“¡Mirá cómo corre ese pibito, con la espalda encorvada!”. “No sé por qué juegan a la pelota mirando el piso”. “Hay chicos que les cuesta coordinar el movimiento, corren como si tuvieran las piernas rígidas, se les complica flexionar las rodillas”.
Los comentarios se repiten y parten de la observación de un grupo de padres, que siguen las clases de fútbol en una escuelita del Abasto adonde van sus hijos. “Es así, tal cual, lo venimos advirtiendo, Hay un retroceso físico tremendo a partir de la inexperiencia motriz”, recoge el guante con preocupación Mario Bordón (60), profesor que tiene una experiencia de más de treinta años trabajando con niños y preadolescentes. “Estamos enseñando a hacer ejercicios que chicos de ocho, nueve o diez años ya tendrían que tener superado”, explica.
Bordón cree que hay un conjunto de factores que confluyen en esta ruidosa actualidad: “Los chicos se mueven mal, de manera aparatosa porque se sienten inseguros físicamente. ¿Por qué? Porque juegan menos, corren menos, se trepan menos. Hoy en el colegio no podés correr en el recreo, los padres tienen temores y condicionan que los chicos hagan determinada actividad. Antes era un castigo quedarse en casa, hoy los nenes están felices porque tienen el estímulo digital que los llena de dopamina”.
Estas llamativas conductas físicas de los chicos, que se vienen dando con mayor asiduidad, llevó a Clarín a ir más a fondo y recurrir a especialistas. Para Sergio Snieg, miembro del Comité Nacional de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), “hay un concepto que está en boga y que se trata de analfabetos motrices”,
El profesional se explaya: “Esta relacionado con el incremento del 50 por ciento del tiempo del uso de pantallas durante la pandemia que, cuando terminó, no retrocedió a la situación anterior, todo lo contrario. Y entre los usuarios de las pantallas, obviamente están los chicos: hay una etapa que va entre los 7 y los 12 años que se llama la edad de oro del aprendizaje motor, que es cuando el cuerpo empieza a mapear qué cosas tiene que hacer el cerebro para realizar determinados movimientos”,
Esa franja etaria “coincide con la etapa en la que se corre en el recreo, en la plaza, se juega a la pelota, se trepa un árbol o se salta la cuerda. Todos esos chicos durante casi dos años reemplazaron el juego y la actividad en movimiento por una tablet. De esta manera, el cerebro no sabe cómo disociar el movimiento: ‘cuando corro, ¿Qué hago con el tren superior que tenía encorvado por estar tanto tiempo frente a una pantalla?’. Estas torpezas se pronunciaron, sin duda, con el encierro de la pandemia y el exceso de pantallas“.
Niños con sobrepeso: los riesgos del sedentarismo.Como integrante de la SAP, Snieg pone énfasis en la necesidad de “estar en movimiento, porque si no se entrena ni se aprende a usar piernas, brazos y tren superior, el cerebro no sabe y así surgen estas formas aparatosas o torpes como se está advirtiendo”.
“Se llama pérdida de la noción de la propiocepción, que es la alteración en la capacidad del cerebro para percibir la posición, el movimiento, la fuerza y el equilibrio de las partes del cuerpo sin usar la vista. Provoca torpeza, inestabilidad, dependencia visual para moverse y riesgo de nuevas lesiones”, detalla.
No oculta cierta preocupación Snieg, quien atribuye parte de las responsabilidad a los adultos, “que son quienes deben educar a sus hijos con firmeza en ese aspecto. Son los padres quienes muchas veces les dan a sus hijos celulares que ejercen de niñeras y lo que hacen estos aparatos es anestesiar al menor para que esté ocupado y no moleste. Lo único que se está haciendo con ese comportamiento es hipotecar el aprendizaje motriz del chico, formando nenes que se mueven como robots”.
Durante la pandemia el vínculo de los chicos con las pantallas se incrementó un 50 por ciento y post pandemia se mantuvo ese porcentaje.Snieg es partidario de que los chicos en edad formativa “deben hacer, por lo menos, una hora de movimiento por día” y subraya: “No es necesario que tomen alguna clase particular, pueden ir a una plaza, correr una pelota, jugar a la mancha, pero es saludable después de las horas en las que está en la escuela sentado que active el cuerpo, no que siga en estado de quietud. Esto debería ser considerado un tema de salud pública, ya que estos chicos cuando sean adultos, probablemente, padezcan caídas y fracturas porque se les agudizará el manejo del cuerpo”.
Es cada vez más frecuente ver a niños de diez años con cuerpos de oficinistas. ¿De qué sirve tener toda la información en la pantalla usando un dedito, si no se es capaz de flexionar una rodilla para amortiguar una caída cuando saltan? El cuerpo necesita equivocarse motrizmente para aprender a coordinar, pero si no se le da la oportunidad de fallar, de cometer errores, porque los chicos están ocupados en otras cuestiones que son dañinas, nunca sabrá cómo ni de qué manera correr”.
“Emergencia pediátrica silenciosa”
“El tiempo que los chicos pasan con un celular o una tablet cuadriplica al tiempo empleado para realizar actividades. ¿Qué ocasiona esto? Que se hayan perdido las habilidades básicas fundamentales. Esto es a nivel global, no sólo en Argentina. Además, se ha perdido, lamentablemente, la libertad de jugar y hoy toda actividad es medida y controlada por los mayores. Los chicos sí saben jugar pero ignoran lo que es gestionarse. El juego libre es el juego espontáneo que nosotros hacíamos en la calle. Eso se perdió”, dice Mariano Ferro, director del Instituto Superior de Educación Física del Club Atlético Quilmes y Especialista en Fisiología del Ejercicio.
