Francia amaneció este lunes con una intensa resaca política por los disturbios del sábado y domingo. Más de 3.000 comercios fueron saqueados impunemente, edificios públicos, como el Ayuntamiento de Limoges fueron destruidos por las llamas y el ministro del Interior, Laurent Nuñez, tuvo que admitir lo evidente: perdieron el control de la situación. Pero la tensión, que ha dejado unos 2.400 detenidos, no ha terminado y los chalecos amarillos han convocado una nueva manifestación el próximo sábado que obliga a cambiar la estrategia y extremar las medidas.







