa, una región administrativa de ultramar en territorio sudamericano.

Michael Olise nació en Inglaterra, su padre es nigeriano, su madre es francesa y tiene raíces argelinas. Foto: Ángel Colmenares / EFE.

En cambio, 16 de los 26 convocados por Didier Deschamps para esta Copa del Mundo, todos ellos hijos de migrantes, podrían haber elegido representar a un seleccionado africano por sus raíces familiares. De hecho, los tres futbolistas más desequilibrantes del equipo disponían de más de una carta en su baraja: el capitán Kylian Mbappé podría haber optado por Camerún o Argelia; Ousmane Dembélé, por Malí o Senegal; y Michael Olise, por Nigeria o Argelia, además de Inglaterra.

Dos excolonias francesas que compitieron en este Mundial y otras cinco que participaron en la etapa clasificatoria de la Confederación Africana de Fútbol podrían haber contado en sus filas con hombres que en estos días visten de azul: Argelia (Rayan Cherki y Maghnes Akliouche, además de Mbappé y Olise), Costa de Marfil (Désiré Doué y Manu Koné), Camerún (William Saliba y Aurélien Tchouaméni, además de Mbappé), Malí (Ibrahima Konaté y N’Golo Kanté, además de Dembélé), Togo (Bradley Barcola), Benín (Jules Koundé) y Madagascar (Maxence Lacroix). También una excolonia portuguesa, Ginea-Bisáu (Dayot Upamecano), y una belga, la República Democrática del Congo (Jean-Philippe Mateta).

Désiré Doué representa a Francia y su hermano Guéla jugó el Mundial para Costa de Marfil. Foto: Nick Wass / AP.

Estas elecciones, personalísimas, han llevado a que integrantes de una misma familia vistan uniformes distintos. Guéla Doué, lateral derecho del Racing de Estrasburgo y hermano mayor de Désiré Doué, participó en esta Copa del Mundo con el seleccionado de Costa de Marfil (fue titular ante Ecuador, Curazao y Noruega, e ingresó en el segundo tiempo ante Alemania). Y Malcolm Barcola, hermano mayor de Bradley Barcola, ya custodió 28 veces el arco del seleccionado de Togo desde su debut en 2019.