Marplatense, Mariano Ferro publicó el libro “Analfabetos motrices”, en el que explica por qué los chicos hoy no sienten motivación para moverse.Este marplatense traza un pronóstico alarmante sobre la generación nacida entre 2010 y 2013: “Estamos criando a la primera generación de la humanidad que será menos saludable e inteligente que sus padres”.
Autor del libro “Analfabetos motrices”, publicado en España en 2025 y en febrero último en Argentina, Ferro ahonda el concepto: “Son chicos que normalizaron criarse en un contexto de encierro y sobreexposición a las pantallas. Se dice mucho que eso repercutirá en inconvenientes sociales, pero lo que subyace es que el sedentarismo de esta generación de niños nunca se vivió en la historia de la humanidad y vaya si repercutirá. ¿Cómo? Dentro de veinte años esta generación puede colapsar el sistema de salud porque hoy presentan enfermedades como obesidad e hipertensión que antes sólo estaban vinculadas a los adultos”.
Ferro enfatiza que los recurrentes movimientos torpes y acartonados “son debido a la poca alfabetización motriz. No tienen motivación para moverse, debido a que el cerebro está hackeado por el scrolleo en el smartphone, que produce un efecto dopaminérgico que causa más bienestar que jugar al fútbol, al básquet o andar en bicicleta. Desde el punto de vista pediátrico es una tragedia y yo todo lo que digo está documentado y hablo desde el campo de mi conocimiento, que es el movimiento”.
Al especialista le preocupa la desaparición de la creatividad intelectual y motriz. “Todas las acciones son limitadas y domesticadas: van a la escuela o al club y todo el ejercicio que realizan está custodiado, medido por un adulto que les dice qué hacer y cómo hacerlo. A los chicos se les murió la capacidad de autogestionar su propia recreación”, dice.
El lado positivo
“Los movimientos torpes se pueden mejorar. A los siete, ocho o nueve años el cuerpo se está desarrollando y esa torpeza del andar, de la manera de correr o saltar es una torpeza natural, propia de la edad. Yo apuesto por la alfabetización motora, prefiero ir por el lado positivo, pero es una realidad que estamos viviendo una pandemia de sedentarismo infantojuvenil”, define Mario Mouche, uno de los especialistas en Alto Rendimiento más reconocidos a nivel mundial.
“Lo preocupante es que el sedentarismo produce obesidad y enfermedades metabólicas que, a la larga, podrían derivar en diabetes, por eso es clave el desarrollo de las habilidades motoras básicas, que mejoran las condiciones de movimiento de los chicos en formación, algo que en las escuelas y en los clubes están subvaloradas. ¿Por qué? Es una explicación compleja, pero es multifactorial, abarca el tipo de las instalaciones, la cantidad de chicos, la falta de tiempo”, sostiene.
“Estamos viviendo una pandemia de sedentarismo infantojuvenil”, afirma el Mario Mouche, preparador físico de la Generación Dorada de básquet.Director de la Diplomatura de Deporte y Neurociencia de la Fundación Favaloro, Mouche señala a los padres: “Esa descoordinación en los movimientos de los chicos también es por los condicionamientos y los temores de los padres. Si un adulto sufrió una fractura jugando al fútbol, es posible que no quiera que su hijo juegue y lo deja en casa, ‘seguro’ con la play hasta las doce de la noche. Y eso se multiplica. Lo que hay que entender y tener conciencia es que el movimiento es salud, es vida. A partir de este concepto es desde donde hay que avanzar”.
En sus charlas y conferencias, Mouche grafica con “un blister de movimiento” la receta ideal para los chicos que están en formación. “En vez de remedios, esas píldoras de movimiento garantizan el crecimiento y el desarrollo. ¿Qué tipo de movimiento? Todo vale: plaza, patines, natación, fútbol, gimnasia o simplemente correr. (Hace una pausa y piensa). Seguramente las computadoras desarrollan habilidades cognitivas, pero también provocan otras cuestiones atendibles como la soledad y el aislamiento”, describe.
Positivo a rajatabla, Mouche -fue preparador físico de la Generación Dorada de básquet-, entiende que es mejor insistir y repetir, que señalar una vez y dejarlo pasar: “Por favor lleven a sus hijos a que se hagan amigos del movimiento, a que se sociabilicen con la acción del cuerpo. Parte de la identidad con la que crecen y se forman los menores tiene que ver con la imagen corporal. Estemos atentos”, remarca a modo de llamado de atención.
Comenta Mouche que no es grave “la torpeza en el movimiento… Es normal y el chico irá mejorando si sigue en actividad, lo que me urge es aquel que elige la quietud, la comodidad del sillón y es proclive a la smartphonia. Hoy con un dedo ves la vida pasar en una pantalla… Es esencial el rol de los padres para poner límites: los chicos van a la escuela entre cuatro y seis horas, donde están mayormente sentados; estudian en casa otro par de horas, luego están con la computadora o el teléfono… quietos. ¿En qué momento se mueven? Hay un montón de células y neuronas en actividad sin gasto energético”.







